Nota del editor: La experiencia de este artículo fue compartida por Jeff Lindsay para Meridian Magazine.
Una llamada inesperada en medio de una tarde de viernes muy ocupada llevó a Jeff Lindsay a vivir una experiencia que, según cuenta, le recordó que algunas de las oportunidades de servicio que menos deseamos aceptar pueden terminar convirtiéndose en una cadena de bendiciones.
Jeff estaba trabajando para cumplir los plazos de dos proyectos importantes cuando recibió la llamada de una mujer a quien había conocido años atrás, cuando servía como obispo. Ella le explicó que su compañera de piso necesitaba deshacerse ese mismo día de una cama vieja y un sofá, pero no tenían cómo llevarlos al vertedero, así que pidió la ayuda de Jeff.
Aunque la solicitud llegó en un momento poco conveniente, Jeff sintió una tranquilidad inesperada y decidió ayudar. Tenía una camioneta y la flexibilidad necesaria para hacer el viaje, así que llamó a dos misioneros de habla suajili, los élderes Dixon y Ormond, quienes estaban apenas a unos minutos de su casa y aceptaron acompañarlo.
El problema era que el vertedero cerraba a las 3:30 de la tarde y se encontraba a unos 90 minutos de distancia. Aun así, emprendieron el camino.
Una ayuda que trajo más encuentros de los esperados

Cuando llegaron al lugar donde se encontraban los muebles, Jeff descubrió que la visita ya había traído una primera bendición: pudo reencontrarse con la mujer que lo había llamado y con su compañera de piso, además de saludar a otra conocida de muchos años que también vivía allí.
Mientras intentaban acomodar el sofá, que resultó ser mucho más grande de lo esperado, apareció una mujer africana para realizar una entrega. Ella y su familia habían conocido a los misioneros el año anterior y estuvieron dispuestos a recibirlos nuevamente, por lo que los élderes aprovecharon la oportunidad para intercambiar información de contacto.
Finalmente, lograron acomodar en la camioneta el sofá, el colchón, el somier y la estructura de la cama. Sin embargo, todavía quedaba un problema: el reloj marcaba las 3:17 y el vertedero estaba a 13 minutos de distancia.
Entonces Jeff junto con los misioneros oraron durante el trayecto y lograron avanzar evitando parte del tráfico. Cuando llegaron, las puertas todavía estaban abiertas, pero comenzaron a cerrarse automáticamente. Pero finalmente, después de un intento de manejo rápido, Jeff logró ingresar su vehículo al último minuto.
Un peligro que pudieron detectar a tiempo

Estando dentro del vertedero, ocurrió otro milagro. Mientras esperaban para descargar los muebles, uno de los misioneros, el élder Dixon, notó algo extraño en el vehículo que estaba delante de ellos: parecía salir humo de una de las luces traseras.
Jeff se acercó al conductor para avisarle. El hombre revisó la parte posterior del camión y descubrió que unas pequeñas astillas de madera habían entrado por una abertura en la cubierta de la luz y se habían acumulado alrededor de una bombilla incandescente que estaba muy caliente.
El problema podía haber provocado un incendio en cualquier momento.
El conductor agradeció que los misioneros y Jeff hubieran notado lo que estaba sucediendo, convirtiendo una visita al vertedero que ya parecía una carrera contra el reloj en otra oportunidad inesperada para ayudar a alguien.
La demora abrió otra puerta

La larga espera para pagar y descargar los residuos hizo que los misioneros llegaran tarde a la siguiente cita que tenían programada para las 4:00 de la tarde. En lugar de llevarlos de regreso hasta el automóvil de los élderes para que continuaran solos, Jeff decidió acompañarlos directamente.
Esa decisión lo llevó a participar en una conversación que terminó siendo muy significativa.
Los misioneros estaban enseñando a un hombre que planeaba bautizarse. La conversación con él se desarrolló entre el inglés y el suajili y contó también con la participación del presidente de estaca de Jeff, quien recientemente había sido relevado de su llamamiento.
El hombre se mostró agradecido por la visita y por la oportunidad de conocerlo. Para Jeff, sin embargo, la experiencia fue igualmente especial, pues se alegró de haber podido estar allí. Incluso él y su esposa se ofrecieron a llevar al hombre en automóvil a la Iglesia el domingo.
Pero la cadena de acontecimientos todavía tenía otro resultado. Antes de marcharse, la mujer que había solicitado originalmente la ayuda les dijo a los misioneros que sentía que realmente necesitaba regresar a la Iglesia y que intentaría hacerlo.
De esa forma, una simple solicitud para retirar un sofá y una cama terminó conectando a varias personas, creando una nueva oportunidad misional, evitando un posible incendio y ayudando a alguien que deseaba regresar a la Iglesia.
A veces la bendición está detrás de la invitación incómoda

Al mirar hacia atrás, Jeff reconoció que esta experiencia le hizo pensar en cuántas oportunidades de recibir o compartir bendiciones pueden perderse cuando una persona está demasiado ocupada para detenerse y ayudar.
“Un pequeño paso, cediendo a las invitaciones incómodas del Señor, puede conducir a bendiciones memorables”, reflexionó.
Para él, aquella tarde fue un recordatorio de que no todas las invitaciones a servir llegan en el momento ideal. Algunas interrumpen nuestros planes y nos exigen tiempo adicional. Sin embargo, detrás de una tarea tan sencilla como transportar un sofá puede haber una persona o una familia que está siendo preparada para venir a Cristo.
Por eso, al recordar aquella tarde, Jeff espera estar dispuesto a aceptar la próxima invitación, incluso cuando llegue en el momento menos conveniente.
Fuente: Meridian Magazine
