En muchos sentidos, vivimos en un mundo obsesionado con la juventud. Más preocupante es la idea de que las personas mayores deben ser apartadas porque ya no tienen nada que aportar.

Estoy de acuerdo con la escritora Susan Moon en su libro, “This Is Getting Old: Zen Thoughts on Aging with Humor and Dignity” (Esto es envejecer: Ideas zen para envejecer con humor y dignidad):

“Me molesta cuando las personas dicen, ‘incluso si eres anciano, ¡puedes ser joven en el corazón!’ En esa frase bienintencionada se oculta un supuesto cultural profundo de que ser anciano es malo y ser joven es bueno. ¿Qué hay de malo en ser anciano en el corazón? Me gustaría saber. ¿No te gustaría ser amado por personas cuyos corazones han practicado amar durante mucho tiempo?”

Asimismo, considera la declaración de Eleanor Roosevelt, “Los jóvenes hermosos son accidentes de la naturaleza. Pero, los ancianos hermosos son obras de arte”. ¿Qué podría haber querido decir Roosevelt? Para ilustrarlo, déjame describir el último Día de la Madre cuando mi esposo y yo nos reunimos con mi hijo, su prometida, Hailey, sus padres, su hermano y su cuñada para cenar.

La madre de Kristine Frederickson, Estelle, en el centro, sentada en el sofá, junto con los abuelos de Hailey, Jay, a la derecha, Audrey, de pie, y Enid.

También estaba mi madre, Estelle, y los abuelos de Hailey, Audrey, Enid y Jay. Sus edades combinadas equivalen a unos 360 años de vida en la tierra. ¡Eso es un montón de experiencia y aprendizaje de vida! No solo son “obras”, sino “obras maestras”. Así de agradable como fue sentarse con todos y conversar, fue especialmente agradable y edificante escuchar los comentarios de los cuatro “abuelos”.

Si bien no intento decir que la edad siempre aporte sabiduría, los cuatro abuelos encajan con la descripción de Martin Filler, “cada uno (es) un sabio venerado que nos muestra la profundidad de la percepción que se puede alcanzar solo a través de una vida de experiencias conseguidas con esfuerzo”.

Recolecté sabiduría con alegría a medida que Jay compartía la poesía conmovedora de otros y su propia obra, mientras hablaban de sus años de juventud y su tiempo como misioneros.

Escuché historias de antepasados, servicio y sacrificios durante la Segunda Guerra Mundial, que ciertamente los calificaron como lo describió Tom Brokaw, “La Mejor Generación”. Aunque sus cuerpos son frágiles ahora, sus espíritus, sus ideas y su entendimiento de la experiencia mortal fueron profundos, reveladores y esclarecedores.

El estimado escritor fue Chinu Achebe expresó lo que esa reunión significó para mí, “Los ancianos no hablan por la dulzura de las palabras en su boca; hablan porque ven algo que tú no ves”.

Kristine Frederickson, a la derecha, con su madre, Estelle, y su hermana Lucy en el Templo de Provo.

Varios años después de que mi padre falleciera, cuando mi madre comenzó a caminar más lento, se preguntó en voz alta: “¿Qué bien estoy haciendo? ¿Por qué sigo aquí?” inmediatamente, me acerqué a mis cinco hermanos y sus hijos,  y les pedí a cada uno que registraran recuerdos personales de Estelle y su influencia en sus vidas.

Ese libro resultó ser un tesoro para mi madre y un testimonio para los ancianos justos, fieles, centrados y trabajadores. A pesar de que Estelle trabajó fuera de casa según fuera necesario, para sus hijos y nietos, siempre será la madre o abuela que nos cuidó, leyó, transportó en auto, cocinó, limpió, oró, sirvió, escuchó, amó y enseñó con palabras y hechos el Evangelio de Jesucristo, en el que se encuentra toda sabiduría.

A los 90 años, Audrey, Enid, Jay y Estelle, al igual que muchos ancianos entre nosotros, todavía tienen mucho que aportar. Algunos de los grandes intelectuales de este mundo lo saben:

  • El escritor Clarence Day dijo, “Los ancianos no deben estirarse la piel, sino que deben enseñarle al mundo a admirar las arrugas como los grabados de la experiencia y la línea de carácter firme”.
  • Carl Jung, psiquiatra y fundador de la psicología analítica, observó, “Un ser humano no llegaría a los 70 u 80 años si esta longevidad no tuviera ningún significado para la especie a la que pertenece. La tarde (y la noche) de la vida humana también debe tener un significado propio y no puede ser simplemente un apéndice lamentable para la mañana de la vida”.
  • El Reverendo Billy Graham reflexionó, “Las Escrituras están llenas de ejemplos de hombres y mujeres por medio de los cuales Dios obró tarde en la vida, a menudo con gran impacto. Hombres y mujeres que se rehusaron a usar la vejez como excusa para ignorar lo que Dios quería que hicieran”.

Es importante que respetemos a los ancianos entre nosotros como Dios manda, “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días ese alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da” (Véase Éxodo 20: 12).

Además, la medida de nuestra humanidad, nuestra declaración de ser civilizados e iluminados, depende del cuidado que les demos a los ancianos y enfermos. El ganador del Premio Nobel Pearl S. Buck advirtió:

“Nuestra sociedad debe hacer lo correcto y posible para que las personas mayores no teman a los jóvenes ni sean abandonados por ellos, ya que la prueba de una civilización es la forma en que se preocupa por sus miembros indefensos”.

Siempre que sea posible, hazte un favor y aprovecha la oportunidad de conversar, servir, pasar tiempo y escuchar a aquellos que han vivido mucho tiempo y han navegado por las alegrías y vicisitudes de la vida. Todavía tienen mucho que dar y hay mucho que podemos aprender de ellos.

Esta es una traducción del artículo que fue escrito originalmente por Kristine Frederickson y fue publicado en deseretnews.com con el título “Kristine Frederickson: Aging is beautiful”.