En medio de tantas conversaciones sobre identidad, bienestar y propósito, hay una idea que se ha vuelto casi automática. Pensar que lo que realmente somos está “dentro” y que el cuerpo es solo un medio, una herramienta o incluso una carga.

Suena lógico e incluso suena espiritual, pero el Evangelio restaurado propone algo más completo.

No somos un alma atrapada en un cuerpo, sino somos un alma compuesta por espíritu y cuerpo.

Cuando separar parece una buena idea

Aunque creas o te digan que extrañar te hace débil, bajo el Evangelio es una evidencia de amor. Imagen: Canva

En el día a día escuchamos frases como “mi cuerpo no me representa” o “yo soy más que mi apariencia”. Si bien, hay verdad en eso, nuestra identidad no se limita a lo externo.

Si esa idea logra avanzar un poco más de lo que notamos puede llevarnos a pensar que el cuerpo es secundario o incluso irrelevante en lo eterno.

Esa forma de ver la vida tiene atractivo y nos da una sensación de control. Nos protege del dolor físico. Nos ayuda a lidiar con inseguridades o enfermedades.

Pero también es importante entender que cuando empezamos a ver el cuerpo como algo separado de quienes somos, también empezamos a reducir el propósito de nuestra vida terrenal.

El Evangelio no enseña escape, enseña plenitud

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Desde una perspectiva cristiana restaurada, la historia no trata de escapar del cuerpo, sino que trata de redimirlo.

Las Escrituras son claras en este punto. Doctrina y Convenios enseña que el espíritu y el cuerpo son el alma del hombre (Doctrina y Convenios 88:15). No son dos cosas independientes, son una unidad.

Además, se nos recuerda que el espíritu y el elemento, inseparablemente unidos, reciben una plenitud de gozo (Doctrina y Convenios 93:33).

Esto cambia completamente la forma de ver la vida. El cuerpo no es un obstáculo para el progreso espiritual, es parte esencial de él.

Jesucristo mismo enseñó esto con Su vida. Vivió en un cuerpo, sufrió en un cuerpo y resucitó con un cuerpo glorificado. La Resurrección no es un detalle del Evangelio. Es el centro de la esperanza cristiana.

Una idea moderna que parece normal

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Hoy es fácil pensar en nosotros como “mente” separada del cuerpo. La tecnología, las redes sociales y hasta el lenguaje cotidiano refuerzan esa idea. Creamos versiones digitales de nosotros mismos.

Sin darnos cuenta, empezamos a vivir como si el cuerpo fuera opcional, pero Dios no nos dio un cuerpo por accidente, nos lo dio como parte de nuestro propósito eterno.

Puede hacer que veamos las ordenanzas como algo simbólico y externo, cuando en realidad involucran a toda la persona. El bautismo, la Santa Cena, la imposición de manos y las ordenanzas del templo son experiencias profundamente físicas y espirituales al mismo tiempo.

También puede llevarnos a dividir nuestra vida por ejemplo lo espiritual queda en la oración y las Escrituras y lo físico queda en lo cotidiano.

Seguir a Cristo implica ofrecer todo lo que somos, no solo una parte.

El cuerpo como parte del discipulado

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Cuando entendemos que el cuerpo es parte del alma, cambia nuestra perspectiva.

El cuidado personal deja de ser superficial y se vuelve responsable. La salud, el descanso, el servicio y hasta la forma en que tratamos a otros adquieren un significado más profundo.

Jesucristo no enseñó desde la distancia, tocó, sanó, caminó con las personas, su ministerio fue completamente encarnado.

El amor cristiano se vive con acciones reales, en un mundo real, con cuerpos reales.

Una visión más completa del plan de Dios

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El plan de salvación no apunta a que dejemos de ser quienes somos, sino a que lleguemos a ser completos. Se trata de que el cuerpo y el espíritu sean santificados juntos.

La exaltación es vivir en plenitud, como seres completos, en la presencia de Dios.

El evangelio nos recuerda que nuestra identidad no está fragmentada. Que nuestra vida no está dividida y que nuestro destino no es parcial.

Somos hijos de Dios, creados para una plenitud de gozo que incluye todo lo que somos, lo cual incluye el cuerpo. En el plan de Dios, nada esencial queda fuera.

Fuente: Public Square Magazine 

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