Predicar como Jesucristo lo hizo, cambiemos corazones, no mentes

Predicar como Jesucristo

En lugar de crear foros para convencer y cambiar a la gente de opinión, sin contender ni discutir, sin atacar a otros, Jesús plantó semillas de fe y amor.

En un mundo lleno de opiniones y críticas, opiniones extremas y mucho ruido, a menudo puede parecer que estamos hablándole a la nada cuando tratamos de defender lo que creemos.

¿Cambia alguien de opinión sobre cierto tema debido a una publicación en las redes sociales? ¿Nos esforzamos por lograr aquello que ya no es una tendencia en la conciencia de los demás? ¿Sabemos cómo trabajar juntos como sociedad para cambiar el mundo?

La respuesta, la mayoría de las veces, parece ser un rotundo no.

A medida que enfrentamos, y seguiremos enfrentando, confusión y contención en el mundo que nos rodea, tenemos la bendición de tener el ejemplo supremo de Jesucristo para inspirarnos. 

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Jesús cambió el mundo porque trató de conquistar los corazones de las personas, en lugar de las ciudades.

En lugar de crear foros para convencer y cambiar a la gente de opinión, sin contender ni discutir, sin atacar a otros, Jesús plantó semillas de fe y amor. Él sabía que para crecer en gracia y verdad necesitaríamos corazones mansos y nobles en lugar de corazones duros moldeados por la influencia del mundo.

Al comprender cómo Jesús impactó al mundo que lo rodeaba como parte de su misión divina, podemos entender mejor cómo impactar el mundo de manera permanente.

Jesús enseñó la verdad

Jesús enseñó y vivió verdades eternas. Él dijo: 

“Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” – Juan 8: 31-31

Con tanta información y desinformación, disponible a nuestro alcance, aprender y aplicar la verdad es esencial.

Descubrimos la verdad a través del estudio, la reflexión y la oración. Deberíamos buscar múltiples puntos de vista, observar de cerca las fuentes de credibilidad y preguntarnos si la información que estamos revisando se alinea con los dos grandes mandamientos de amar a Dios y amar a los demás.

Podemos compartir verdades con claridad y seguridad. Si bien la pasión de nuestras convicciones puede ayudar a inspirar a otros, debemos tratar de evitar argumentos confusos que tengan la intención de manipular o distorsionar la verdad para ser más persuasivos.

Podemos confiar en que el Espíritu Santo permitirá que la verdad resuene en los demás. Recuerda que Nefi enseñó que “los culpables hallan la verdad dura, porque los hiere hasta el centro”.

Jesús fue un ejemplo de humildad

Un día con Jesús

A menos que tengamos cuidado, sentirnos sabios y llenos de verdad puede confundirse fácilmente con el orgullo. Jesús glorificó al Padre en todas las cosas; las verdades del evangelio no se usaron para aumentar Su posición o provocar los elogios del mundo. En Juan 5:19, le dijo a una multitud enojada:

“De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, esto también lo hace el Hijo de igual manera”.

Las personas pierden el interés casi de inmediato cuando alguien actúa como si fuera superior en inteligencia o comprensión. No sólo debemos evitar actuar con superioridad, sino que debemos creer en el principio de progresividad, donde todos estamos en un aprendizaje constante.

No existe un solo punto de esta vida en donde hayamos podido aprenderlo todo. Debemos siempre poner nuestra confianza en Dios y glorificarlo por lo que sea que hayamos comprendido.

Deberíamos aprovechar las oportunidades que tenemos para ver diferentes perspectivas y aprender de los demás. Debemos permanecer abiertos a aprender de Dios y ser corregidos.

El élder F. Enzio Busche dijo una vez:

“Dios sabe mejor que tú sobre lo que necesitas. Él siempre intentará hablar contigo. Escucha y sigue las incómodas sugerencias que nos hace: Todo saldrá bien”.

A medida que aceptamos ser humildes, nuestras motivaciones se verán purificadas y tendremos más poder e inspiración al compartir nuestros mensajes.

Jesús perdonaba con frecuencia

Un día con Jesús - ministración

Se nos ha mandado perdonar a todos. Es de humanos, especialmente en momentos difíciles, querer venganza y retribución. Sin embargo, en nuestros esfuerzos por buscar justicia, debemos tener cuidado con el odio que intenta corroer nuestra sensibilidad al Espíritu.

El perdón no es absolución. El perdón no elimina las consecuencias. Perdonar significa que reconoces que Dios es el juez supremo y estás dispuesto a renunciar a tu deseo sobre cómo juzgar a quién te ha ofendido.

No te quedes en situaciones peligrosas. No toleres lo malo, pero perdona las faltas de tu prójimo, extiende misericordia, extiende una mano amiga. Jesús dijo a lo largo de las Escrituras que Su “mano aún está extendida” (2 Ne 19: 12). 

Si estamos dispuestos a emular Su ejemplo, debemos hacer todo lo posible para mantener nuestras manos extendidas hacia todos los hijos de Dios.

Jesús nunca comparó el dolor de las personas

Un día con Jesús

El dolor puede ser comparado. Los niveles de impacto y tragedia existen en una escala que a menudo es oscura. Está claro que un raspón emocional no es lo mismo que una herida de bala emocional.

Décadas de racismo no se comparan con alguien que se siente incómodo al descubrir verdades sobre la sociedad y la cultura en la que vivimos. Jesús es un gran ejemplo, Él nunca usó Su dolor en contra de nosotros, a pesar de tener todo el derecho de hacerlo.

En la escala del dolor, Él gana. Siempre. Su sufrimiento por toda la humanidad es inconmensurable. Sin embargo, Él no compara Su experiencia con la nuestra, excepto para ofrecer esperanza a través de la redención. 

Él no nos dice que nuestro dolor no importa o es intrascendente sólo porque el Suyo fue mayor.

el profeta y los mandamientos

Él entiende todo dolor.

Busca consolar al niño que pierde su juguete favorito, al joven que fue rechazado por la jovencita que le gustaba, a la joven que ha sido agredida sexualmente, a las víctimas de desastres naturales catastróficos y a las comunidades devastadas y atormentadas por el racismo. 

Él busca consolarnos a todos.

No debemos tomar a la ligera los problemas serios al poner nuestras experiencias claramente menores con aquellas de mayor magnitud. Lo que es una verdad sincera, es que el dolor puede debilitar a las personas.

“In His Keeping” por Yongsung Kim

El hombre natural nos hace preocuparnos por nuestro dolor y solo nuestro dolor. Si queremos pedirle a alguien que afronte el dolor que tiene debemos fortalecerlo primero al reconocer su experiencia en lugar de menospreciarla.

Esto no significa que lo aprobemos como una excusa para la inacción. Simplemente significa que estamos ahí para ellos, como lo hace Cristo, que los acompañaremos en ese momento de necesidad.

Las pruebas que atravesamos suceden por una razón en el gran esquema de las cosas, nos hacen más fuertes, aprendemos de ellas. Todo lo que se necesita para convertir nuestras debilidades en fortalezas es acudir y seguir al Salvador (Eter 12: 27).

Jesús confió en la voluntad de Su padre

Todos anhelamos un mundo lleno de paz. Sin embargo, sabemos en los últimos días “se levantará nación contra nación y reino contra reino; y habrá pestilencias, y hambres y terremotos en diferentes lugares. Y muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.” (Mateo 24: 7, 10, 12).

Siempre habrá esperanza gracias a Jesús. Los corazones pueden y serán cambiados, especialmente cuando como discípulos de Jesús seguimos verdaderamente Sus enseñanzas y ejemplo de amor.

Cuando veamos que el mundo se vuelve cada vez más oscuro, debemos recordar tener fe y esperanza, un día la luz de nuestro Redentor brillará con una gloria sin igual para nunca volver a atenuarse.

Todas las cosas en Él serán respondidas. En Él confiamos, en Él esperamos, en Él ganaremos. 

Fuente: ldsdaily.com

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