Pregunta
Si una persona llega al mundo de los espíritus tras fallecer y se da cuenta allí de los errores que cometió en su vida, como haber tratado muy mal a alguien, ¿podrá sentir remordimiento por ello después de haber atravesado el velo?
Y si es así, ¿tendrá la oportunidad de arrepentirse de sus errores allá?
Respuesta

Primero que nada, para los Santos de los Últimos Días, la muerte no representa el fin de la existencia. Después de morir, el espíritu continúa viviendo en el mundo de los espíritus mientras espera la Resurrección.
El Libro de Mormón enseña que los espíritus de los justos son recibidos en un estado de felicidad llamado paraíso, mientras que quienes rechazaron la rectitud se encuentran en otra condición espiritual. Alma 40 explica que después de la muerte los espíritus continúan existiendo y conservan su identidad.
Pero una de las revelaciones más importantes sobre este tema se encuentra en Doctrina y Convenios 138.
En esa visión, el presidente Joseph F. Smith contempló el mundo de los espíritus y vio que allí se estaba llevando a cabo una obra de enseñanza. Los fieles que habían muerto continuaban predicando el Evangelio de arrepentimiento y redención a quienes se encontraban en oscuridad y bajo la esclavitud del pecado.
La revelación declara algo particularmente significativo:
“Los muertos que se arrepientan serán redimidos”.
La misma revelación explica que quienes se arrepienten pueden ser redimidos mediante la obediencia a las ordenanzas de la casa de Dios. Esto establece un principio fundamental: el aprendizaje espiritual y la invitación al arrepentimiento no terminan al morir.
“Ellos también tienen oportunidades de arrepentirse”

El presidente Russell M. Nelson habló directamente sobre esta enseñanza cuando servía como miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles. Después de explicar que toda persona viva puede arrepentirse, planteó una pregunta interesante:
“Cada persona viva puede arrepentirse. Pero, ¿qué de aquellos que han muerto? Ellos también tienen oportunidad de arrepentirse”.
A continuación, citó Doctrina y Convenios 138 y recordó que el evangelio de arrepentimiento se predica entre los muertos y que “los muertos que se arrepientan serán redimidos”.
Esa enseñanza nos muestra que el arrepentimiento no queda completamente fuera del alcance de una persona en el momento de su muerte. Esto, sin embargo, no significa que alguien pueda decidir vivir deliberadamente en pecado y pensar que simplemente podrá solucionar todo después de morir.
Las Escrituras son claras al enseñar que esta vida es un tiempo fundamental para prepararnos para encontrarnos con Dios. La esperanza en la misericordia de Dios no debería convertirse en una excusa para posponer el arrepentimiento.
¿Puede una persona darse cuenta después de morir del daño que causó?

Imaginemos a una persona que durante años fue cruel con alguien, que manipuló a su familia o que actuó con egoísmo. Quizás decía que la otra persona era la culpable. Incluso pudo haber muerto convencida de que nunca había hecho nada malo.
¿Podría llegar a comprender la magnitud de su error después de la muerte? Las Escrituras no decclaran nada concreto al respecto, por eso, sería incorrecto afirmar que sabemos lo que una persona específica está pensando o sintiendo después de morir.
Sin embargo, las enseñanzas sobre el mundo de los espíritus permiten entender que la muerte no convierte a una persona en alguien diferente. Alma enseñó que “el mismo espíritu que posea vuestros cuerpos al salir de esta vida” tendrá poder sobre nosotros en el mundo eterno.
La muerte no borra nuestra identidad, nuestro albedrío ni las decisiones que hemos tomado. Pero tampoco significa que dejemos de aprender.
El mundo de los espíritus es presentado en las Escrituras como un lugar donde continúa la enseñanza del evangelio. Las personas pueden escuchar la verdad, decidir cómo responder a ella y realizar o recibir la labor de predicación del evangelio de arrepentimiento y redención entre los muertos.
Por eso, existe una base doctrinal para pensar que una persona puede adquirir después de la muerte una comprensión que durante su vida no tuvo.
No debemos esperar hasta la muerte

La esperanza no debe confundirse con una invitación a posponer el arrepentimiento.
Amulek, un personaje en el Libro de Mormón, enseñó que esta vida es el tiempo para prepararnos para encontrarnos con Dios y advirtió que no debemos postergar el día de nuestro arrepentimiento.
Esta advertencia es importante. La doctrina de la salvación de los muertos no enseña que la muerte convierte automáticamente cualquier decisión en reversible ni que una persona puede vivir conscientemente haciendo daño y dejar el arrepentimiento para después.
Nuestra vida importa. Las decisiones que tomamos, los hábitos que desarrollamos, la manera en que tratamos a los demás y la disposición de nuestro corazón tienen consecuencias eternas.
Precisamente por eso, la oportunidad de arrepentirnos hoy es un regalo. No necesitamos esperar hasta que una crisis nos obligue a reconocer lo que ya sabemos que debemos cambiar.
Entonces, ¿podemos sentir remordimiento y arrepentirnos después de morir?

La respuesta más precisa, de acuerdo con la doctrina de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, es que sí existe la posibilidad de arrepentimiento después de la muerte.
Lo que no sabemos es exactamente cómo ocurre ese proceso para cada persona, ni podemos afirmar qué está sintiendo actualmente alguien que ha fallecido. Pero sí podemos tener esperanza.
Si alguien murió sin reconocer el daño que causó, eso no significa necesariamente que jamás llegará a comprenderlo. Si una persona pasó por la vida sin pedir perdón, no significa que Dios haya dejado de trabajar con ella. Y si alguien murió sin haber recibido la oportunidad de escuchar plenamente el evangelio, esa oportunidad puede continuar en el mundo de los espíritus.
Al final, tanto la persona que causó el daño como la persona que lo sufrió están en manos de Jesucristo. Él conoce la historia completa de cada uno de nosotros.
No sabemos exactamente qué ocurre detrás del velo, pero sí sabemos que el plan de Dios contempla justicia, misericordia, aprendizaje, arrepentimiento y redención. Y, sobre todo, sabemos que la puerta de la gracia de Jesucristo es mucho más amplia de lo que a veces podemos comprender.
Fuente: AskGramps
