Nota del editor: Este artículo fue escrito por Adriano da Silva Rockenbach, en el que cuenta su historia de conversión.

En 2014 conocí La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días de una manera bastante inesperada: a través de una caricatura que, en uno de sus episodios, presentaba a la Iglesia de una forma sumamente negativa. Sin embargo, aquello despertó mi curiosidad.

A pesar de que mi primer acercamiento estuvo rodeado de opiniones desfavorables y conclusiones equivocadas, esa experiencia sembró en mí una inquietud que me llevó a comenzar, por mi propia cuenta, una larga búsqueda de respuestas.

Imagen: Facebook (Adriano Rockenbach)

Durante los años siguientes consumí todo tipo de contenido relacionado con la Iglesia. Leía tanto los materiales publicados por la Iglesia de Jesucristo como los testimonios de antiguos miembros que habían tenido experiencias decepcionantes y ahora intentaban evitar que otras personas pasaran por lo mismo.

En medio de esas perspectivas tan diferentes, notaba que mi curiosidad no desaparecía. Por más que encontrara argumentos firmes en contra de la Iglesia, nada conseguía arrancar aquello que se había sembrado en mi interior. No entendía por qué ese interés seguía conmigo.

Conocía mucho sobre la Iglesia, pero nunca había asistido físicamente

Imagen: Facebook (Adriano Rockenbach)

Lo curioso de mi historia es que, después de investigar durante tanto tiempo, sentía que ya tenía suficiente información para tomar una decisión. Sin embargo, nunca había asistido siquiera a una reunión sacramental. Había algo que parecía impedirme visitar la capilla de mi ciudad, aunque continuaba interesado en conocer más.

Con el paso del tiempo descubrí que algunos de mis amigos eran miembros de la Iglesia. Ellos me regalaban ejemplares de las Escrituras y otros libros para que pudiera seguir aprendiendo.

Hasta ese momento, yo creía que mi súbito interés por la Iglesia de Jesucristo se trataba de una simple curiosidad. Debido a que venía de una familia tradicionalmente católica, sabía que, si decidía seguir otro camino religioso, sería uno de los primeros en ir contra lo tradicional.

Ni siquiera quería imaginar el día en que tendría que decirles a mis familiares que estaba pensando en unirme a otra Iglesia. Después de todo, siempre había sido feliz junto a ellos en nuestra tradición religiosa y no sentía que tuviera motivos para cambiar.

Pero estaba ignorando el hecho de que no conocemos los planes que el Padre Celestial tiene para nuestra vida. Él no solo conocía mis planes, sino también mi corazón, y me estuvo preparando durante todos aquellos años para vivir un momento muy especial.

Encontré lo que llevaba años buscando

Imagen: Facebook (Adriano Rockenbach)

Hoy creo que aquella semilla de curiosidad era, en realidad, la semilla del plan de felicidad y salvación que comenzaba a crecer en mi vida. El Padre Celestial sabía que, cuando llegara el momento adecuado, yo recibiría las bendiciones que había preparado para mí con tanto amor y cuidado.

Para ayudarme a recibir esas bendiciones, puso en mi camino a una gran amiga. Sin que ella lo supiera, sentí que el Espíritu Santo que habitaba en ella me llamaba a asistir a una reunión sacramental y descubrir aquello que me esperaba. Así que, finalmente, el 3 de septiembre de 2023 entré por primera vez a la capilla.

En cuanto puse un pie allí, supe que aquel era mi hogar. Después de tantos años investigando, preguntándome y tratando de comprender por qué no podía dejar de pensar en la Iglesia, sentí que finalmente había encontrado la bendición que tanto había esperado.

Y aquella experiencia se volvió todavía más especial cuando recibí el apoyo de mis padres y de mi familia.

Durante mucho tiempo había temido cómo reaccionarían ante mi decisión de seguir una religión diferente, pero su respaldo hizo que ese momento fuera aún más significativo para mí.

De la curiosidad a la alegría de mi bautismo

Imagen: Facebook (Adriano Rockenbach)

Luego de un par de semanas, me bauticé el 16 de septiembre de 2023, y al día siguiente, el 17 de septiembre, fui confirmado miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Todo fue tan especial que la emoción nos envolvió tanto a mí como a mi familia.

Quienes estuvieron presentes pudieron ver el abrazo que le di al hermano que me bautizó. Para mí, aquel gesto fue una sencilla expresión de agradecimiento al Padre Celestial, al Salvador Jesucristo y al Espíritu Santo, cuya presencia sentí en ese momento.

Imagen: Facebook (Adriano Rockenbach)

Poco tiempo después de mi bautismo, comencé a comprender con mayor profundidad cuánto me ama el Padre Celestial y cómo había cuidado cada detalle de mi camino de conversión. Él había preparado mi corazón durante años y también había cuidado de mi familia para que todo sucediera de la mejor manera.

Ahora amo vivir el evangelio y siento que finalmente he recibido la bendición que el Padre Celestial tenía reservada para mí. Cada día le agradezco por todo lo que ha hecho en mi vida. Y no podría terminar este relato sin antes decir:

“¡GRACIAS, PADRE! ¡HE VUELTO A NACER!”

Fuente: maisfe.org

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