¿Quiénes éramos antes de llegar a la Tierra?
Para los Santos de los Últimos Días, esta pregunta cambia por completo la forma de entender la vida. El Evangelio restaurado enseña que nuestra historia no comenzó el día en que nacimos y tampoco terminará con la muerte.
En realidad, la vida mortal es solo una parte de un plan mucho más grande que Dios preparó para Sus hijos.
Comprender la diferencia entre la vida premortal y la vida terrenal nos ayuda a entender nuestra identidad, el propósito de las pruebas y la razón por la que Jesucristo ocupa el centro del Plan de Salvación.
Vivimos con Dios antes de venir a la Tierra

Antes de nacer, cada uno de nosotros existía como hijo o hija espiritual de Dios. No éramos una idea ni una posibilidad futura. Éramos seres reales con identidad, personalidad y potencial divino.
Las escrituras enseñan que Dios nos conocía antes de nuestra vida terrenal. El profeta Jeremías escuchó al Señor decir:
“Antes que te formase en el vientre te conocí” – Jeremías 1:5.
Para los Santos de los Últimos Días, esta declaración refleja una verdad profunda. Vivimos en la presencia de nuestro Padre Celestial mucho antes de recibir un cuerpo físico.
Durante esa etapa aprendimos de Él, crecimos espiritualmente y nos preparamos para la siguiente parte de nuestra existencia.
El momento en que elegimos seguir el plan de Dios

Una de las enseñanzas más significativas del Evangelio restaurado es que participamos en el Gran Concilio de los Cielos.
Allí, nuestro Padre Celestial presentó un plan que nos permitiría progresar. Ese plan incluía venir a la Tierra, recibir un cuerpo físico, enfrentar pruebas y aprender a escoger entre el bien y el mal.
También requería un Salvador. Mientras Lucifer propuso un camino que eliminaba el albedrío, Jesucristo se ofreció voluntariamente para cumplir la voluntad del Padre y redimir a la humanidad.
Desde el principio, el plan de Dios estuvo centrado en Jesucristo y en la libertad de elegir.
Quienes vivimos hoy en la Tierra aceptamos ese plan y decidimos seguir a Cristo.
¿Qué cambia cuando llegamos a la vida mortal?

La mortalidad es muy diferente a la existencia premortal.
Si antes vivíamos en la presencia de Dios, ahora caminamos por fe. Si antes recordábamos quiénes éramos y de dónde veníamos, ahora existe un velo que oculta esos recuerdos. Si antes éramos espíritus, ahora contamos con un cuerpo físico.
Pero estas diferencias tienen un propósito.
La vida terrenal es el escenario donde podemos crecer de maneras que no eran posibles antes. Aquí desarrollamos fe, aprendemos mediante experiencias reales, enfrentamos oposición y tomamos decisiones que moldean nuestro carácter eterno.
Por eso el Libro de Mormón enseña que “los hombres existen para que tengan gozo” (2 Nefi 2:25). La mortalidad no fue diseñada para ser perfecta. Fue diseñada para ayudarnos a progresar.
Una prueba que nos permite llegar a ser más como Dios
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Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días A veces las pruebas pueden hacernos preguntar por qué la vida es tan difícil.
La doctrina de la premortalidad ofrece una perspectiva diferente. Enseña que nuestra estancia en la Tierra forma parte de un plan que aceptamos antes de venir.
Las dificultades no significan que Dios nos haya abandonado. Forman parte de un proceso que nos ayuda a desarrollar atributos divinos.
El presidente Dallin H. Oaks ha enseñado que la vida mortal es una etapa de transición entre la existencia premortal y la vida futura.
Cuando entendemos esas tres etapas juntas, muchas preguntas adquieren una perspectiva más amplia.
Jesucristo es el puente entre ambas etapas

«Families», by Caitlin Connolly Aunque la vida premortal y la vida mortal son diferentes, ambas están conectadas por una misma realidad. Todo el plan gira alrededor de Jesucristo.
Antes de venir a la Tierra sabíamos que necesitaríamos un Redentor. Durante la mortalidad dependemos de Su expiación para arrepentirnos, recibir fortaleza y regresar a la presencia de Dios.
Sin Jesucristo, la mortalidad sería un camino sin salida. Con Él, nuestras debilidades pueden transformarse, nuestros errores pueden ser perdonados y nuestras pruebas pueden tener propósito.
Una historia que comenzó antes de nuestro nacimiento

Imagen: Midjourney La vida premortal fue el tiempo de preparación. La vida terrenal es el tiempo de aprendizaje y crecimiento.
Ambas forman parte de una misma historia escrita por un Padre Celestial que conoce a Sus hijos y desea que regresen a Su presencia.
Saber que vivimos con Dios antes de nacer cambia la manera en que vemos nuestra identidad. Saber que Jesucristo nos acompaña durante la mortalidad cambia la manera en que enfrentamos nuestras pruebas.
Y recordar ambas verdades nos ayuda a entender que nuestra historia es mucho más grande que los años que pasamos aquí en la Tierra.
Fuente: maisfe.org
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