¿Por qué José Smith, profeta y líder de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, decidió postularse a la presidencia de Estados Unidos en 1844?
Esta pregunta ayuda a comprender una de las decisiones políticas más particulares de la vida de José Smith. Su candidatura no surgió de una ambición personal, sino de una preocupación que llevaba años creciendo, encontrar una manera de garantizar la libertad religiosa y proteger a los miembros de la Iglesia.
El historiador Spencer W. McBride analiza este episodio en su libro Joseph Smith for President, donde explica cómo las experiencias de persecución de los santos influyeron en la visión política del Profeta y en su decisión de participar en las elecciones de 1844.
Cuando ser miembro significaba vivir bajo persecución

Para comprender por qué José Smith llegó a considerar una candidatura presidencial, primero hay que mirar lo que los santos habían vivido en Misuri.
Durante aquellos años, los miembros de la Iglesia fueron expulsados de sus hogares, perdieron sus propiedades y enfrentaron ataques violentos. Lo más preocupante era que estas agresiones no provenían únicamente de grupos de personas que se oponían a sus creencias. En varias ocasiones, también participaron las propias fuerzas del Estado.
Uno de los acontecimientos más conocidos fue la masacre de Haun’s Mill, ocurrida el 30 de octubre de 1838. Un grupo armado integrado por miembros de la milicia estatal atacó a los santos que vivían en ese asentamiento. Al menos 17 personas murieron, entre ellas niños.
El ataque ocurrió después de que el líder de aquella milicia hubiera asegurado que los habitantes recibirían protección. Sin embargo, la situación cambió cuando entró en vigor la orden de exterminio emitida por el gobernador de Misuri, Lilburn W. Boggs, que autorizaba expulsar a los miembros de la Iglesia o exterminarlos si era necesario.
Los testimonios de aquella época también describen otros actos de violencia, como asesinatos, abusos y la destrucción de viviendas, cultivos y animales. Estas acciones dejaron a muchas familias sin recursos para sobrevivir.
Para José Smith, aquello no era solamente un conflicto entre personas con creencias diferentes. Era un problema que demostraba que los santos estaban perdiendo sus derechos y no encontraban protección en las instituciones que debían defenderlos.
Buscó ayuda del gobierno, pero no la encontró

Ante esta situación, los líderes de la Iglesia intentaron encontrar soluciones por las vías legales. Presentaron testimonios, prepararon peticiones y buscaron que el gobierno federal interviniera para reparar los daños y garantizar la seguridad de los santos.
Uno de los primeros esfuerzos importantes ocurrió en noviembre de 1839, cuando José Smith viajó a Washington D. C. para reunirse con el presidente Martin Van Buren.
El propósito de aquel encuentro era explicarle lo que los miembros de la Iglesia habían sufrido en Misuri y solicitar ayuda del gobierno.
Sin embargo, la respuesta del presidente fue desalentadora. Según uno de los relatos de la reunión, Van Buren le dijo:
«Su causa es justa, pero no puedo hacer nada por ustedes».
El problema era político. El presidente no quería enfrentarse a los intereses de Misuri ni arriesgar su apoyo electoral por defender a una minoría religiosa.

Después de aquella reunión, los santos llevaron sus reclamos ante el Congreso de Estados Unidos. Sin embargo, tampoco encontraron una solución. El comité del Senado que examinó el caso concluyó que el gobierno federal no tenía jurisdicción sobre los hechos denunciados y que los miembros debían acudir a las autoridades de Misuri para buscar justicia.
En otras palabras, se les estaba pidiendo que buscaran protección precisamente en el gobierno que había permitido su persecución.
José y otros líderes continuaron presentando peticiones durante los años siguientes, pero sus esfuerzos no dieron los resultados esperados. Esta experiencia los llevó a cuestionar qué significaba realmente tener libertad religiosa cuando las autoridades no estaban dispuestas a protegerla.
La libertad religiosa debía proteger a todos, no solo a la mayoría

Cuando los santos se establecieron en Nauvoo, Illinois, esperaban comenzar una nueva etapa. La ciudad recibió una carta constitutiva que establecía su organización política y le concedía ciertas facultades de gobierno, incluida la creación de un tribunal municipal.
Estas disposiciones buscaban ofrecer mayor protección a los habitantes y evitar que volvieran a experimentar situaciones similares a las de Misuri.
Sin embargo, el ambiente político tampoco tardó en complicarse. Algunos habitantes de Illinois comenzaron a oponerse al crecimiento de la Iglesia y a su influencia en la sociedad.
En su investigación, McBride explica que la experiencia de José Smith como líder de una minoría religiosa le permitió comprender que la libertad de religión no podía limitarse a permitir que cada persona practicara sus creencias.

También debía existir un compromiso de proteger ese derecho, incluso cuando las creencias de otros fueran diferentes a las de la mayoría.
La verdadera libertad religiosa no consiste únicamente en tolerar las creencias de los demás, sino en defender su derecho a vivirlas sin temor a ser perseguidos.
Esta idea era especialmente importante en una sociedad donde algunas personas consideraban que las religiones distintas al protestantismo tradicional representaban una amenaza.
El libro también explica que esta actitud no afectaba únicamente a los santos de los últimos días. Otros grupos religiosos, como los católicos, también habían enfrentado discriminación y rechazo en Estados Unidos.
El problema, por tanto, no era solamente la existencia de personas intolerantes. También había sistemas políticos y leyes que podían utilizarse para justificar la discriminación o evitar que las minorías recibieran protección.
¿Por qué los candidatos presidenciales no quisieron ayudar a los santos?

A medida que se acercaban las elecciones presidenciales de 1844, la situación en Nauvoo se volvió más complicada. Los santos enfrentaban oposición de los principales partidos políticos y de grupos locales que buscaban expulsarlos de Illinois.
Ante este panorama, los líderes de la Iglesia decidieron consultar a cinco candidatos presidenciales: Henry Clay, Martin Van Buren, John C. Calhoun, Lewis Cass y Richard Johnson.
Les enviaron cartas para conocer sus propuestas sobre la protección de las minorías religiosas y, especialmente, qué harían para garantizar los derechos constitucionales de los miembros de la Iglesia.
Las respuestas no fueron alentadoras. Van Buren y Johnson no respondieron. Calhoun y Cass señalaron que el gobierno federal no tenía autoridad para intervenir en ese tipo de conflictos. Por su parte, Henry Clay expresó cierta simpatía por el sufrimiento de los santos, pero no quiso comprometerse con ninguna medida específica.
Para José Smith, estas respuestas confirmaban que ninguno de los principales candidatos estaba dispuesto a asumir la responsabilidad de proteger a los miembros de la Iglesia.
La preocupación iba más allá de quién ganaría las elecciones. Si los candidatos presidenciales no estaban dispuestos a defender los derechos de una minoría religiosa, ¿qué posibilidades tenían los santos de encontrar justicia dentro de aquel sistema político?
José Smith decidió presentar su propia candidatura

Después de años de peticiones sin respuesta y de intentos fallidos por encontrar protección, José Smith consideró que había llegado el momento de participar directamente en la política nacional.
En enero de 1844, comenzó a organizar su candidatura presidencial junto con otros líderes de la Iglesia.
Su propuesta incluía varias ideas relacionadas con la protección de los derechos constitucionales, la libertad religiosa, la reforma del sistema penitenciario y la abolición de la esclavitud mediante una compensación económica a los propietarios de esclavos, financiada por la venta de tierras públicas.
También defendía una mayor participación del gobierno federal cuando los derechos de los ciudadanos fueran vulnerados y las autoridades estatales no ofrecieran protección.

Su candidatura no era una iniciativa improvisada. José había llegado a la conclusión de que no bastaba con pedir que las personas fueran más tolerantes; también era necesario revisar las leyes y los sistemas que permitían que la intolerancia continuara.
McBride explica que el Profeta buscaba impulsar una participación ciudadana más activa en la interpretación y aplicación de la Constitución, con el propósito de que sus principios protegieran realmente a todos los estadounidenses.
De esta manera, su campaña se convirtió en una oportunidad para presentar públicamente sus ideas sobre la justicia, los derechos civiles y la libertad de conciencia.
Una lucha que iba más allá de una elección presidencial

La candidatura de José Smith se desarrolló en medio de un ambiente político cada vez más hostil. Mientras intentaba presentar sus propuestas, la oposición hacia los santos continuaba creciendo.
El 27 de junio de 1844, José Smith y su hermano Hyrum fueron asesinados por una turba en la cárcel de Carthage, Illinois. Su muerte ocurrió antes de las elecciones presidenciales de noviembre de ese año.
Por ello, José nunca llegó a participar en la elección como candidato. Sin embargo, su decisión de postularse dejó un mensaje que va más allá de la política de aquella época.
A través de sus experiencias, José comprendió que los derechos de una persona no deberían depender de si sus creencias son populares o aceptadas por la mayoría. La libertad religiosa pierde su significado cuando solo protege a quienes piensan de la misma manera.

Esta es una de las ideas centrales que Spencer W. McBride destaca en su libro, las sociedades no pueden alcanzar una verdadera libertad religiosa si no reconocen también las estructuras que permiten la discriminación y la persecución.
Defender la libertad religiosa significa proteger el derecho de todas las personas a creer, adorar y vivir de acuerdo con su conciencia, incluso cuando sus convicciones sean diferentes a las nuestras.
La historia de José Smith como candidato presidencial nos permite conocer otra faceta de su liderazgo. Además de dirigir la Iglesia y enseñar el evangelio restaurado de Jesucristo, buscó maneras de proteger a los santos y defender principios que consideraba fundamentales para la sociedad.
Su candidatura no terminó en una victoria electoral, pero sí dejó una reflexión importante sobre la responsabilidad de las autoridades y de los ciudadanos: la libertad que no se defiende para todos termina siendo una libertad incompleta.
