La Iglesia de Jesucristo es conocida por su estándar de normas que ayudan a los miembros a vivir de forma digna y recibir las bendiciones de Dios. Sin embargo, ¿alguna vez te has preguntado qué pasa cuando esas normas se desobedecen deliberadamente?
¿Qué pasa cuando un miembro comete una transgresión grave? Pues ahí es donde entra un tema no muy hablado dentro de la Iglesia de Jesucristo: los consejos de membresía.
Estas son medidas mayores que buscan ayudar a quien ha cometido un pecado grave a encontrar nuevamente su camino hacia Jesucristo y restaurar su relación con Dios. A continuación te explicamos un poco más sobre este tema.
¿Qué es un consejo de membresía?

Un consejo de membresía, antes llamado «consejo disciplinario», es una reunión privada dirigida por líderes locales de la Iglesia cuando un miembro ha cometido una transgresión considerada grave. En cuanto a esto, el élder M. Russell Ballard explicó que:
«Los propósitos de los consejos disciplinarios son: [1] salvar las almas de los transgresores, [2] proteger a los inocentes y [3] salvaguardar la pureza, la integridad y el buen nombre de la Iglesia».
Estos consejos no buscan avergonzar públicamente, sino que forman parte del proceso de arrepentimiento que el miembro debe seguir para resolver su situación espiritual con Dios. Por eso, se realizan en ambientes donde haya una conversación sincera y confidencialidad.
Antes de llegar a un consejo, normalmente el obispo o presidente de estaca ya ha conversado varias veces con la persona involucrada para escucharla, orientarla y ayudarla espiritualmente.
¿Por qué alguien podría enfrentar uno?

La mayoría de los errores o pecados no llevan a un consejo de membresía porque muchas situaciones se resuelven mediante arrepentimiento personal y, de ser necesario, orientación por parte del obispo.
Casos como no asistir a la iglesia, no pagar diezmos, tener dudas personales, luchas espirituales o tener tensiones con otros miembros no requieren un consejo de membresía. Sin embargo, hay transgresiones consideradas graves que sí requieren un consejo de membresía.
Entre ellas están el abuso sexual, violencia física, adulterio, fraude, delitos contra la ley, apostasía pública persistente y conductas que puedan dañar a otras personas o afectar críticamente la integridad de otras personas.
Cabe resaltar que la Iglesia de Jesucristo no tiene ningún tipo de tolerancia frente al abuso infantil y otras formas de violencia o explotación.
Cómo funciona un consejo de membresía

Cuando un líder considera necesario realizar un consejo, la persona es invitada a una reunión privada. Dependiendo del caso, puede hacerse a nivel de barrio con el obispo y sus consejeros, o a nivel de estaca cuando involucra situaciones más graves como por ejemplo, excomulgar a un poseedor del Sacerdocio de Melquisedec.
El consejo de membresía comienza con oración. Después, la persona tiene la oportunidad de explicar lo ocurrido, hablar sobre su arrepentimiento y responder preguntas para aclarar su situación. También puede presentar evidencia o testigos en su favor.
Luego, el miembro procede a retirarse y los líderes en el consejo deliberan en privado buscando inspiración espiritual antes de tomar una decisión. El élder M. Russell Ballard explicó este proceso así:
«El consejo toma en consideración muchos factores, por ejemplo: si se han quebrantado los convenios del templo o del matrimonio; si se ha abusado de una posición de confianza o autoridad; la repetición, gravedad y magnitud de la transgresión; la edad, madurez y experiencia del transgresor; los intereses de las víctimas inocentes y de los familiares inocentes; el tiempo transcurrido entre la transgresión y la confesión; si la confesión fue voluntaria o no; y las muestras de arrepentimiento».
Ellos hacen todo esto con el único objetivo de ayudar a la persona a acercarse nuevamente a Dios.
Las posibles decisiones finales

Los consejos de membresía pueden terminar en diferentes medidas dependiendo de cada situación. En algunos casos puede decidirse que no haya una sanción formal adicional, que se establezca un período de prueba o restricciones temporales.
Otra medida es la suspensión de derechos de membresía, donde la persona sigue siendo miembro de la Iglesia de Jesucristo, pero temporalmente no puede participar plenamente de algunas actividades o asignaciones.
Finalmente, la medida más severa es la pérdida de membresía, conocida tradicionalmente como «excomunión» en el que la persona deja de ser miembro de la Iglesia de Jesucristo. Aun así, el o ella puede seguir asistiendo a las reuniones dominicales y recibir apoyo espiritual. Eso no se le quita a nadie.
La Iglesia de Jesucristo afirma que ninguna de estas medidas debería verse como un final, sino como el inicio del arrepentimiento para un regreso más puro al camino de Dios. Así que incluso esta medida es un símbolo de esperanza.
«Tribunales de amor»

En 1972, el élder Robert L. Simpson, asistente del Consejo de los Doce en ese entonces, se refirió a los consejos de membresía con un término especial. Él expresó:
«Los tribunales sacerdotales de la Iglesia no son tribunales de venganza. Son tribunales de amor. ¡Ojalá los miembros de la Iglesia comprendieran esto!»
La idea detrás de este término era enseñar que el objetivo de estos consejos no es destruir a alguien espiritualmente, sino ayudarle a volver a Cristo. Aunque al inicio puede ser doloroso pasar por esto, muchas personas que pasan por un consejo de membresía pueden vivir experiencias de cambio profundo, apoyo espiritual y reconciliación con Dios.
Aunque este término rara vez se use en este tiempo, nos recuerda que un consejo de membresía no es un castigo sino una forma de aprender a sentir el amor de Dios.
La posibilidad de volver

Los consejos de membresía giran en torno a la creencia de que Jesucristo puede transformar la vida de todas las personas. Por eso, se nos enseña constantemente que nadie debe ser definido para siempre por sus errores.
La posibilidad de cambiar y volver a empezar es parte esencial del evangelio de Jesucristo. El presidente Spencer W. Kimball enseñó que:
«Por medio del arrepentimiento sincero y del poder redentor del Salvador, podemos recibir el milagro del perdón».
Al final, los consejos de membresía, aunque requieran tomar ciertas medidas severas, buscan justamente ayudar a las personas a arrepentirse con sinceridad y a procurar ese poder de Cristo para ser perdonados.
Fuente: FAIR, Sala de Prensa, Temas (Disciplina Eclesiástica)
