Decidir formar una familia es una de las decisiones más importantes que tomaremos. Al mismo tiempo, también puede ser una de las que más preguntas genera.
Es común pensar en la estabilidad económica, el trabajo, la vivienda o los estudios antes de dar ese paso. Muchos matrimonios jóvenes se preguntan si este es realmente el momento adecuado o si deberían esperar un poco más hasta sentirse preparados.
Son inquietudes válidas. Sin embargo, el Evangelio nos invita a mirar la familia desde una perspectiva mucho más amplia que la que ofrece el mundo.
La familia forma parte del plan de Dios

Cuando entendemos el Plan de Salvación, comprendemos que la familia no es simplemente una etapa de la vida. Es parte del propósito por el que vinimos a la tierra.
Antes de nuestro nacimiento vivíamos con nuestro Padre Celestial como Sus hijos espirituales. Esta vida mortal nos brinda la oportunidad de aprender, crecer y llegar a ser más semejantes a Él. Dentro de ese proceso, la familia ocupa un lugar central.
El Señor declaró que Su obra y Su gloria consisten en «llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre» (Moisés 1:39).
Cuando un matrimonio decide recibir hijos con fe, participa en esa obra sagrada al ofrecer un hogar donde ellos puedan crecer, aprender el Evangelio y desarrollar una relación con Jesucristo.
Criar una familia también transforma a los padres. Cada sacrificio, cada decisión y cada desafío nos ayuda a desarrollar atributos semejantes a los del Salvador, como la paciencia, el servicio, la compasión y el amor desinteresado.
Actuar con fe

Hoy es común escuchar que primero debemos alcanzar cierta estabilidad antes de pensar en tener hijos.
Muchas personas consideran que terminar los estudios, viajar, consolidar una carrera profesional o lograr una mejor situación económica deberían tener prioridad.
Durante la conferencia general, el élder Neil L. Andersen, del Cuórum de los Doce Apóstoles, recordó que esa forma de pensar no siempre coincide con la perspectiva del Señor.
Él enseñó que, aunque la decisión sobre cuándo tener hijos corresponde únicamente al esposo, la esposa y el Señor, los hijos nunca deben verse como un obstáculo para nuestros planes, sino como una parte esencial del plan de Dios para nosotros.
También recordó que los Santos de los Últimos Días, incluso en tiempos difíciles, han procurado obedecer el mandamiento de multiplicarse y henchir la tierra, confiando en que el Señor puede fortalecerlos en ese camino.
El mito del momento perfecto

Uno de los mayores desafíos para muchos matrimonios jóvenes es creer que algún día llegará el momento ideal para formar una familia. La realidad es que pocas personas sienten que tienen todo bajo control antes de convertirse en padres.
El élder Robert D. Hales abordó este tema al responder una pregunta que muchas parejas se hacen.
¿No sería mejor terminar los estudios, conseguir estabilidad económica y después pensar en tener hijos?
Al citar al presidente Spencer W. Kimball, recordó una enseñanza que sigue siendo relevante para nuestra época.
El presidente Kimball explicó que no existen enseñanzas del Señor que indiquen que los matrimonios jóvenes deban retrasar el crecimiento de su familia por motivos relacionados únicamente con la educación o la economía.
También enseñó que, con determinación y esfuerzo, es posible avanzar tanto en la formación profesional como en la responsabilidad de criar hijos.
Habrá ajustes, sacrificios y momentos en los que los recursos parezcan insuficientes. Sin embargo, muchas familias descubren que esos años de esfuerzo terminan convirtiéndose en algunos de los más felices y significativos de su vida.
La preparación más importante no aparece en una cuenta bancaria
Es prudente planificar, ahorrar y ser responsables con nuestras decisiones. El Señor espera que actuemos con sabiduría.
Pero la preparación espiritual es tan importante como cualquier preparación material.
Un matrimonio que aprende a orar unido, a buscar revelación y a confiar en el Señor desarrolla una fortaleza que ningún plan financiero puede reemplazar.
La fe no elimina todos los desafíos, pero sí cambia la forma en que los enfrentamos.
Dar el siguiente paso confiando en el Señor

Cada familia tiene circunstancias diferentes y la decisión sobre cuándo tener hijos debe tomarse mediante oración y revelación personal. Sin embargo, el miedo no debería ser el principal consejero cuando buscamos cumplir los propósitos del Señor.
Las Escrituras muestran una y otra vez que el Señor fortalece a quienes avanzan con fe.
Cuando Moisés llegó al mar Rojo, las aguas no se abrieron mientras el pueblo permanecía inmóvil. Primero fue necesario dar el paso hacia adelante y confiar en que Dios haría posible lo que parecía imposible.
De manera similar, muchas parejas descubren que las respuestas, las oportunidades y las bendiciones llegan mientras avanzan con fe y permanecen cerca de Jesucristo.
Cuando edificamos nuestro hogar sobre Él, podemos enfrentar la incertidumbre con esperanza, sabiendo que el Señor guía y fortalece a quienes procuran seguir Su voluntad.
Fuente: Add Faith
