En la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, hay una frase que escuchamos con frecuencia desde que somos niños: seguir al profeta. Para los Santos de los Últimos Días, esa idea expresa una convicción central del evangelio restaurado. Creemos que Dios continúa guiando a Su Iglesia mediante profetas vivientes.

Sin embargo, en el mundo actual aparece una pregunta que no siempre es fácil de enfrentar. 

¿Seguimos al profeta de manera constante o solo cuando su consejo coincide con lo que ya pensamos?

No es una pregunta cómoda, pero sí una reflexión importante para nuestra fe.

Cuando la fe convive con las opiniones

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Vivimos en una época donde las opiniones se expresan con rapidez. Las redes sociales, los debates públicos y las discusiones culturales suelen dividir a las personas en grupos con ideas muy marcadas.

Los miembros de la Iglesia no vivimos aislados de ese ambiente. También tenemos opiniones, preferencias y puntos de vista sobre muchos temas. El desafío aparece cuando esas ideas empiezan a influir en la manera en que escuchamos el consejo profético.

A veces sucede algo sutil. Cuando una enseñanza del profeta confirma lo que ya pensamos, la compartimos con entusiasmo. Pero cuando nos invita a reconsiderar algo que creemos con fuerza, puede resultar más difícil aceptarla o reflexionarla con calma.

Con el tiempo, ese patrón puede cambiar nuestra perspectiva. El profeta deja de ser una guía espiritual y comienza a convertirse simplemente en una fuente que citamos cuando respalda nuestras opiniones.

El riesgo de escuchar de forma selectiva

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A lo largo de las décadas, los profetas han enseñado principios que no siempre encajan perfectamente en una sola forma de pensar. Sus mensajes han hablado de cuidar a los necesitados, fortalecer a la familia, defender la libertad religiosa, buscar la paz y cultivar la unidad.

Profetas como Gordon B. Hinckley o Thomas S. Monson recordaban con frecuencia la importancia de la bondad, la responsabilidad personal y el respeto hacia los demás.

También el presidente Russell M. Nelson enseñaba principios similares. Sus mensajes solían centrarse en la paz, la reconciliación, la revelación personal y el discipulado diario. Hoy el presidente Oaks no deja ese mismo camino.

Muchas de estas enseñanzas van más allá de cualquier discusión del momento. Invitan a un cambio espiritual más profundo que simplemente defender una postura.

Lo que realmente significa seguir al profeta

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Seguir al profeta nunca ha significado aceptar ideas sin pensar ni dejar de tener preguntas. Más bien implica algo que a veces resulta más difícil: humildad espiritual.

Esa humildad nos permite evaluar nuestras propias ideas a la luz del evangelio. Nos ayuda a preguntarnos si estamos escuchando con un corazón dispuesto a aprender o simplemente buscando confirmación de lo que ya creemos.

Las Escrituras muestran ese proceso con claridad. En el libro de Libro de Mormón encontramos la experiencia de la familia de Lehi. Todos siguieron al profeta al salir de Jerusalén, pero no todos lo hicieron con la misma actitud.

El momento en que Sariah encontró su propio testimonio

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Al inicio del viaje, Sariah experimentó dudas reales. Después de enviar a sus hijos de regreso a Jerusalén para recuperar las planchas de bronce, pensó que habían muerto. En su angustia llegó a cuestionar la decisión de haber dejado su hogar.

Sin embargo, cuando sus hijos regresaron sanos y salvos, algo cambió en su corazón. En ese momento declaró con convicción que ahora sabía que el Señor había guiado a su esposo. Su fe ya no dependía solo del testimonio de Lehi, sino de una confirmación personal.
(1 Nefi 5:8)

Ese momento refleja un principio importante del evangelio. Seguir al profeta no reemplaza nuestra propia búsqueda espiritual. La fortalece.

Cuando el camino no es tan recto como imaginamos

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Las Escrituras también describen el camino del discipulado como “angosto y estrecho”. La palabra “estrecho” proviene de la idea de un paso angosto, como un canal de agua que requiere cuidado para navegar.

Ese detalle es interesante porque un paso estrecho no siempre es recto. Puede tener curvas, cambios de dirección y momentos difíciles.

Nuestra vida espiritual funciona de manera similar. A veces el camino incluye dudas, aprendizaje y ajustes. Eso no significa que estemos perdidos. Significa que seguimos avanzando mientras buscamos al Señor.

Más que una frase, una decisión diaria

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Decir que seguimos al profeta es sencillo. Vivirlo con sinceridad requiere algo más profundo.

Significa escuchar incluso cuando el consejo nos invita a cambiar algo en nuestra vida. Significa buscar revelación personal para entender mejor las enseñanzas del Señor. Y significa recordar que la guía profética no existe para confirmar nuestras ideas, sino para acercarnos más a Cristo.

En última instancia, seguir al profeta nunca fue pensado como algo conveniente.

Es una invitación a permitir que el evangelio transforme nuestro corazón, paso a paso, mientras caminamos por la senda que conduce de regreso a Dios.

Fuente: Moroni Channel, LDS Living & Meridian Magazine   

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