Para muchas personas dentro de la Iglesia, una de las dudas más comunes cuando están luchando con un hábito, una adicción o un pecado recurrente es esta:

“Si recaí otra vez, ¿tengo que volver a hablar con el obispo?”

La respuesta tiene más que ver con cómo entendemos el arrepentimiento que con una lista exacta de reglas.

Porque a veces vemos el arrepentimiento como si fuera un sistema de reportes espirituales parecido a caer, confesar, volver a caer, volver a confesar. Y terminamos sintiendo que nuestra relación con Dios gira únicamente alrededor del fracaso.

Pero el arrepentimiento en el Evangelio funciona diferente.

Arrepentirse no es sólo admitir

Imagen: masfe.org

Muchas veces asociamos el arrepentimiento únicamente con culpa o disciplina, cuando en realidad las escrituras enseñan que arrepentirse significa volver el corazón hacia Dios.

Sí, implica reconocer el pecado, cambiar y abandonar hábitos, pero también implica seguir intentando aun cuando el proceso no es perfecto.

El arrepentimiento raramente ocurre de forma instantánea especialmente cuando hay hábitos muy arraigados o luchas emocionales profundas. 

Eso no significa que Dios se haya cansado de las personas que desean arrepentirse nuevamente.

Cuál es realmente el rol del obispo

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Algo importante que muchos olvidan es que el obispo no reemplaza a Jesucristo.

El obispo no “decide” quién merece perdón y quién no. Su función es ayudar espiritualmente, guiar y apoyar el proceso de arrepentimiento cuando se necesita ayuda adicional del sacerdocio.

El Manual General de la Iglesia enseña que algunas transgresiones sí requieren confesión al obispo, especialmente cuando involucran pecados serios relacionados con la ley de castidad, abuso, deshonestidad grave, apostasía u otras situaciones que afectan profundamente la dignidad espiritual.

Pero incluso fuera de esos casos, muchas personas buscan ayuda porque sienten que ya no pueden salir solas de ciertos patrones. 

Y ahí el obispo puede convertirse en alguien importante dentro del proceso de sanación.

Recaer no es empezar de cero

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Algo que puede destruir emocionalmente a una persona es pensar:

“Todo el progreso que hice ya no vale nada porque recaí.”

Pero el crecimiento espiritual no funciona tan matemáticamente. Si una persona está luchando sinceramente, acercándose a Dios, intentando cambiar y aprendiendo a levantarse, todavía está avanzando, aunque el progreso sea lento.

A veces creemos que el Señor solo valora los resultados perfectos, cuando en realidad muchas veces también está viendo el esfuerzo, la honestidad y el deseo real de cambiar.

Eso no significa justificar el pecado, sino entender que la recuperación espiritual suele ser un proceso más largo de lo que imaginamos.

Entonces, ¿debo hablar otra vez con el obispo?

obispo
Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Depende de la situación.

No necesariamente tienes que reunirte con el obispo después de cada recaída individual si ya estás trabajando seriamente en arrepentirte y no hay nuevos factores graves involucrados.

Sí es importante buscar ayuda cuando:

  • La conducta se vuelve repetitiva o compulsiva.
  • Sientes que ya no puedes manejarlo solo.
  • La recaída está afectando tu espiritualidad o dignidad.
  • Has dejado de luchar realmente contra el pecado.
  • El problema sigue creciendo en secreto.

La diferencia entre alguien que sana y alguien que se hunde más está en pedir ayuda antes de rendirse completamente.

Dios no esperaba que el proceso fuera perfecto

amor de Dios
Imagen: Canva

Una de las mentiras más comunes que siente alguien que recae es:

“Ya decepcioné demasiado a Dios.”

Jesucristo precisamente vino para ayudar a personas que tropiezan, luchan y necesitan volver a levantarse una y otra vez. 

Proverbios 24:16 dice:

“Porque siete veces cae el justo y vuelve a levantarse.”

La diferencia está en seguir regresando a Cristo aunque caigamos mil veces. Por eso, si alguien recae, la pregunta más importante no es:

“¿Fallé otra vez?”

Sino:

“¿Hacia dónde estoy decidiendo volver ahora?”

Mientras una persona siga volviendo sinceramente a Cristo, todavía hay esperanza, crecimiento y gracia disponible para ella.

Fuente: Leading Saints 

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