Cuando hablamos de las familias eternas, solemos pensar en los sellamientos en el templo y en los hijos que nacen dentro del convenio. Pero ¿qué sucede cuando hay una infidelidad en un matrimonio y, como resultado, nace un hijo? ¿Ese niño también nace dentro del convenio o necesita una ordenanza de sellamiento diferente?

Esas son preguntas delicadas. Sin embargo, la respuesta de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días quizá sorprenda a algunas personas.

Para comprenderla, es necesario distinguir dos cosas que no siempre significan lo mismo: quiénes son los padres biológicos de un niño y qué establece la Iglesia sobre su condición de nacido en el convenio. Aquí te compartimos una explicación.

¿Qué significa nacer en el convenio?

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Familia frente al templo de San Diego, California. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Según las enseñanzas de la Iglesia de Jesucristo, los hijos que nacen después de que su madre ha sido sellada a un esposo en el templo son considerados nacidos en el convenio de ese sellamiento.

Esto significa que no necesitan recibir una ordenanza adicional para ser sellados a sus padres. La sección 38.4.2.1 del “Manual General” lo explica de la siguiente manera:

“Los hijos que nacen después de que su madre se haya sellado a un esposo en el templo nacen en el convenio de ese sellamiento; no es necesario que reciban la ordenanza del sellamiento a los padres”.

Esta enseñanza forma parte de la creencia de los Santos de los Últimos Días de que las relaciones familiares pueden continuar después de la muerte mediante las ordenanzas del templo y la fidelidad a los convenios con Dios.

Pero la pregunta se vuelve más compleja cuando un niño nace de una relación fuera del matrimonio y su madre ya estaba sellada a otro hombre. ¿Se aplica la misma norma?

¿Qué ocurre si el hijo fue concebido por adulterio?

Imagen: iStock

El Manual General también contempla esa situación y en la misma sección establece que:

“En ocasiones, una mujer que ha sido sellada a un hombre más tarde tiene hijos con otro hombre. Cuando eso ocurre, esos hijos nacen en el convenio del sellamiento más reciente de la mujer”.

Las únicas dos excepciones a esa norma son: que el niño nazca después de que ese sellamiento haya sido cancelado o después de que haya sido retirado debido a una renuncia o al retiro de la condición de miembro de la Iglesia.

Por lo tanto, si una mujer está sellada a su esposo y tiene un hijo como resultado de una relación adúltera, ese niño puede ser considerado nacido en el convenio del sellamiento vigente de su madre. El hecho de que su padre biológico sea otro hombre no cambia automáticamente esa condición.

En ese caso, el niño tampoco necesitaría una ordenanza de sellamiento adicional simplemente por haber sido concebido fuera del matrimonio.

Cabe resaltar que esta norma se refiere a la condición del niño dentro del convenio. No determina cómo deben resolverse las responsabilidades familiares, legales o personales de los adultos involucrados.

El niño no es responsable de las decisiones de sus padres

Día madre
Imagen: Canva

Hay un principio del evangelio que resulta especialmente importante al abordar esta situación: ninguna persona debe ser considerada culpable por los pecados que otra haya cometido. El segundo Artículo de Fe declara:

“Creemos que los hombres serán castigados por sus propios pecados, y no por la transgresión de Adán”.

Esta declaración nos recuerda que cada persona responde por sus propias decisiones. Un niño no elige las circunstancias en las que es concebido. Por eso, no sería correcto considerarlo menos digno de amor, menos valioso ante Dios o responsable de una infidelidad que no cometió.

El Salvador mismo enseñó la importancia de recibir y valorar a los niños. En Marcos 10:14 declaró:

“Dejad a los niños venir a mí y no se lo impidáis, porque de los tales es el reino de Dios”.

Estas palabras ayudan a recordar que, antes que cualquier circunstancia familiar, estamos hablando de un hijo de Dios que merece protección, cuidado y amor. El valor espiritual de un niño no depende de cómo comenzó su vida ni de las decisiones que tomaron sus padres.

¿Significa esto que el adulterio no tiene consecuencias?

La infidelidad puede generar consecuencias emocionales y espirituales fuertes que requieren tiempo subsanar. Imagen: masfe.org

No. Que un niño pueda nacer en el convenio no significa que la Iglesia apruebe el adulterio ni que este deje de ser una transgresión grave. La ley de castidad enseña que las relaciones sexuales deben reservarse para el matrimonio entre un hombre y una mujer legítimamente casados.

La infidelidad puede causar un profundo sufrimiento, afectar la confianza entre los cónyuges y generar consecuencias que requieren tiempo, responsabilidad y, en algunos casos, ayuda especializada para afrontar.

Sin embargo, es importante no confundir las consecuencias de las decisiones de los adultos con las bendiciones que corresponden al niño.

Los asuntos relacionados con el arrepentimiento, la condición de miembro de la Iglesia y las posibles restricciones de membresía se consideran por separado, de acuerdo con las circunstancias particulares.

La misericordia de Dios no elimina la necesidad de arrepentirse, pero tampoco significa que un niño deba cargar con la culpa de sus padres.

Las bendiciones de Dios no dependen de las circunstancias de nuestro nacimiento

madre primeriza
Imagen: iStock

La respuesta a la pregunta inicial es clara: un hijo concebido por adulterio puede nacer en el convenio si su madre tiene un sellamiento vigente y no se presentan las excepciones indicadas.

En ese caso, no necesita una ordenanza de sellamiento adicional por el solo hecho de que su padre biológico sea otro hombre. Pero más allá de la norma, esta enseñanza nos invita a recordar que las circunstancias de nuestro nacimiento no determinan nuestro valor ante Dios.

El propósito de los convenios y las ordenanzas del templo es acercarnos a Jesucristo y abrir el camino hacia las bendiciones eternas que Él hace posibles. Por eso, ningún niño debería crecer sintiendo que su llegada al mundo fue un error que lo hace menos merecedor de las bendiciones de Dios.

Su vida tiene valor, es amado por el Padre Celestial y merece todas las oportunidades de acercarse a Él mediante Jesucristo.

Fuente: AskGramps

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