“Si ustedes no pueden proveer su propio sustento natural, ¿cómo habrán de pretender la sabiduría para lograr la vida eterna?… La religión de Jesucristo es una religión práctica que se aplica a los deberes y a las realidades cotidianas de esta vida.” – Brigham Young

El obispo presidente Gérald Caussé explicó, en el  Simposio de la Historia de la Iglesia de 2018, cuatro principios que se han convertido en directrices para los recursos financieros de la Iglesia.

Primer principio: La ley del diezmo

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El diezmo se refiere a la décima parte que los miembros de la iglesia dan de sus ingresos como donación a la Iglesia.

“La ley del diezmo fue recibida ese día como un mandamiento del Señor, el restablecimiento de una ley divina que ha sido observada durante tiempos pasados por el pueblo de Israel. Fue un símbolo del convenio hecho entre el Señor y Su pueblo – que si se mantenían fieles a este convenio, Él los bendeciría tanto espiritual como temporalmente.”

“Hoy, la ley del diezmo continúa siendo una práctica esencial de los Santos de los Últimos Días, independientemente de donde vivan, su posición social o sus circunstancias materiales. También, es el fundamento de la estabilidad financiera de la Iglesia.” (Fuente: In the Lord’s Way: The Spiritual Foundations of Church Financial Self-Reliance).

Respecto a cómo se debe utilizar el diezmo,

“El Señor aclaró la forma en que la utilización del diezmo debe ser aprobada y administrada. “Deberá ser dispuesto por un consejo integrado por la Primera Presidencia de mi iglesia, por el obispo y su consejo, y por mi sumo consejo, así como por mi propia voz dirigida a ellos, dice el Señor.” El “obispado y su consejo” y “mi sumo consejo” que hoy se conocen como Obispado Presidente y el Quórum de los Doce Apóstoles, respectivamente.”

La Primera Presidencia se reúne cada viernes de diciembre para “analizar y aprobar” los fondos para el siguiente año.

El Presidente Hinckley añadió: “El dinero que la Iglesia recibe de sus miembros fieles es consagrado. Es del Señor… los fondos de los que somos responsables involucran una confianza sagrada que se deben manejar con absoluta sinceridad e integridad. Además, de gran prudencia y dedicadas consagraciones de las personas. Sentimos una gran responsabilidad con ustedes que hacen estas contribuciones. Sentimos una responsabilidad aún mayor con el Señor de quien es el dinero.”

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Por política, los fondos sagrados del diezmo se aprueban y asignan para apoyar la misión espiritual y religiosa de la Iglesia.

Segundo principio: Autosuficiencia e independencia

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Manuales de autosuficiencia.

“El Profeta Brigham Young reconoció muy rápido la importancia de que los Santos de los Últimos Días se conviertan en personas autosuficientes y entiendan la fortaleza que recibirían por ser independientes temporal y espiritualmente. Expresó: “La responsabilidad de cuidar de nuestras familias y nosotros mismos es una importante aplicación práctica del evangelio. Continuamente intenté que estas personas sigan el camino que los volvería autosuficientes, cuidando a los pobres, débiles, discapacitados y ciegos, elevando a los ignorantes… de toda la tierra y convirtiéndolos en personas inteligentes, diezmadores e autosuficientes.”

El obispo Gérald Caussé explicó que el libre albedrío es importante en este principio. A medida que los hijos de Dios se vuelven autosuficientes temporal y espiritualmente, progresan en su habilidad de tomar decisiones independientemente y así, estar al nivel de su creación.

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El Presidente Gordon B. Hinkley dice:

“Les invito a evaluar su situación económica. Les insto a ser moderados en sus gastos y a ejercer la disciplina en sus compras a fin de evitar las deudas. Paguen sus deudas lo más pronto posible, y libérense de ese cautiverio. Esto es parte del evangelio temporal en que creemos. El Señor les bendecirá y pondrá sus hogares en orden. Si ya han pagado sus deudas y cuentan con una reserva económica, por pequeña que sea, ustedes y su familia se sentirán más seguros y disfrutarán de mayor paz en su corazón.”

El obispo Gérald Caussé continuó explicando el programa de autosuficiencia de la Iglesia,

“El propósito de esta iniciativa es enseñar a los miembros los principios espirituales de autosuficiencia y ayudarlos, de una manera práctica, a mejorar su educación, encontrar empleo, comenzar su propio negocio y fortalecer la administración de la economía familiar. En 2017, 163 000 personas completaron estos cursos y empezaron su camino hacia la autosuficiencia.”

Tercer principio: Proveer reservas

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“En la actualidad, los miembros de la Iglesia son conscientes del hecho de que viven en un periodo de calamidades, causadas por las acciones del hombre y la furia de la naturaleza. Las profecías sobre los últimos días no se equivocan y existe una gran sabiduría respecto a prepararse para el futuro – ya sea por una posible hambruna, desastre, depresión financiera o cualquier otra circunstancia de adversidad inesperada.”

“Tal como sucedió durante la importante época de los pioneros, los líderes de la Iglesia frecuentemente aconsejaban a los miembros hacer reservas para el futuro al establecer un almacén casero que incluyera agua, alimentos básicos, medicamentos, ropa y otros suministros que se pudieran necesitar en caso de emergencia. También se les ha aconsejado a los miembros “construir gradualmente una reserva financiera mediante el ahorro regular de una parte de sus ingresos.”

“Luego, el dinero ahorrado se agrega a los fondos de inversión de la Iglesia. Se invierte en acciones y bonos; los intereses de la mayoría de negocios sujetos a impuestos (algunos de los cuales datan de la historia temprana de Utah de la Iglesia); las propiedades comerciales, industriales y residenciales; e intereses agrícolas. Se puede acceder a estos fondos invertidos, en tiempos de adversidad para garantizar el trabajo ininterrumpido de la misión, los programas y las operaciones de la Iglesia y para satisfacer las necesidades financieras de emergencia. Los fondos también se pueden usar para proveer recursos económicos adicionales según se necesiten para apoyar el crecimiento de la Iglesia a medida que se cumple la profecía de que se enseñará el evangelio de Jesucristo y se establecerá la Iglesia en todo el mundo.”

Cuarto principio: A la manera del Señor

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El obispo Gérald Caussé comparte esta historia sobre cómo comprendemos este principio.

“Gané conocimientos sobre este principio poco después de mi llamamiento como Autoridad General. Me invitaron a la sede de la Iglesia en Salt Lake City para varias semanas de capacitación. Una mañana llegué temprano a mi oficina y encontré un mensaje en el que se me pedía ir lo más pronto posible a la oficina del Presidente Boyd K. Packer.”

“Me saludó con mucha amabilidad y me invitó a sentarme. Para mi sorpresa, tomó una hoja de papel de su armario y me pidió que la leyera en voz alta. Era el segundo capítulo de 1 Corintios. Después de haberme escuchado leer el capítulo completo, el Presidente Packer me agradeció y se fue sin decir más. Tan pronto como regresé a mi oficina, volví a leer el capítulo completo una y otra vez.”

“Deseaba identificar qué mensaje importante el Presidente Packer trataba de enseñarme. Un versículo, en particular, llamó mi atención: “para que vuestra fe no estuviese fundada en la sabiduría de hombres, sino en el poder de Dios.” Me di cuenta de que hacer cosas a la manera del Señor no podía depender de la sabiduría del hombre, sino que tenía que lograrse mediante la aplicación de los principios y acciones que tendrían acceso al poder de Dios.”

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“Comprendí la importancia de este principio plenamente, más tarde cuando me llamaron a servir en el Obispado Presidente de la Iglesia. Cumplir con este llamamiento a la manera del Señor requiere de buscar y recibir revelación para asuntos espirituales y temporales.”

“Como obispado, nos aconsejamos sobre problemas de estudio, haciendo uso de nuestras antecedentes personales y áreas de especialización. Sin embargo, básicamente, tomamos decisiones por el espíritu de oración y la constante búsqueda de la revelación de la voluntad del Señor.”

“Si bien consideremos estas cosas como indicadores macroeconómicos y análisis financieros, nuestro objetivo final es cumplir con nuestras responsabilidades de la manera en que se cumplan los designios  del Señor y la misión sagrada de la Iglesia “invitar a todos a venir a Cristo.” Este objetivo solo se puede lograr e implementar por medio de la inspiración y el poder de Su sacerdocio. Dada la directriz para hacer las cosas a la manera del Señor, este llamamiento me llena de humildad todos los días.”

 Adaptación del artículo originalmente escrito por Elizabeth Merril y publicado en mormonhub.com con el título “How the LDS Church Earns and Spends its Money.”