“Tenemos que hablar”.

Una joven de 22 años pasó varios minutos mirando la pantalla de su celular antes de enviarle ese mensaje a su novio. Llevaban dos años juntos y, aunque todavía lo amaba, había tomado una decisión que cambiaría su futuro.

La respuesta que necesitaba llegó mientras escuchaba un discurso del élder Jeffrey R. Holland durante la Conferencia General de abril de 2010.

Su historia, compartida de manera anónima, muestra cómo una respuesta a nuestras oraciones puede llegar en el momento menos esperado.

Una relación que parecía tenerlo todo

Imagen: Canva

Desde pequeña, esta joven había imaginado cómo sería su futuro: terminar sus estudios, casarse en el templo y formar una familia eterna.

Sin embargo, sus planes comenzaron a complicarse cuando conoció a Mark, un joven que no pertenecía a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Mark era amable, inteligente y respetaba sus creencias. Ambos compartían muchos objetivos y se sentían felices juntos, pero había algo que los diferenciaba: ella deseaba casarse en el templo y él no compartía esa misma meta.

Al principio, hablar sobre religión no parecía un problema. Mark escuchaba con atención cuando ella le contaba sobre su fe y sus deseos de formar una familia eterna.

pareja
Imagen: Midjurney

Pero, con el paso de los meses, comenzó a guardar silencio cada vez que mencionaba el templo. Un día, decidió preguntarle si estaría dispuesto a conversar con los misioneros. Mark sonrió y respondió amablemente que no.

Ella respetó su decisión, aunque aquella respuesta la dejó pensando en el futuro de su relación. Esa noche, mientras observaba las imágenes de templos que tenía en su habitación, comenzó a orar. Le habló al Padre Celestial sobre las cualidades de Mark y cuánto significaba para ella.

Sin embargo, sintió una respuesta que no esperaba:

“Mark es un buen hombre, pero no puede llevarte al templo”.

pareja dándose un beso
Imagen: Canva

Aun así, tenía miedo de terminar la relación. No quería lastimarlo ni perder a alguien que la había tratado con tanto cariño. Tiempo después, durante una cena, reunió el valor para hacerle una pregunta:

“¿Qué piensas realmente sobre mi sueño de casarme en el templo?”.

Mark bajó la mirada y respondió:

“No creo estar listo para tener esa conversación”.

Aquellas palabras confirmaron una preocupación que llevaba meses intentando ignorar.

La respuesta llegó en la Conferencia General

Imagen: Canva

En abril de 2010, la joven se preparó para escuchar la Conferencia General con una pregunta muy específica en mente: ¿qué debía hacer con su relación?

Durante la sesión del sábado escuchó varios mensajes sobre la fe y la confianza en Dios. Aunque encontró consuelo en ellos, todavía necesitaba tomar una decisión. Entonces, el élder Jeffrey R. Holland pronunció su discurso “No dar más lugar al enemigo de mi alma”.

Una de sus declaraciones llamó especialmente su atención:

“Si están desarrollando una relación inapropiada, córtenla”.

Ella sabía que su relación con Mark no era inapropiada en el sentido moral. Él era un buen hombre y siempre la había tratado con respeto. Sin embargo, interpretó aquellas palabras como una respuesta personal a sus oraciones.

intimidad sexual
Imagen: Getty Images

Comprendió que, aunque amaba a Mark, ambos tenían expectativas diferentes sobre el matrimonio y la familia. Al terminar la sesión, tomó su teléfono y le escribió para pedirle que conversaran.

Durante el encuentro, le explicó cuánto significaba para ella casarse en el templo y por qué sentía que no debían continuar juntos. Mark la escuchó y reconoció que, aunque había reflexionado sobre sus creencias, no compartía su deseo de formar una familia eterna.

Ese día decidieron terminar su relación.

La separación fue amistosa, pero eso no hizo que fuera menos dolorosa. Durante semanas, ella extrañó a Mark y tuvo que aprender a vivir con la decisión que había tomado. Con el tiempo, ambos continuaron con sus vidas y conservaron su amistad. Mark se casó y formó su propia familia.

Imagen: Canva

Tres años después de aquella Conferencia General, la joven se encontraba arrodillada ante el altar del Templo de Manila, en Filipinas. Allí fue sellada por esta vida y por toda la eternidad a un hombre que compartía su fe y su deseo de formar una familia eterna.

Al recordar lo sucedido, reconoció que, a sus 22 años, no podía imaginar cómo sería su futuro después de terminar aquella relación. Hoy considera que el Padre Celestial conocía sus preocupaciones y sabía cuánto le costaría tomar aquella decisión.

Por eso, recuerda con gratitud aquel discurso de la Conferencia General que, según su testimonio, le dio la respuesta y el valor que necesitaba para seguir adelante.

Fuente: Mais Fe

Video relacionado

También te puede interesar