Cuando pensamos en la fidelidad dentro del matrimonio, normalmente pensamos en algo muy concreto: serle fiel a nuestro cónyuge y no tener una relación con otra persona.
Y sí, eso es parte de la fidelidad.
Pero un proyecto de investigación que estudió a cientos de matrimonios de distintas tradiciones religiosas encontró que las parejas que describían sus matrimonios como sólidos hablaban de la fidelidad de una manera mucho más amplia.
Para ellas, ser fiel también significaba ser honesto, cuidar el vínculo emocional, cumplir las promesas y permanecer comprometidos incluso cuando la relación atravesaba momentos difíciles.
El estudio “American Families of Faith”, que entrevistó a parejas cristianas, judías y musulmanas de distintos contextos, identificó dos virtudes que aparecían constantemente en sus testimonios: la fidelidad y la integridad.
Y quizá una de las preguntas más interesantes que deja esta investigación es esta: ¿qué significa realmente ser fiel cuando el matrimonio deja de sentirse como el día de la boda y empieza a enfrentarse a la vida real?
La fidelidad va mucho más allá de no ser infiel

Para las parejas entrevistadas, la fidelidad no consistía solamente en evitar una relación extramarital. También tenía que ver con la manera en que se comportaban cuando su cónyuge no estaba presente.
Uno de los esposos entrevistados explicó que decidió vivir de tal manera que no tuviera nada que esconderle a su esposa. Esa decisión, según contó, terminó influyendo incluso en pequeñas cosas de su vida cotidiana, antes de hacer algo, se preguntaba si sería algo que preferiría ocultarle.
Otro participante explicó que una persona puede ser cariñosa, atenta y amorosa con su cónyuge, pero que una traición puede afectar profundamente la confianza que sostiene la relación.
Para él, la fidelidad debía mantenerse tanto dentro como fuera del hogar. Y había otra razón: los hijos también observan.
Cuando los niños ven que sus padres se respetan, se cumplen las promesas y permanecen unidos durante las dificultades, aprenden con el ejemplo qué significa comprometerse con alguien.
La integridad es una decisión que se toma todos los días

En las entrevistas, la integridad apareció una y otra vez como una de las bases de un matrimonio saludable. Esto cobra todavía más sentido cuando pensamos en todo lo que puede atravesar una pareja con los años.
Problemas económicos, estrés laboral, diferencias familiares, crianza de los hijos, enfermedades, conflictos e incluso la pérdida de seres queridos pueden poner presión sobre una relación.
Las parejas estudiadas no afirmaban tener matrimonios perfectos. Lo que destacaban era que la confianza construida durante los años les permitía enfrentar juntas esas dificultades.
Uno de los esposos entrevistados explicó que el carácter y la integridad son una fuente esencial de fortaleza porque permiten que el cónyuge sepa que puede confiar en la otra persona.
Y la confianza no aparece de un día para otro. Se construye cuando nuestras palabras coinciden con nuestras acciones, cuando cumplimos lo que prometemos y cuando tratamos a nuestro cónyuge con el mismo respeto tanto en privado como frente a los demás.
Cuando la fe también forma parte del compromiso

Para muchas de las parejas entrevistadas, la religión tenía un papel importante en la manera en que entendían la fidelidad. No se trataba solamente de seguir una regla. Su fe les daba una razón para permanecer comprometidos con sus matrimonios.
Uno de los participantes, por ejemplo, explicó que pasaba buena parte del mes viajando por trabajo y que, en ese contexto, podía encontrarse con diferentes tentaciones. Para él, su fe era una fuente de fortaleza para mantenerse fiel a los compromisos que había hecho.
Otros relacionaron directamente la fidelidad con las promesas hechas ante Dios. Y esta perspectiva tiene un significado particular para los Santos de los Últimos Días.
Una pareja entrevistada describió el matrimonio como una relación de tres partes: el esposo, la esposa y Dios.
Al casarse, explicaron, hicieron convenios para ser fieles el uno al otro y para recordar y seguir a Dios.
Cuando un matrimonio se entiende también como un convenio con Dios, la fidelidad deja de ser solamente una promesa entre dos personas.
Esto no significa que un matrimonio esté libre de problemas. Significa que, en medio de ellos, la pareja tiene un propósito espiritual que puede ayudarla a recordar por qué decidió permanecer unida.
¿Qué pasa cuando cumplir la promesa se vuelve difícil?

Una de las reflexiones más interesantes de las entrevistas vino de un esposo que habló sobre las promesas matrimoniales.
En esencia, planteó una pregunta: cuando todo está bien, es sencillo pensar que mantendremos nuestros compromisos. Pero ¿qué ocurre cuando llegan los problemas?
Esa pregunta toca una parte importante del matrimonio que a veces queda fuera de las fotografías, los aniversarios y las celebraciones.
La fidelidad se vuelve especialmente significativa cuando permanecer comprometidos requiere esfuerzo.
Los años de matrimonio inevitablemente traerán momentos incómodos. Habrá conversaciones difíciles, desacuerdos y temporadas en las que uno o ambos tendrán que esforzarse más para cuidar la relación.
Por eso, la fidelidad no debería entenderse únicamente como una promesa de “no hacer algo”.
También puede significar elegir constantemente la honestidad, la paciencia, el respeto y la lealtad hacia la persona con quien decidimos compartir nuestra vida.
No se trata de matrimonios perfectos

La película “Up” muestra esto de una manera sencilla a través de Carl y Ellie. Su historia comienza cuando son niños y continúa a lo largo de toda una vida juntos. Tienen sueños, dificultades y planes que no siempre salen como esperaban.
Su historia funciona como una imagen de algo que también apareció en la investigación: un matrimonio duradero no necesariamente es un matrimonio sin problemas.
Las parejas del proyecto “American Families of Faith” llevaban, en promedio, más de 20 años de matrimonio. Sus experiencias muestran que la estabilidad no depende de que todo salga bien, sino de cómo una pareja responde cuando las cosas no salen como esperaba.
Uno de los padres entrevistados describió a su esposa diciendo que ella estaba comprometida con el matrimonio incluso antes de estar casada con él.
Después de más de cuatro décadas juntos, también expresó que no podía imaginar el cielo sin ella. El amor duradero no se construye solamente con grandes momentos. Se construye con pequeñas decisiones repetidas durante años.
Elegir la honestidad. Cumplir una promesa. Cuidar la confianza. Resolver un conflicto en lugar de ignorarlo. Recordar los convenios. Volver a elegir a la misma persona una y otra vez. Eso es lo que convierte la fidelidad y la integridad en algo más que conceptos.
Son virtudes que una pareja puede practicar todos los días. Y para quienes han hecho convenios matrimoniales con Dios, también pueden convertirse en una manera de honrar esos convenios mientras construyen un hogar basado en amor, confianza y fe.
Fuente: Public Square Magazine
