Hace algún tiempo, mientras servía como misionero para la Iglesia de Jesucristo, alguien me hizo una pregunta que quizá muchos nos hemos planteado alguna vez: si Dios creó la Tierra y todo lo que hay en ella, ¿por qué existen cosas que pueden hacernos daño?
Después de todo, vivimos en un mundo donde existen sustancias alucinógenas, drogas altamente adictivas, virus, enfermedades y muchas otras cosas que pueden afectar seriamente nuestra vida. Entonces, ¿por qué un Padre Celestial crearía un mundo donde existen cosas capaces de destruirnos, afectarnos o incluso alejarnos de Él?
Durante mucho tiempo pensé que la respuesta era porque simplemente «así es como funciona el mundo». Y aunque eso es cierto, con el tiempo comprendí que la respuesta real es mucho más profunda.
Dios no creó un mundo para protegernos de todo

Muchas veces imaginamos que si nosotros hubiéramos diseñado la Tierra, habríamos eliminado cualquier cosa peligrosa. No habría enfermedades, no existirían sustancias dañinas, nadie podría tomar malas decisiones y todo sería seguro.
Sin embargo, si lo pensamos bien, ese «mundo ideal» era el plan que Satanás tenía en mente para quitarnos nuestro progreso.
Con el tiempo aprendí que la mortalidad nunca fue diseñada para ser una etapa donde Dios eliminara cada riesgo para nosotros. Sino para ser una clase de escuela donde pudieramos aprender, equivocarnos y desarrollar la capacidad de escoger entre diferentes opciones.
Por esa razón, el Señor permitió que existiera un mundo gobernado por leyes reales y consecuencias reales. Vivimos en un lugar donde nuestras decisiones importan y donde nuestras acciones producen resultados verdaderos.
El profeta Lehi enseñó este principio cuando declaró:
«Porque es preciso que haya una oposición en todas las cosas».
Ese versículo muestra que sin oposición no existiría la posibilidad de elegir, y sin la posibilidad de elegir tampoco existiría el crecimiento.
El verdadero problema no son las cosas, sino cómo las usamos

Con frecuencia asumimos que todo lo que puede hacernos daño fue creado exclusivamente para hacernos daño. Pero, ¿en verdad es así?
Por ejemplo, pensemos en el fuego por un momento. Puede cocinar nuestros alimentos, mantenernos con vida durante el invierno extremo y proporcionar energía para millones de personas, pero también puede destruir hogares enteros.
Lo mismo ocurre con la electricidad. Gracias a ella disfrutamos de avances médicos, comunicación instantánea y comodidades que generaciones anteriores jamás imaginaron. Sin embargo, también puede causar la muerte por electrocución.
Incluso algo tan indispensable como el agua puede resultar peligrosa bajo determinadas circunstancias. Lo que esto nos enseña es que muchas veces el problema no está en la existencia de una cosa, sino en la forma en que se utiliza.
Algo parecido ocurre con muchas sustancias adictivas. Algunas tienen aplicaciones médicas legítimas cuando son utilizadas correctamente, pero pueden convertirse en una fuente de destrucción cuando se usan de manera contraria a las leyes de Dios.
Dios protege nuestro albedrío

Quizá la clave para entender la pregunta de este artículo se encuentra en nuestro albedrío. Antes de venir a la Tierra hubo una guerra en los cielos precisamente por este principio.
Satanás propuso un plan donde nadie correría riesgos y nadie podría fracasar. Parecía una «solución perfecta». Sin embargo, si ese hubiera sido el caso, hubiéramos perdido nuestra libertad para escoger.
Felizmente, el Padre Celestial rechazó esa propuesta porque sabía que no podemos convertirnos en algo más grande si no tenemos la posibilidad de elegir libremente.
El presidente Dallin H. Oaks enseñó:
«La oposición nos permite progresar hacia lo que nuestro Padre Celestial desea que lleguemos a ser».
Cuando entendemos esto, comenzamos a ver las cosas desde otra perspectiva. Dios no creó un mundo donde fuera imposible equivocarse porque eso también habría significado crear un mundo donde fuera imposible llegar a ser como Él.
Entonces, ¿por qué existen cosas dañinas?

Muchas personas se preguntan por qué Dios simplemente no eliminó del planeta todo aquello que pudiera generar adicción o sufrimiento. La respuesta parece ser que Su objetivo nunca fue eliminar todas las tentaciones ni todos los riesgos, sino enseñarnos a gobernarnos a nosotros mismos.
Por eso los Santos de los Últimos Días viven mandamientos como la Palabra de Sabiduría. En lugar de hacer desaparecer las sustancias perjudiciales, el Señor reveló principios que nos permiten reconocer qué cosas fortalecen nuestro cuerpo y cuáles no.
En Doctrina y Convenios 89:4, el Señor explica que esta revelación fue dada:
«Por motivo de las maldades y designios que existen y que existirán en el corazón de hombres conspiradores en los últimos días«.
Es interesante notar que Dios no prometió eliminar esos males del mundo, sino que lo que hizo fue advertirnos de su existencia y mostrarnos un camino mejor. Solo así podemos progresar en la vida.
Ese mismo patrón se repite en las Escrituras. Dios no elimina todas las dificultades, pero sí nos proporciona guía para enfrentarlas.
Dios no solo creó los desafíos sino también la solución

Cuando observamos el sufrimiento que existe en el mundo, es fácil preguntarnos por qué Dios permitió que aparecieran estas cosas. Pero quizá también deberíamos preguntarnos: ¿qué fue lo que creó para que podamos sanar?
- ¿Por qué nos dio el arrepentimiento?
- ¿Por qué restauró el evangelio?
- ¿Por qué nos dio profetas?
- ¿Por qué nos dio el Espíritu Santo?
- ¿Y por qué envió a Su Hijo Jesucristo?
El plan de salvación nos demuestra a un Padre Celestial que proporciona todo lo necesario para que Sus hijos puedan regresar a Él a pesar de los obstáculos.
Por eso, cuando preguntamos por qué Dios creó cosas que pueden hacernos daño, quizá la respuesta sea porque nuestro propósito aquí no era vivir en un mundo sin riesgos, sino aprender a escoger el bien en medio de ellos.
Y aunque existen cosas capaces de afectar nuestro cuerpo y nuestra mente, Dios también nos dio el albedrío para escoger a Jesucristo y la ayuda divina necesaria para seguirlo. Ese siempre ha sido el centro de Su plan.
