Se realizan nuevos hallazgos sobre el lenguaje de los nefitas del Libro de Mormón

idioma neofita

“Y he aquí, hemos escrito estos anales según nuestro conocimiento, en los caracteres que entre nosotros se llaman egipcio reformado; y los hemos transmitido y alterado conforme a nuestra manera de hablar.

Y si nuestras planchas hubiesen sido suficientemente amplias, habríamos escrito en hebreo; pero también hemos alterado el hebreo; y … ningún otro pueblo conoce nuestra lengua”. -Mormón 9: 32–34

Lo que se sabe

Los esfuerzos por comprender el idioma nefita se han centrado naturalmente en el hebreo y el egipcio, ya que esos son los idiomas que se mencionan en el mismo Libro de Mormón (1 Nefi 1: 2; Mormón 9: 32–33). 

Tan productivos y fructíferos como han sido estos estudios, es importante recordar que el lenguaje nefita no permaneció estancado a lo largo de su historia.

Después de ayudar a su padre a compilar y resumir un milenio de registros nefitas, Moroni observó que tanto el egipcio como el hebreo habían sido “alterados” con el tiempo, hasta el punto de que “ningún otro pueblo conoce [su] lengua” (Mormón 9:32 –34).

Los idiomas pueden cambiar drásticamente, y de hecho lo hacen, a menudo durante largos períodos de tiempo, hasta el punto en que las etapas anteriores del mismo idioma pueden ser completamente indescifrables para los hablantes contemporáneos.

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El inglés antiguo de hace unos 1,000 años, por ejemplo, es en su mayoría ininteligible para los hablantes del inglés de hoy. Entonces, sin un acceso directo a los registros nefitas en su idioma original, es imposible determinar cuán extensa ha sido la alteración y los cambios en el idioma nefita.

Como concluyó John L. Sorenson: “En conjunto, estos hechos significan que no conocemos el idioma que usaba Mormón” (“Mormon’s Codex: An Ancient American Book”).

En las últimas décadas, la investigación de los idiomas nativos americanos realizada por el lingüista y Santo de los Últimos Días, Brian D. Stubbs puede ayudar a aclarar las interrogantes sobre la lingüística nefita.

Brian Stubbs es una figura establecida en la familia de lenguas uto-aztecas, que incluye alrededor de 30 idiomas hablados por nativos principalmente en el oeste de México y el suroeste de Estados Unidos.

Él también cuenta con experiencia en idiomas semíticos y del Cercano Oriente, lo que le brinda una rara combinación de práctica y conocimiento de idiomas tanto del Viejo como del Nuevo Mundo.

Libro de mormon

Cuando Stubbs comenzó a estudiar los idiomas uto-aztecas, notó muchas similitudes con los idiomas semíticos que había estudiado previamente. En las primeras etapas, identificó varios cientos de cognados potenciales (palabras que tienen el mismo origen lingüístico) entre el hebreo y el uto-azteca.

A medida que continuaba sus estudios, la lista se expandió a más de 1,000 conexiones potenciales, y también descubrió vínculos con el idioma egipcio. Finalmente, después de tres décadas de investigación, Stubbs publicó un estudio completo que documentaba 1,528 conexiones totales entre los idiomas uto-aztecas y semíticos o egipcios.

Por impresionante que sea esta lista, Stubbs sospechaba que cualquier propuesta que argumente que los idiomas del Viejo Mundo tenían un impacto significativo en una familia de idiomas del Nuevo Mundo sería vista con escepticismo y oposición. Por lo tanto, realizó un esfuerzo diligente para asegurarse de aplicar las herramientas metodológicas más estrictas a sus estudios.

Por ejemplo, en sus largas listas de posibles cognados, Stubbs ha documentado un patrón constante de cambios de sonido. Esto agrega fuerza a sus impresionantes datos porque los términos afines en idiomas relacionados a menudo exhiben cambios fonéticos consistentes.

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Por ejemplo, en el idioma uto-azteca, Stubbs notó que el sonido de la “b” en las palabras semíticas se convertía constantemente en “kw”, similar a un cambio que se sabe que ocurre en otros idiomas relacionados. Por lo tanto, el semítico “baka(y)”, “llorar”, se relaciona con el término uto-azteca “kweke”, que también significa “llorar”.

Y el término semítico “bahamat”, que significa volver”, corresponde al término uto-azteca “kwahami”, “volver”. En cada caso y en otros 40, las palabras y los significados son casi idénticos, y cada uno muestra un cambio en la letra “b” en semítico a “kw” en uto-azteca.

Asimismo, Stubbs encontró otra cepa de semita en la que la “b” cambia a “p” en Uto-azteca. La raíz semítica de relámpago es “baraq”, y en uto-azteca el término para relámpago se reconstruye como “perok”. La palabra “yasipa” en uto-azteca, “sentarse, morar”, corresponde al hebreo “yašiba”, “sentarse, morar”.

El cambio de “b” a “p” también es evidente en los cognados egipcios que encontró Stubbs. Por ejemplo, en egipcio, “sbk” se refiere al cocodrilo y también es el nombre del dios cocodrilo (Sobek).

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En uto-azteca, la palabra cocodrilo se reconstruye como “supak” o “sipak”. El término egipcio, “bit” significa abeja, mientras que “pitV”, en uto-azteca, significa abeja o avispa. De manera similar, “bik” en egipcio quiere decir halcones, y “pik” en uto-azteca también quiere decir halcones.

La presencia de dos cambios comunes, consistentes y diferentes para el semítico “b” (uno en “kw” y otro en “p”), junto con otros detalles, le sugirió a Stubbs que había dos cepas de semita que influyeron en las lenguas uto-aztecas, cada una con su propio conjunto de características distintivas.

Ambas cepas parecen ser hebreas, pero una (lo que Stubbs llama semítico-“p”) muestra influencia del arameo, mientras que la otra (semítico-“kw”) parece tener influencia fenicia. Los cognados egipcios manifiestan muchos de los mismos cambios de sonido consistentes que el cognado semítico-“p”.

Cada componente aporta de 400 a 700 (de un total de 1,528) cognados potenciales con el uto-azteca. Es un dato digno de mención porque normalmente solo de 50 a 200 cognados son suficientes para establecer una relación entre dos idiomas.

En total, Stubbs estima que aproximadamente el 30-40% del idioma uto-azteca se deriva de las lenguas semítica y egipcia, que, según él, se mezcló con los componentes nativos americanos del uto-azteca entre hace 2,500 y 3,000 años.

Considerablemente, Stubbs encuentra que reconocer la presencia del semítico y egipcio criollos en el idioma uto-azteca resuelve siete de las nueve interrogantes persistentes que los lingüistas tienen sobre el uto-azteca.

Por lo tanto, estos datos tienen el tipo de “poder explicativo” que “los lingüistas consideran para identificar las mejores teorías en consideración para explicar lo que sucede en el lenguaje” (“Exploring the Explanatory Power of Semitic and Egyptian in Uto-azteca”) . 

La importancia de la investigación

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Aunque algunos lingüistas han expresado sus dudas, muchos lingüistas y otros académicos han quedado impresionados con el minucioso trabajo de Brian Stubbs. El propio Stubbs reconoce que “una aceptación general entre los lingüistas del vínculo entre las lenguas uto-aztecas y las lenguas del Cercano Oriente llevará un tiempo o puede que nunca suceda” (“Changes in Languages: From Nephi to Now”).

No obstante, confía en que “el supuesto del vínculo entre Uto-azteca con el Cercano Oriente es sólido”. Incluso si los datos son sustanciales, Stubbs ha reconocido que encontrar hebreo o egipcio en una familia de lenguas nativas americanas “no necesariamente prueba [la existencia] del Libro de Mormón, ya que un elemento semítico… posiblemente podría haber llegado independientemente de Lehi y Mulek” (“Looking Over vs. Overlooking Native American Languages: Let’s Void the Void”).

Sin embargo, estos datos encajan notablemente bien con lo que se presenta en El Libro de Mormón. El libro habla de la llegada de dos pueblos de habla semítica al Nuevo Mundo, con una proximidad geográfica relativamente cercana entre sí, a principios del siglo VI a. C.

noveno episodio del Libro de Mormón

El primer grupo, Lehi y su familia, tenía raíces en el reino del norte de Israel (1 Nefi 5:14). El norte de Israel limitaba con regiones de habla aramea, lo que influyó en su dialecto del hebreo. Este mismo grupo también tenía conocimiento del idioma egipcio (1 Nefi 1: 2). Esto podría explicar la presencia del hebreo de influencia aramea (semita-“p”), además de egipcio con cambios de sonido similares en la lengua uto-azteca.

Se sabe menos sobre el segundo grupo (el pueblo de Mulek), excepto que partieron de Jerusalén aproximadamente al mismo tiempo que el primero, y cuando los dos grupos se fusionaron (en el siglo II a. C.), sus idiomas ya eran mutuamente ininteligibles. (Omni 1: 15-17).

Sin embargo, al prestar una cuidadosa consideración a las pistas, los académicos Santos de los Últimos Días han sugerido que llegaron al Nuevo Mundo a bordo de una embarcación fenicia. Esto podría explicar la presencia del hebreo de influencia fenicia (Semítico-“kw”), con cambios de sonido independientes de las otras dos hebras del lenguaje del Cercano Oriente en el uto-azteca.

Stubbs propone que el uto-azteca puede descender del idioma nefita-mulekita de la época de Alma. Si ese es el caso, puede proporcionar lo que él llama un “panorama borroso” del lenguaje del Libro de Mormón. Sin embargo, por más borrosa que sea la perspectiva, el potencial que este panorama puede proporcionar sobre los estudios lingüísticos del Libro de Mormón aún no se ha alcanzado en su totalidad.

Por ejemplo, las lenguas uto-aztecas podría potencialmente usarse para complementar los estudios de los nombres del Libro de Mormón, que se han centrado predominantemente en los antiguos idiomas del Cercano Oriente hasta este momento.

Además, dado que varios de los cognados semíticos y egipcios en el uto-azteca se refieren a plantas y animales, estas palabras pueden resolver las interrogantes sobre las plantas y los animales aparentemente anacrónicos en el Libro de Mormón.

Además de informar a los lectores sobre ciertos aspectos del texto, los hallazgos de Stubbs, asumiendo que son sustanciales, pueden estar entre las evidencias más poderosas que se han encontrado hasta ahora para corroborar la veracidad del Libro de Mormón. Como lo explicó Stubbs:

Episodio 12 de vídeos del Libro de Mormón

“Las familias lingüísticas no se pueden crear  Los registros escritos descubiertos en las Américas a menudo se califican como engaños… sin embargo los vínculos lingüísticos, cuando son evidentes, muestran vínculos específicos desde la antigüedad hasta los tiempos modernos, y los miles de hablantes de los idiomas relacionados se encuentran más allá de la elaboración”. – Stubbs“The Next Big Thing”

Con las formidables publicaciones de Stubbs ahora sobre la mesa, esta evidencia tiene el potencial de traer más claridad sobre el lenguaje nefita y, por lo tanto, sobre el texto sagrado del Libro de Mormón.

Fuente: latterdaysaintmag.com

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