Hay personas que pasan por nuestra vida sin hacer ruido, pero dejan una huella que vuelve a hablarnos incluso años después. Para el hermano Smith, una de esas personas fue el presidente Mark Bassett, quien presidió su misión cuando él era apenas un joven de 19 años.

Smith sirvió como misionero de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en Arizona Mesa. Como muchos jóvenes que salen a servir lejos de casa, llegó con deseos de hacer lo correcto, pero también con mucho por aprender. Con el tiempo, el presidente Bassett se convirtió en una influencia profunda en su vida.

No solo lo dirigió como misionero, lo ayudó a crecer.

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Años después, cuando ya habían pasado más de una década desde su servicio misional, Smith volvió a encontrarse con la familia Bassett de una manera inesperada.

Primero fue con la esposa del presidente, la hermana Angie Bassett, en una heladería de St. George, Utah. Fue uno de esos encuentros sencillos que terminan sintiéndose como un regalo.

Conversaron, recordaron y se despidieron con cariño.

Sin embargo, poco tiempo después llegó una sorpresa aún mayor. Un domingo, Smith entró a la capilla y vio al frente a alguien que le resultaba muy familiar. Era el presidente Bassett. Él y su esposa habían llegado para visitarlo.

Para Smith, aquel momento fue muy especial. Después de tantos años, volvió a ver a un líder que había influido en su juventud y que, según sus palabras, seguía irradiando gozo, vida y luz.

Créditos: Rio Giancarlo, Deseret News

Ese reencuentro abrió la puerta a otro momento inolvidable. Más adelante, Smith y su familia pudieron asistir a la Conferencia General en Salt Lake City. Para su madre, que viajó desde Nueva Zelanda, fue el cumplimiento de un sueño.

Ese gesto reflejaba algo que Smith siempre valoró del presidente Bassett: su manera de hacer sentir amadas a las personas. No como una obligación, sino con una cercanía real. Tenía el don de hacer que quienes lo rodeaban se sintieran vistos, recordados y valiosos.

Durante ese viaje, Smith tuvo una última conversación con él. Hablaron de la vida, del futuro y de las decisiones que debía tomar. Smith le pidió consejo sobre su carrera y sobre el camino que debía seguir.

Imagen: Jeffrey D. Allred, Deseret News

La respuesta del presidente Bassett fue sencilla:

“Tienes un don, úsalo”.

No fue un discurso largo. No hizo falta. A veces, las palabras más breves son las que más permanecen.

Tras la partida del presidente Bassett, ese consejo volvió con más fuerza al corazón de Smith. Para él, ya no era solo una frase bonita ni un recuerdo de una conversación especial. Era una invitación a consagrar sus talentos al servicio de Dios y de los demás.

La vida del presidente Bassett le dejó una lección clara: servir no siempre significa hacer algo grande ante los ojos del mundo. A veces significa recordar a una persona, sorprenderla con una visita, escucharla con atención, ayudarla a cumplir un sueño o decirle justo lo que necesita oír para seguir adelante.

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Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Ese tipo de influencia no termina con la muerte. Permanece en quienes fueron enseñados, amados y elevados.

Hoy, al recordar a su presidente de misión, Smith no solo mira hacia atrás con gratitud. También mira hacia adelante para usar el don que Dios le dio para servir con más entrega.

Porque ese último consejo no era solo para él, todos necesitamos preguntarnos qué don hemos recibido y a quién podríamos bendecir con él.

Fuente: Facebook

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