A veces pensamos en el servicio como algo que requiere ciertas habilidades, energía constante o condiciones “ideales”, pero la verdad es que muchas veces eso no es lo indispensable para servir.

En la Iglesia de Jesucristo, hay miles de historias que muestran una realidad distinta con personas que, aun con discapacidades físicas, mentales o emocionales, no solo participan sino que transforman la manera en que entendemos el servicio.

Y es que en realidad luchar con una dificultad física no limita la capacidad para servir como Jesucristo y cuando las personas con estas discapacidades entienden esto, todo cambia.

Más allá de una discapacidad

Angela Packard, maestra suplente de la Primaria, sonríe con los niños de la Primaria después de la iglesia. Imagen proporcionada por Angela Packard

Hablar de discapacidad no es hablar solo de limitaciones sino de realidades distintas, procesos únicos y desafíos que muchas veces no se ven desde afuera pero también es hablar de dones y habilidades especiales y únicas.

Angela Packard, una Santo de los Últimos Días, lo vive cada día. Ella enfrenta condiciones como parálisis cerebral y una enfermedad autoinmune, pero eso no ha detenido su deseo de servir sino que más bien ha sido parte de su liderazgo en la Sociedad de Socorro y actualmente en la Primaria.

Cuando habla de su servicio en relación con su discapacidad, no lo hace desde la dificultad sino desde la gratitud:

“Es un don que me ha dado mi Padre Celestial”, expresó Angela refiriéndose a su amor por el servicio.

Ese cambio en su perspectiva nos recuerda que el Evangelio nunca ha enseñado que todos deben servir de la misma manera sino que todos tienen algo que aportar. El Señor lo expresó así:

«Antes bien, los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios».

Servir de formas distintas pero igual de poderosas

El élder Ashton Curtis, misionero de servicio en la Estaca Este de Tucson, Arizona, trabaja en el almacén local de los obispos. Imagen proporcionada por Helen Curtis

El servicio no siempre se ve como lo imaginamos y el élder Ashton Curtis es una muestra de eso. Él es un misionero de servicio con autismo cuya historia es muy interesante ya que durante años él no pudo comunicarse verbalmente.

Antes de convertirse en misionero, pasó algo especial con Ashton. Él comenzó a usar un tablero de letras y las primeras cosas que expresó fueron claras y conmovedoras: quería bautizarse y servir una misión.

Hoy está cumpliendo su deseo y sirve en la distribución de la Santa Cena, también ayuda en un banco de alimentos y apoya a otros a aprender a comunicarse.

Cuando habla de su experiencia con el servicio, Ashton lo resume con una frase que lo dice todo:

«La gente puede ver limitaciones en las personas autistas, pero yo me despido con orgullo de esas limitaciones».

Esa frase resume lo que Ashton entiende en cuanto a su situación física. No quiere decir que su autismo no exista sino que no lo define.

Los talentos son un medio de servicio

Dakotah Simmons y el élder Nathan Smith sirven en la Iglesia a pesar de sus limitaciones. Imágenes proporcionadas por Heather Morris y Cindy Smith

Hay quienes sirven con palabras, otros con acciones y algunos lo hacen ofreciendo sus talentos. Ese tipo de servicio toca corazones como Dakotah Simmons, por ejemplo, quien utiliza su talento artístico para bendecir a los miembros de su barrio.

Parte de su servicio incluye decorar espacios, crear mensajes visuales y, aunque no puede movilizarse con facilidad, también encuentra maneras de acompañar a otros en su servicio. Para ella, el servicio es sentirse parte de algo mayor.

Por otro lado, el élder Nathan Smith encontró en la música su forma de servir. A pesar de vivir con espina bífida, dirige actividades musicales, trabaja con niños y adultos mayores y crea momentos de alegría a su alrededor que no solo impactan a otros sino que también han inspirado a su propia familia a ver la vida de manera diferente.

Chase Ward inicia la transmisión de la reunión sacramental del Barrio Desert Wells en la Estaca Central Queen Creek de Arizona. Imagen proporcionada por Kim Ward

Otras personas como Chase Ward, experimentan el gozo de cambiar vidas ofreciendo sus habilidades para el fortalecimiento de los miembros de la Iglesia de Jesucristo. En su caso, él ayuda con la transmisión de las reuniones sacramentales para quienes no pueden asistir presencialmente.

Gracias al servicio de Chase, varias personas que llevaban tiempo alejadas de la fe han podido reconectarse con la Iglesia y han vuelto. Cuando notamos que nuestro servicio tiene ese impacto, todo cambia.

Lo que el servicio realmente nos enseña

Una discapacidad visual no es impedimento para servir en la Iglesia. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Todas estas historias tienen algo en común: la disposición de servir a pesar de las limitaciones. El ejemplo de cada una de estas personas nos recuerda que, a pesar de los desafíos, podemos decidir no quedarnos al margen porque ellos no lo hacen.

Esto también nos recuerda que el Señor se complace en nuestra perseverancia demostrada en nuestro esfuerzo por servir y ese esfuerzo no tiene por qué ser comparado con el de otros porque cada quien sirve desde el corazón.

Pero ahora, ¿por qué quedarnos simplemente admirando el ejemplo de los demás? Deja de ver tus propias «limitaciones» de cualquier tipo como un retraso y más bien contempla los dones únicos que puedes ofrecer.

Al final, el servicio es un atributo de Cristo que todos nosotros como Sus seguidores debemos esforzarnos por cultivar y ahora ya sabemos que el único límite para servir es el que nos ponemos. Puedes empezar haciéndote esta pregunta: ¿Qué puedes hacer desde hoy para servir mediante tus dones? Luego, déjale al Señor el resto.

Fuente: Church News

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