“Que arroje la primera piedra”: El daño de las “piedras” modernas

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En Juan 8 se describe un relato impactante de la misericordia de Cristo, cuando se le pide que juzgue a una mujer adúltera.

Un grupo de escribas y fariseos le dice a Cristo que la mujer debe ser apedreada según la ley.  Cristo responde:

“El que de entre vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella”. (Juan 8:7)

Esto hizo que la turba se dispersara, “acusados por su conciencia”.

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El resultado de este encuentro es un Salvador amoroso, una mujer con una segunda oportunidad y, presumiblemente, una colección de piedras sin lanzar.

Al considerar esta historia en el pasado, mis pensamientos generalmente se enfocaron en el perdón del Salvador. He sentido la esperanza de que cuando cometo errores, Cristo no me condene. Él me guiará con amor por el camino del cambio.

Hoy, mis pensamientos se centran en las piedras que no se lanzaron. Cuando los fariseos y los escribas reconocieron la lección de Cristo: Que ni siquiera Él, que no tenía pecados, tenía el derecho de juzgar a esa mujer.

¿Cuántos soltaron sus piedras? y ¿Cuántos se aferraron a ellas mientras se iban?

¿A cuántas piedras me estoy aferrando, listo para arrojarlas a alguien, que según yo, se lo merece? ¿Justifico mis juicios con el pretexto de preservar y defender la rectitud, supuestamente según las leyes de Dios?

Caso 1

Aku tidak pernah utuh – JEROME MARCIANO, landscape

Recientemente, una amiga cercana me contó una experiencia terrible en la que sus hijas fueron excluidas por no ser Santos de los Últimos Días.

Según mi amiga, otros niños evitaban sentarse con su hija menor a la hora del almuerzo y rechazaban las citas para jugar.

La piedra de “relacionarse únicamente con amigos que compartan los mismos estándares” magulla la autoestima de una niña de 9 años.

Asimismo, los padres le dijeron a mi amiga que no querían que sus hijos fueran a su casa porque no querían que vieran sus tatuajes.

La piedra de “proteger a los hijos de las malas influencias” afecta la confianza social de una adolescente de 11 años.

Caso 2

Island health authorities may apply to form Ontario Health Hub - My Algoma Manitoulin Now

Recientemente, leí una publicación en un grupo de Facebook, en el que miembros de la Iglesia hacen preguntas y otros responden.

Un hermano hizo una pregunta muy sincera, deseaba saber qué percibían como una “regla general” para no trabajar durante el día de reposo.

Este miembro preguntó específicamente si estaba bien que las personas en el campo de la medicina trabajaran los domingos para ayudar a otras personas con alguna emergencia.

Alguien comentó que incluso hacer esa pregunta significaba que entendía muy mal de qué se trata la “ley del día de reposo”.

La piedra de “la letra de la ley reemplaza al espíritu de la ley” y abre un agujero de inseguridad en el sistema de creencias del que hace la pregunta.

En cada caso descrito anteriormente, personas reales resultaron afectadas de manera significativa cuando otros les “arrojaron” sus creencias y valores.

Se puede usar una piedra para grandes propósitos, como para construir comunidades fuertes y lugares de refugio. Sin embargo, también una piedra puede causar gran destrucción, cuando se usa como arma de guerra o juicio.

Usar nuestras creencias y principios inapropiadamente

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Los principios y las creencias se pueden utilizar para lograr un gran bien en las comunidades y la sociedad cuando se entienden y utilizan de forma adecuada. Sin embargo, también pueden causar una gran destrucción cuando se usan para atacar y juzgar a los demás.

Al reflexionar en cuanto a esta lección, me he preguntado de qué manera he usado mal los principios y las creencias que considero verdaderos como armas de ataque y juicio.

Piensa en esto…

libertad religiosa

¿Con qué frecuencia no brindo mi ayuda a quienes la necesitan y lo justifico con el principio de “autosuficiencia”? En cambio, ¿no debería practicar el principio de la autosuficiencia en mi vida para estar en una mejor posición de ayudar a los que me necesitan?

¿Con qué frecuencia el uso de etiquetas como “menos activo”, “inactivo” y “no miembro” mientras se intenta vivir el principio “conoce y ama a tu prójimo”, hace que otros se sientan excluidos? ¿Conocer a mis prójimos no me ayudaría a reemplazar esas etiquetas? ¿Amarlos no equivaldría a aceptarlos como son sin sentir la necesidad de usar su actividad en la Iglesia como un factor de división?

Podemos usar esas oportunidades para compartirles el Evangelio.

Conclusión

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Me he dado cuenta de que cuando juzgo sin querer, o queriendo, hago un mal uso de mis creencias “justas”. Las uso como armas de destrucción.

Qué trágico uso de los principios que más aprecio. Darme cuenta de esto, me ha conducido al deseo de vivir fiel a mis valores, edificar a los demás, en lugar de “lanzarles” mis creencias como un medio para elevarme mientras derribo a los demás.

Si bien el acto de apedrear a los pecadores se ha abandonado en nuestra cultura, trabajaré continuamente para soltar las piedras figurativas que he usado para juzgar erróneamente a los demás y derribarlos.

Esta es una traducción del artículo que fue escrito originalmente por Jacob Burdis y fue publicado en thirdhour.org con el título “Let him cast the first Stone — The Damage Of Modern-day ‘Stonings’”.

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