Esta es la historia de Greg, un joven que actualmente está en el Centro de Capacitación Misional, preparándose para servir una misión en Brasil.
Como muchos jóvenes antes que él, decidió dejar por un tiempo su hogar, sus estudios y la vida que conocía para dedicar los próximos dos años al servicio del Señor. A eso normalmente se le llama sacrificio.
Cuando se piensa en sacrificar algo, generalmente se piensa en renunciar a algo que se valora. Y, en el caso de un misionero, no es poca cosa: son meses lejos de la familia, los amigos, los estudios y la rutina conocida.
Sin embargo, el sacrificio en el Evangelio puede significar algo más.
No se trata solamente de renunciar

Cuando algo es quitado de nuestras manos, sentimos que hemos perdido algo. Pero cuando una persona decide entregar voluntariamente algo porque valora más al Señor que aquello a lo que está renunciando, el sacrificio adquiere un significado diferente.
Ya no se trata simplemente de perder tiempo, oportunidades o comodidades. Se trata de poner algo que se valora en las manos del Señor.
Bishop, padrastro de Greg, pudo verlo de cerca con la experiencia de él.
Cuando Bishop se casó con la madre de Greg, ella ya era una conversa adulta de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Greg tenía seis años y había crecido dentro de la Iglesia. Para él, el Evangelio siempre había sido parte de su vida.
Catorce años después, Greg decidió dejar su hogar y sus estudios universitarios para servir una misión en Carolina del Sur.
En ese momento, ninguno de ellos podía saber cuánto cambiaría su vida a partir de esa decisión.
Las experiencias difíciles también pueden fortalecer la fe

Greg describió alguna vez su misión como los mejores y los momentos más difíciles de su vida. Con el paso de los años, llegó a comprender que algunas de esas experiencias difíciles fueron precisamente las que más lo ayudaron a crecer.
Durante esos dos años tuvo que aprender cosas sobre sí mismo y sobre el Señor que probablemente nunca habría descubierto si todo hubiera sido sencillo. Su testimonio se fortaleció y las experiencias de su misión también influyeron en la manera en que posteriormente construyó su matrimonio y su familia.
Pero hubo algo que Greg jamás pudo haber imaginado cuando salió de casa: su servicio también terminaría cambiando la vida de su padrastro.
Bishop había estado posponiendo su decisión de bautizarse. Mientras Greg servía en su misión, comenzó a preguntarse con mayor seriedad qué creía y qué lugar quería que el evangelio tuviera en su vida.
Catorce años después de casarse con la madre de Greg, mientras su hijastro todavía estaba en su misión, Bishop fue bautizado.
Greg no había salido a Carolina del Sur pensando que algún día su servicio ayudaría a llevar a su padrastro a las aguas del bautismo. Tampoco había hecho un trato con el Señor esperando recibir algo a cambio.
Simplemente decidió servir, los frutos de un sacrificio no siempre son visibles cuando hacemos la ofrenda.
No siempre sabemos hasta dónde llegará una decisión

La experiencia de Greg también permite comprender lo que podría ocurrir con el joven que ahora se prepara para servir en Brasil.
Él sabe algunas de las cosas que está dejando atrás. Extrañará a su familia y enfrentará días difíciles, además de experiencias que probablemente serán muy diferentes de lo que imagina.
Pero todavía no puede saber en quién se convertirá después de esos dos años.
Tampoco puede saber a quién conocerá, qué personas serán bendecidas por su servicio o qué decisiones tomará gracias a las experiencias que tendrá.
Y esa es precisamente una de las partes importantes del sacrificio, no se hace una ofrenda al Señor porque se conozca exactamente qué se recibirá después.

Se sirve porque se confía en Él. Por supuesto, no todos los jóvenes pueden o deben servir una misión. Existen razones legítimas por las que una persona puede no hacerlo. El valor de la fe de alguien no depende de si sirve o no una misión.
La pregunta es mucho más amplia: ¿qué estamos dispuestos a poner en las manos del Señor porque lo amamos?
Puede ser nuestro tiempo, nuestros talentos, nuestras decisiones, nuestras comodidades o incluso una meta personal que decidimos ajustar para seguir al Señor.
El sacrificio comienza con una decisión

El futuro misionero tendrá días en los que probablemente se preguntará por qué decidió ir. Habrá personas que no quieran escucharlo y planes que no saldrán como esperaba.
En esos momentos, la emoción de haber tomado la decisión de servir probablemente ya no será suficiente.
Ahí entra la disciplina, el sacrificio puede comenzar en un momento de certeza, pero la fidelidad se demuestra durante los días en los que esa certeza debe sostenerse.
Algo parecido ocurre con los convenios. Una persona puede hacer un convenio en un momento especial y sentirse completamente decidida a cumplirlo. Pero después llega la vida cotidiana: las responsabilidades, los problemas, el cansancio y las decisiones pequeñas de cada día.
La verdadera fidelidad se demuestra al continuar viviendo de acuerdo con aquello que se decidió seguir, incluso cuando las circunstancias cambian.
Tal vez nunca veamos todo el impacto de nuestra fe

El joven que se prepara para Brasil tiene una hermana de 16 años y dos hermanos menores. Ellos también están observando su decisión de servir.
Tal vez algún día su ejemplo influya en las decisiones que ellos tomen. Tal vez no.
En Brasil conocerá personas que probablemente nunca vuelva a ver. Una conversación, una enseñanza o un acto de servicio podría tener un significado para alguien que él nunca llegue a conocer.
No hay una garantía de resultados específicos, porque el resultado no determina el valor de un sacrificio hecho con fe.
Si después del servicio llegan cosas buenas, no significa que el Señor esté pagando por lo que una persona hizo. Las bendiciones no son una recompensa que se pueda exigir a cambio del sacrificio.
El joven puede ver la vida que está dejando atrás, pero todavía no puede ver al hombre que regresará de Brasil. Tampoco puede saber hasta dónde llegará la influencia de su decisión.
El sacrificio nace del amor al Señor. El servicio nace de la confianza en Él. Y muchas veces, solo con el paso del tiempo podemos comenzar a ver qué creció a partir de aquello que decidimos poner en Sus manos.
Fuente: Meridian Magazine
