¿Qué pasa cuando la vida real no encaja con la imagen de familia que siempre imaginamos?

Durante años, muchos crecimos creyendo que el «modelo ideal» en una familia era que el padre proveía, la madre cuidaba el hogar y ambos avanzaban dentro de roles bastante definidos. Pero hoy existen matrimonios donde ella estudia mientras él se queda más tiempo en casa, o donde ambos trabajan para sostener a la familia. ¿Está esto en contra de lo ideal?

Esta es una pregunta que está generando un gran debate y redefiniendo la forma en la que comprendemos el hogar.

Cuando la vida rompe el «esquema» que imaginabas

Nate, miembro de la Iglesia de Jesucristo, compartió una perspectiva sobre su rol como esposo que llamó la atención de muchos. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Esta pregunta está volviendo a llamar la atención por un mensaje compartido recientemente por las redes oficiales de la Iglesia de Jesucristo, en donde Nate, un miembro, habló sobre una etapa muy particular de su matrimonio.

Su esposa fue aceptada en la escuela de medicina para especializarse en neurología pediátrica, y eso cambió completamente los planes familiares. Lejos de verlo como una «amenaza para su rol como esposo», Nate declaró:

«Apoyarla no disminuye mi propósito, sino que lo expande».

Esa secilla frase generó mucho revuelo en redes. Mientras que algunos apoyaron a Nate, otros se preguntaron si este tipo de situaciones podría terminar minimizando el rol sagrado de una madre en el hogar o el liderazgo del padre.

Esto es un tema muy mediático ya que últimamente las funciones de la madre y del padre en el hogar se están cuestionando mucho, y la pregunta que muchos se hacen al respecto es, ¿estamos dejando atrás principios importantes sobre la familia?

Lo que enseña la Iglesia de Jesucristo

Los principios para una familia se pueden adaptar de acuerdo a las experiencias de cada una de ellas. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

 

Cuando se habla de roles familiares, el mejor documento de referencia es «La Familia: Una Proclamación para el Mundo». Y sí, allí se enseña que los padres tienen el deber principal de presidir y proveer, mientras que las madres tienen el deber sagrado de nutrir a sus hijos.

Pero hay algo más que a veces pasamos por alto y la misma proclamación lo declara:

«La discapacidad, la muerte u otras circunstancias pueden requerir una adaptación individual».

Esa frase demuestra que aunque el evangelio enseña principios eternos, esos se pueden adaptar de acuerdo a las experiencias de cada familia ya que no todas atraviesan las mismas etapas.

Bajo esta perspectiva, el hecho de que el padre tenga que quedarse en casa mientras la madre sale a trabajar no es un fracaso para la familia.

El hogar sigue siendo primero

Sea cuales sean los roles de papá y mamá, lo más importante para ambos es velar por el hogar. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

 

Ahora bien, a pesar de que ciertas familias tengan que adaptar los roles del papá y la mamá, la Iglesia de Jesucristo es firme en enseñar que el hogar debe seguir siendo la prioridad principal tanto para el esposo como para la esposa.

Las decisiones sobre trabajo, estudios, servicio o responsabilidades deben ser tomadas por los esposos en unidad, con oración y revelación personal.

Eso hace que la preocupación deje de enfocarse en los roles en el hogar para dar paso a otra pregunta más importaante, ¿estamos construyendo una familia centrada en Cristo?

Porque una familia puede parecer perfectamente «tradicional» por fuera y estar completamente desconectada por dentro. Mientras otra familia puede atravesar dinámicas distintas en los roles de la paternidad y aún así permanecer unida. Ahí es donde entra la madurez espiritual.

Una familia fuerte no siempre luce como esperas

familia durante la noche de hogar
Las familias más fuertes permanecen unidas a pesar de los cambios. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Tal vez algunas de las familias más fuertes no son las que siguen un patrón perfecto, sino las que aprenden a permanecer unidas mientras atraviesan cambios inesperados y decisiones complejas.

Familias donde ambos padres tienen que sacrificarse y dejar de competir por los «roles correctos» para empezar a construir un hogar bajo un mismo propósito.

Porque como mandó el Señor:

«Dejará el hombre a su padre y a su madre, y se allegará a su mujer, y serán una sola carne».

Dios no está buscando «familias perfectas» en apariencia. Él desea que un matrimonio esté conformado por dos personas capaces de amar, adaptarse y permanecer unidas para ser finalmente una sola carne.

Fuente: Add Faith

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