La defensa de la libertad religiosa forma parte de la historia de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Mucho antes de convertirse en una fe global, los primeros miembros experimentaron en carne propia lo que significa perder derechos fundamentales, ser expulsados de sus hogares y ser amenazados por adorar a Dios.
Paradójicamente, aquella experiencia avivó una convicción en los primeros santos: si la libertad religiosa debía existir, tenía que existir para todos, sin importar la religión, la tradición espiritual o incluso la ausencia de creencias.
Esa visión, nacida en medio de la adversidad, continúa definiendo la postura de la Iglesia de Jesucristo hasta nuestros días. Recordemos la historia que originó esta lucha por la libertad religiosa.
Los desafíos y persecuciones de los primeros Santos

Durante la década de 1830, los miembros de la Iglesia enfrentaron una intensa oposición en varios estados de Estados Unidos. El punto más crítico llegó en Misuri, donde miles de Santos de los Últimos Días fueron expulsados de sus comunidades bajo un ambiente de violencia que culminó con la conocida Orden de Exterminio emitida en 1838 por el gobernador Lilburn W. Boggs.
Mientras muchos miembros huían dejando atrás propiedades, granjas y pertenencias, el profeta José Smith permanecía encarcelado en la Cárcel de Liberty junto con otros líderes de la Iglesia.
Fue precisamente desde aquel lugar donde surgieron algunos de los principios más significativos relacionados con la libertad religiosa. En marzo de 1839, José Smith y sus compañeros insistieron en que sus perseguidores comprendieran que la protección de los derechos no podía depender de la afiliación religiosa.
Escribieron que:
«Tanto los mormones como los presbiterianos y los de cualquier otra clase tienen el mismo derecho a disfrutar del fruto de nuestra libertad nacional».
Aquellas palabras revelan que, aun siendo víctimas de persecución, los primeros líderes de la Iglesia no pedían un trato especial para los Santos de los Últimos Días, sino igualdad de derechos para todas las personas.
La pregunta que hicieron al Congreso de Estados Unidos

Ese mismo año, José Smith y otros líderes prepararon un memorial dirigido al Senado y a la Cámara de Representantes de Estados Unidos para denunciar los abusos sufridos en Misuri.
Ese documento describía múltiples ejemplos de la misma realidad dolorosa que estaban afrontando los Santos como la expulsión de sus hogares, la destrucción de sus propiedades, familias enteras que habían quedado desamparadas, víctimas de abuso y muerte, etc.
En medio de ese triste panorama, estos líderes formularon una pregunta fuerte y clara a las autoridades nacionales:
«Ante estas injusticias y sufrimientos, los mormones, como ciudadanos estadounidenses, preguntan: ¿Acaso no hay reparación?«
Los líderes de la Iglesia recordaron entonces que la Constitución estadounidense prometía a todos sus ciudadanos la protección de la vida, la libertad y la propiedad. Pero añadieron un principio aún más profundo:
«Promete a todos la libertad religiosa; el derecho de todos a adorar al Dios Todopoderoso… según los dictados de su conciencia«.
Aunque aquellas peticiones no produjeron una respuesta favorable por parte del Congreso, esa experiencia dejó una gran huella en la identidad de la Iglesia.
Nauvoo: una ciudad donde todas las religiones eran bienvenidas

Tras abandonar Misuri, los Santos de los Últimos Días fundaron una nueva comunidad en Illinois llamada Nauvoo en donde decidieron marcar una gran diferencia con respecto a la libertad religiosa.
En marzo de 1841, Nauvoo aprobó una ordenanza que garantizaba la igualdad de derechos para personas de distintas denominaciones religiosas. El documento donde se presentó esta orden declaraba:
«Los católicos, presbiterianos, metodistas, bautistas, Santos de los Últimos Días, cuáqueros, episcopalianos, universalistas, unitarios, musulmanes y todas las demás sectas y confesiones religiosas, cualesquiera que sean, gozarán de libre tolerancia e igualdad de privilegios en esta ciudad».
La inclusión explícita de los musulmanes resulta significativa si se considera el contexto histórico.
En una época en la que gran parte de Estados Unidos todavía veía la religión desde una perspectiva predominantemente cristiana, los Santos de los Últimos Días optaron por reconocer derechos para grupos religiosos muy diversos.
La frase: «Todas las demás sectas y confesiones religiosas, cualesquiera que sean», reflejaba una visión amplia para el siglo XIX.
Un principio que quedó plasmado en un Artículo de Fe

Probablemente la expresión más conocida de esta defensa por la libertad religiosa se encuentra en el undécimo Artículo de Fe de la Iglesia de Jesucristo, escrito por José Smith en 1842. Allí se afirma:
«Reclamamos el derecho de adorar a Dios Todopoderoso conforme a los dictados de nuestra propia conciencia, y concedemos a todos los hombres el mismo privilegio: que adoren cómo, dónde o lo que deseen».
Esa frase es extraordinaria por su amplitud ya que habla del derecho de cada persona a decidir cómo creer, dónde creer o incluso qué creer. José Smith creía que este derecho debe ser respetado ya sea que compartamos las mismas creencias o no.
De esta forma, para los Santos de los Últimos Días, la libertad religiosa no es simplemente una herramienta para proteger a su propia comunidad, sino que es un principio universal.
Una defensa que continúa hoy en día

Ese mismo anhelo de defensa por la libertad religiosa que inició con José Smith sigue presente en el liderazgo actual de la Iglesia de Jesucristo.
Durante décadas, el presidente Dallin H. Oaks ha sido una de las voces más visibles en favor de la libertad religiosa. En distintas ocasiones ha explicado que la Iglesia busca contribuir a preservar las libertades fundamentales de toda la sociedad. Por ejemplo, en 2022 enseñó:
«Procuramos ayudar a todos Sus hijos —no solo a nuestros propios miembros— a disfrutar de la preciosa libertad de escoger».
Más recientemente, mientras Estados Unidos se preparaba para conmemorar 250 años de su independencia, la Iglesia de Jesucristo invitó a sus miembros a participar en un día especial de ayuno y oración por la libertad religiosa en todo el mundo.
Esa invitación refleja una convicción clara de que cuando se protege la libertad de conciencia de un grupo, se fortalece la libertad de todos.
Una lección aprendida a través del sufrimiento

La historia de los primeros Santos de los Últimos Días nos ofrece una perspectiva única sobre la libertad religiosa.
Desde los inicios de la Restauración, José Smith y los primeros Santos aprendieron que una sociedad libre es aquella donde un cristiano, un judío, un musulmán, un hindú, un creyente de cualquier tradición o incluso una persona sin fe pueden convivir con igualdad de derechos y dignidad.
Esa visión continúa siendo uno de los legados más importantes de la historia de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
Porque después de haber sido expulsados de sus hogares y privados de muchas libertades, la respuesta de los primeros Santos no fue la exclusión, sino una defensa aún más fuerte de la libertad para todos.
Fuente: Deseret News
