Nota del editor: Este artículo está basado en la experiencia compartida por Becky Douglas para Meridian Magazine narrada desde su perspectiva.
Durante mucho tiempo pensé que los milagros eran acontecimientos extraordinarios. Sin embargo, mientras más he vivido, más convencida estoy de que Dios suele manifestarse de maneras mucho más silenciosas. Muchas de Sus bendiciones casi pasan desapercibidas y solo años después somos capaces de mirar hacia atrás y reconocer que Él había estado guiando cada uno de nuestros pasos.
Con el tiempo comencé a recordar esos momentos en los que había sentido una impresión espiritual de una forma inesperada. Recordé, por ejemplo, una noche en la que desperté con una impresión muy clara que debía escribir una carta de disculpas a una antigua amiga. Ni siquiera sabía qué había hecho para ofenderla, pero sentí que debía pedirle perdón con sinceridad.
Lo hice y aquella amistad, que parecía perdida, fue restaurada. Hasta hoy sigue siendo una de las grandes bendiciones de mi vida.
Fue entonces cuando comprendí que muchas veces nuestras oraciones consisten en decirle al Señor qué debería hacer y cómo debería hacerlo, cuando en realidad la oración es una oportunidad para escuchar Su voluntad y permitir que Él dirija la nuestra.
Una lucha con el insomnio

Durante más de dos décadas mi trabajo me llevó a viajar constantemente. Solo a la India realicé setenta y un viajes, además de muchos otros por Europa y diferentes lugares de Estados Unidos. Cambiar de zona horaria una y otra vez terminó pasando factura a mi cuerpo.
Cuando era joven, el desfase horario era solo una molestia temporal, pero con los años recuperar un horario normal de sueño se volvió cada vez más difícil. Poco a poco desarrollé un insomnio severo que parecía no tener solución. Había noches en las que despertaba tres o cuatro veces y hacía todo lo posible por volver a dormir.
Oré innumerables veces para que el Señor me ayudara. Sinceramente deseaba descansar como cualquier otra persona. No entendía por qué ese problema persistía a pesar de mis esfuerzos.
En ese momento no tenía idea de que aquello que tanto deseaba que desapareciera terminaría convirtiéndose en una de las mayores bendiciones de mi vida.
Un diagnóstico completamente inesperado

Años después me realizaron una resonancia magnética debido a algunos problemas digestivos. Pensé que sería un examen de rutina, pero pocas horas después recibí una llamada urgente de mi doctora.
Me pidió que cancelara inmediatamente el viaje que tenía programado para la India al día siguiente. Ya había organizado análisis de sangre, una tomografía, un PET Scan y una consulta con un neumólogo.
Yo estaba desconcertada mientras me cuestionaba la razón de tantos exámentes, pero pronto supe que habían encontrado cientos de nódulos en mis pulmones, algunos de ellos bastante grandes.
De un momento a otro todos mis planes cambiaron y, sin saber exactamente qué estaba ocurriendo, me preparé para enfrentar una realidad completamente desconocida.
La fuerte realidad de mi condición de salud

Al día siguiente acudí al especialista. Mientras esperaba conversaba tranquilamente con una asistente cuando el médico entró revisando unos documentos y preguntó dónde estaba Rebecca Douglas.
Le respondí que era yo. De pronto, el médico levantó la vista con expresión de sorpresa y dijo que aquello no podía ser posible. Según las imágenes que acababa de revisar, la persona a la que pertenecían esos pulmones apenas tendría capacidad para respirar y mucho menos para estar sentada conversando con tanta tranquilidad.
Después de unos segundos de silencio dijo algo que nunca olvidaré.
«La buena noticia es que probablemente no sea cáncer. Si lo fuera, usted estaría muriendo», dijo el médico.
Aquellas palabras, lejos de tranquilizarme, solo aumentaron mi incertidumbre. Si no era cáncer, ¿entonces qué podía ser?
El médico pensó que quizá se trataba de algún hongo, un parásito o una infección poco común adquirida durante mis constantes viajes a las colonias de lepra en la India. Sin embargo, en el PET Scan ninguno de los nódulos había absorbido glucosa. Eso significaba que ninguno estaba vivo, por lo que los especialistas supusieron que debía tener un sistema inmunológico extraordinario.
Cinco años sin respuestas

Me realizaron biopsias y las muestras fueron enviadas a distintos laboratorios, pero nadie pudo identificar qué eran aquellos nódulos. Finalmente los médicos tomaron la decisión de vigilar mi estado con tomografías cada tres meses para asegurarse de que nada cambiara.
Así transcurrieron cinco largos años viviendo con una incógnita constante y sin un diagnóstico definitivo mientras me preguntaba qué estaba ocurriendo realmente dentro de mi cuerpo.
Hasta que una de las revisiones mostró que uno de los nódulos parecía haber aumentado ligeramente de tamaño. Supe entonces que era momento de repetir las biopsias.
Estas nuevas muestras fueron enviadas a laboratorios especializados en distintas partes de Estados Unidos. Cuando finalmente llegó el resultado, incluso los médicos quedaron sorprendidos.
Ellos vieron entonces que yo tenía un tipo extremadamente raro de cáncer de tiroides que se había extendido a los pulmones. Después de tantos años, al fin conocía la respuesta de mi estado de salud. Sin embargo, todavía faltaba descubrir algo mucho más extraordinario.
El insomnio estaba salvando mi vida

Ese mismo día llamé a un médico especializado en medicina ayurvédica de la India para conocer su opinión sobre el diagnóstico. Después de escucharme me dijo algo que me me pareció completamente inesperado.
Me indicó que la melatonina ayuda a combatir ese tipo específico de cáncer cuando se encuentra en los pulmones y, aunque pensé que estaba bromeando, poco después comenzó a enviarme estudios científicos que demostraban precisamente eso.
Mientras leía aquellas investigaciones comprendí que durante años había sufrido insomnio y durante años, cada vez que eso ocurría, tomaba melatonina para intentar volver a dormir. Entonces no pude evitar sonreír entre lágrimas.
Había pasado mucho tiempo rogándole al Señor que me quitara el insomnio, mientras Él, con una perspectiva infinitamente mayor que la mía, probablemente estaba utilizando precisamente esa circunstancia para mantenerme con vida.
El médico, que profesaba la fe hindú, solo me dijo:
«Alguien allá arriba definitivamente está cuidando de usted».
Mirar atrás y reconocer la mano de Dios

A menudo queremos comprender los caminos del Señor mientras todavía los estamos recorriendo. Queremos respuestas inmediatas y explicaciones para cada dificultad. Sin embargo, muchas veces esas respuestas solo aparecen cuando miramos hacia atrás.
Es entonces cuando descubrimos que Dios ya estaba obrando mucho antes de que nosotros pudiéramos verlo. El libro de Proverbios enseña:
«Confía en Jehová con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas» (Proverbios 3:5–6).
Hoy esas palabras tienen un significado completamente diferente para mí porque aprendí que la confianza en Dios no depende de entender cada detalle del camino. Solo el paso del tiempo nos permite descubrir que, desde el principio, Dios nunca dejó de caminar a nuestro lado.
Fuente: Meridian Magazine
