Cuando se trata de la historia de Adán y Eva, hay una curiosidad que muchos han notado y que podría cambiar nuestra perspectiva sobre lo que pasó.
Si Dios sabía que la Caída de Adán y Eva era necesaria para que el plan de salvación avanzara, entonces, ¿por qué Satanás tentó a Eva? ¿Acaso estaba ayudando a Dios sin saberlo?
Esas preguntas, aunque parezcan ingenuas, pueden llevar a un malentendido. Porque si la Caída era necesaria, parece lógico pensar que Satanás solo “hizo su parte en el plan”. Pero eso no es cierto.
La respuesta a todo este tema es más profunda y más relevante de lo que imaginamos.
¿Hizo Satanás exactamente lo que Dios quería?

Dentro de la doctrina restaurada, entendemos que la Caída no fue un accidente, sino un paso esencial para que la humanidad pudiera progresar. Sin oposición, no hay albedrío y sin albedrío, no hay crecimiento.
Hasta ahí todo claro, pero aquí está el punto clave que muchas veces se pasa por alto: que algo sea permitido no significa que sea aprobado.
Satanás no tentó a Eva porque quisiera ayudar al plan de Dios, sino porque quería destruirlo. El libro de Moisés lo afirma con claridad:
“Y Satanás… no conocía la mente de Dios, de manera que procuraba destruir el mundo”.
Ese pasaje indica que Satanás no actuó como un colaborador del plan de Dios sino como lo que siempre ha sido: un opositor consciente.
Entonces, ¿no sabía Satanás que estaba ayudando al plan de Dios?

Bueno, entonces surge otra pregunta lógica: si Satanás se oponía al plan, ¿no pudo darse cuenta de que al final estaba ayudando a que se cumpliera? Aquí hay que hacer hincapié en una distinción: saber no es lo mismo que comprender.
Sí, Satanás conocía el plan de salvación. Estuvo presente en el concilio en los cielos y sabía que la humanidad debía avanzar. Pero no entendía los medios de Dios para lograrlo.
Debido a esa falta de comprensión, para él, tentar a Adán y Eva era una forma de quebrantar el plan porque, como el suyo no fue aceptado, se propuso destruir el de Dios. Como declara la revelación moderna, Satanás es:
“aquel inicuo que fue mentiroso desde el principio”.
Satanás no tentó a Eva para cumplir el plan, sino para quebrantarlo mediante la mentira. Esa fue siempre su intención desde el principio.
El propósito de Dios

Parte de toda esta confusión surge porque Adán y Eva recibieron dos mandamientos centrales que parecían entrar en conflicto:
- No comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal.
- Multiplicarse y henchir la tierra.
Aunque algunos piensen que Dios se contradecía al extender estos mandamientos. Lo que en realidad pasó es que les estaba dando a Adán y a Eva una oportunidad real de usar su albedrío para elegir su destino.
El profeta Lehi explicó esto con sabias palabras:
“Porque es preciso que haya una oposición en todas las cosas”.
Para Adán y Eva, esa oposición representaba la tensión entre ambos mandamientos. La existencia de mandamientos contrastantes creó el espacio para que ellos ejerzan su albedrío.
Satanás aprovechó eso para engañar. Y Dios lo permitió para enseñar, redimir y llevar adelante Su plan eterno.
Lo que esto nos enseña hoy

Esta experiencia nos enseña un principio clave: Dios conoce los planes de Satanás y siempre los frustrará. Gracias a Su infinita sabiduría, Él puede transformar los intentos del adversario en oportunidades de redención.
Por eso, aunque Satanás siempre busque someternos a él, Dios siempre nos abrirá la puerta a la libertad:
“Los hombres son libres… para escoger la libertad y la vida eterna… o escoger la cautividad y la muerte”. (2 Nefi 2:27)
Satanás nunca comprenderá plenamente el plan de Dios porque no entiende el amor desinteresado. Dios, en cambio, nos da mandamientos pero también respeta nuestra libertad incluso cuando implica riesgo, porque confía en lo que podemos llegar a ser.
Hoy, cada vez que eliges el bien en medio de la oposición, estás demostrando algo que Satanás jamás pudo: confiar en el plan de Dios sin manipularlo. Y eso es lo que realmente hace avanzar el plan de salvación.
Fuente: Ask Gramps



