Algunas rupturas amorosas no solo terminan una relación, sino que también ponen punto final a conversaciones que todavía querías tener, a planes que ya dabas por hechos y a una versión del futuro que habías comenzado a imaginar junto a alguien.

Por eso, cuando una relación termina, es normal sentir que no sabes muy bien qué hacer con todo lo que queda. Incluso puede que algunos se pregunten: ¿qué hice mal? ¿No fui suficiente? ¿Volveré a sentir algo así por alguien?

Si estás pasando por eso, quiero que sepas que estar triste por una ruptura no significa que te falte fe, sino que estás atravesando una pérdida y que tu corazón necesita tiempo para acomodarse a una realidad que no era la que esperabas.

Sanar de una ruptura amorosa consiste en aprender, poco a poco, a vivir nuevamente sin que ese dolor defina quién eres. Aquí te compartimos algunos consejos para superar esta etapa.

Date permiso para sentir lo que estás sintiendo

Puedes orar y llorar, puedes confiar en Dios y, al mismo tiempo, extrañar a esa persona. Imagen: masfe.org

A veces queremos sanar demasiado rápido y para eso tratamos de convencernos de que deberíamos estar bien porque «todo pasa por algo» o porque tenemos fe en que Dios tiene un plan. Pero tener fe no significa fingir que no hay dolor.

Puedes orar y llorar, puedes confiar en Dios y, al mismo tiempo, extrañar a esa persona. Puedes saber que la relación terminó por una razón y aun así sentir tristeza cuando recuerdas lo que viviste con esa persona. En el libro de Salmo leemos:

«Él sana a los quebrantados de corazón y venda sus heridas».

Hay algo hermoso en esa promesa: Dios no desprecia un corazón herido, sino que se acerca a él.

Quizás en el camino de la sanación sentirás que algunos días avanzaste mucho y otros una canción, una fotografía o un lugar volverán a despertar recuerdos. Y eso es normal.

Debes saber que sanarse de una ruptura amorosa no es una línea recta.

No conviertas una ruptura en un juicio contra ti mismo

depresión
No tienes menos valor porque tu relación se haya terminado. Imagen: Canva

Cuando alguien deja de elegirnos, es fácil pensar que algo está mal con nosotros.

De pronto comienzas a comparar tu apariencia, tu personalidad o tu forma de amar con la de otras personas. y piensas que si hubieras dicho algo diferente o si hubieras sido «mejor», tu relación habría terminado de otra manera. Pero una ruptura no significa que tú hayas fracasado.

Dos personas pueden quererse y descubrir que no pueden construir la vida que imaginaban juntos. También puede suceder que una relación simplemente llegue a un punto en el que continuar ya no sea lo correcto y eso puede doler mucho, pero el final de una relación no determina tu valor como persona.

Tu valor no depende de si alguien haya decidido quedarse contigo o no. Doctrina y Convenios 18:10 nos enseña:

«Recordad que el valor de las almas es grande a la vista de Dios».

Antes de ser pareja de alguien o de que alguien que amabas haya decidido marcharse, ya eras una persona de valor para Dios.

Y después de la ruptura, sigues siéndolo.

También estás despidiéndote de un futuro que imaginaste

ruptura amorosa
Algo que duele cuando se termina una relación es despedirse de todos esos planes futuros que tenías con tu ex. Imagen: Canva

Quizás lo que más te duele no es solamente haber perdido a esa persona, sino que también perdiste los planes que tenías a futuro. Tal vez imaginabas dónde vivirían, la familia que formarían o simplemente cómo sería despertar a su lado muchos años después.

Cuando una relación termina, todos esos escenarios pueden desaparecer de golpe y es normal sentir pesar y pena por la vida que creías que ibas a tener y que ahora ya no será realidad.

Pero no necesitas resolver ahora cómo será todo tu futuro. No tienes que saber cuándo volverás a enamorarte, no tienes que comenzar a buscar a otra persona deseperadamente y tampoco necesitas tener una respuesta para cada pregunta que hoy te produce ansiedad.

Por ahora, basta con dar el siguiente paso. A veces confiar en Dios significa caminar con Él mientras todavía no puedes ver el camino completo. Proverbios 3:5-6 nos dice:

«Confía en Jehová con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas».

El futuro que habías imaginado puede haber cambiado, pero eso no significa que Dios haya dejado de trabajar en tu vida.

No necesitas dejar de amar para comenzar a sanar

mujer mirando al cielo
No tienes que convertir el amor que sentiste en resentimiento. Imagen: Canva

Una de las cosas más difíciles de una ruptura es aceptar que sanar no siempre significa dejar de sentir. Quizás todavía quieras a esa persona o tal vez una parte de ti desearía que las cosas hubieran sido diferentes.

Sea lo que sientas, no tienes que convertir el amor que sentiste en resentimiento para poder seguir adelante.

Puedes agradecer lo bueno que viviste y aceptar que terminó. Puedes reconocer que esa persona fue importante para ti sin dejar que su recuerdo frene tu futuro y también puedes aprender que extrañar a esa persona no significa que debas regresar.

Hay recuerdos que podemos guardar con cariño sin tener que volver a vivirlos.

Cuida de ti mientras tu corazón se recupera

amistades; amigos; amigas
Vuelve a las actividades que llenaban tu vida de tranquilidad y calma. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Cuando estamos heridos por amor, podemos hacer cosas que mantienen abierta la herida sin darnos cuenta.

Revisar constantemente las redes sociales de tu expareja, seguir viendo sus publicaciones con esperanzas de tener un contacto amoroso de nuevo o preguntarle a otras personas qué está haciendo puede darte unos minutos de alivio o curiosidad, pero también puede retrasar el proceso de soltar.

Por ahora es mejor tomar distancia simplemente para cuidar tu paz.

También intenta recuperar aquellas partes de ti que quizá quedaron en segundo plano durante la relación. Vuelve a tus amigos, a tus hobbies, a tus metas y a las cosas que disfrutabas hacer por tu cuenta. Y, sobre todo, habla con tu Padre Celestial.

En tu oración puedes decirle exactamente lo que sientes ya sea que estás enojado, que tengas miedo, que extrañas a alguien o que no entiendes por qué las cosas terminaron así.

Dios no necesita que escondas tu dolor para escucharte.

Un corazón roto todavía puede volver a amar

Tu ruptura no durará para siempre. Algún día volverás a amar a alguien más. Imagen: Canva

Quizás hoy te cuesta imaginarlo, pero este capítulo de ruptura no durará para siempre.

No necesitas apresurarte a encontrar a alguien más para demostrar que ya estás bien y tampoco necesitas convencerte de que nunca volverás a amar. Primero, permite que tu corazón descanse.

Con el tiempo, algunas heridas dejarán de doler como ahora y, aunque habrá días en los que pensarás en esa persona, ya no seguirás sintiendo el mismo peso en el pecho.

Mientras llega ese día, recuerda que Dios no mide tu valor por el hecho de que tu relación haya funcionado o no. A pesar de eso, tu historia con Él continúa.

Un corazón roto no es un corazón perdido, sino que es un corazón que está aprendiendo a sanar, y mientras lo hace, no está solo.

Fuente: addfaith.org

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