Keith y Chelsea Sasine hicieron historia al llevar a Mia, su cuarta hija, a recorrer 40 países antes de cumplir su primer año de vida. Más allá de la hazaña, este viaje fue una verdadera peregrinación de amor y testimonio espiritual.
Las carreteras de Europa, Norteamérica y el norte de África se convirtieron en el aula perfecta. Allí, sus hijos aprendieron a vivir el Evangelio en el día a día.
Todo cobró un sentido más profundo en Malta, el país número 40 de la pequeña. En un elevador, un turista inglés les preguntó si era el primer viaje de la bebé. Al saber la verdad, el hombre exclamó impactado que aquello debía ser un récord mundial.
Sin embargo, para los Sasine, el verdadero milagro no estuvo en las cifras. Lo importante fue ver cómo la mano de Dios guio cada uno de sus pasos entre marzo y noviembre de 2025.

Keith es cirujano oral del Ejército estadounidense en Alemania, y Chelsea es originaria de Colorado. Para ambos, viajar no es solo turismo, sino una forma de integrar el Evangelio en la vida de sus hijos.
Como miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, la pareja encontró en cada frontera una oportunidad. Pudieron enseñar a sus pequeños que el reino de Dios no tiene límites geográficos.
Asistir a las reuniones dominicales fue un pilar innegociable de la travesía. A pesar de los idiomas extraños y las largas distancias, la familia se esforzó por congregarse cada semana en las capillas locales.

Keith recuerda con emoción lo que sintieron al sentarse junto a miembros de la Iglesia de todas las latitudes. Escuchar sus historias de conversión hacía que el Espíritu testificara con la misma fuerza en cualquier rincón del mundo.
Inspirada por esta devoción, su hija Abby, de 9 años, se propuso una hermosa meta. Decidió compartir su testimonio cada domingo de ayuno, sin importar el país donde estuvieran.
Chelsea reflexiona que la Iglesia es tan verdadera en Montenegro como en Londres. Este viaje les demostró que, en un mundo lleno de divisiones, los seres humanos somos más parecidos de lo que creemos cuando nos une el amor del Padre Celestial.
Milagros y recuerdos en el camino

La profunda fe de la familia les ayudó a afrontar los inevitables contratiempos del camino. Con humor, ellos bautizaron estos momentos como «actividades de unificación familiar».
Uno de los testimonios más puros de la guía divina lo vivieron en Estambul, Turquía. Mientras viajaban en su camioneta, una de las llantas comenzó a fallar debido al intenso calor.
Al detenerse en una gasolinera, un hombre de la localidad se acercó de inmediato. Sin compartir el mismo idioma, este buen samaritano les sirvió de traductor y los acompañó a un taller mecánico.
Tras solucionar el problema por un costo mínimo, el hombre los invitó a su hogar. Allí compartieron una cena tradicional con su familia en el patio trasero. Para los Sasine, aquel hombre fue un ángel terrenal enviado para protegerlos.

En las Escrituras, una de las palabras que más se repite es «recordar». Keith contempla estos viajes precisamente como el pegamento espiritual que mantiene unida a su familia.
El hecho de que sus hijos mayores mencionen de la nada los almuerzos compartidos en Marruecos le confirma algo importante. Sabe que las lecciones de amor cristiano se han quedado grabadas en sus corazones.
A través de la educación en el hogar, Chelsea ha guiado el aprendizaje de sus hijos utilizando el mundo como libro de texto. Los niños aprendieron matemáticas al convertir divisas y respeto al abrazar culturas diferentes.

Sus padres se maravillan al ver la facilidad con la que hacen amigos en una playa o un parque. Aunque no hablen el mismo idioma, se comunican a través del lenguaje universal del amor y la empatía.
Incluso para la pequeña Mia, la experiencia tuvo un propósito sagrado. Keith utilizó su licencia de paternidad para forjar un lazo inquebrantable con ella, llevándola sujeta a su pecho para que viera el mundo desde su perspectiva.
Este año, la familia regresará a los Estados Unidos para establecerse en Colorado Springs. Aunque el ritmo de sus aventuras cambiará, su enfoque espiritual permanecerá intacto.
Ya sea acampando en las montañas o viajando en una casa rodante, los Sasine tienen claro su destino: mantener a su familia unida y centrada en Cristo. Su historia es una invitación a salir de la zona de confort y recordar que, en cada paso, el Señor camina a nuestro lado.
Fuente: Deseret News
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