Asher no estaba buscando convertirse a la Iglesia de Jesucristo. De hecho, estaba convencido de que la Iglesia era una secta y que sus enseñanzas eran falsas. Durante meses se dedicó a investigar, escribir ensayos y buscar argumentos que le permitieran demostrar que la Iglesia estaba equivocada.
Sin embargo, al año de bautizado y terminó con una historia que era completamente diferente, Asher se convirtió en misionero de la misma Iglesia que alguna vez quiso desacreditar.
Para llegar hasta ahí tuvo que estar dispuesto a preguntar con verdadera intención de conocer la respuesta.
“Quería encontrar todo lo que estuviera mal”

Asher comenzó a investigar las creencias de la Iglesia de Jesucristo porque quería encontrar argumentos en contra de ellas. No conocía completamente la doctrina ni la teología de la Iglesia, así que decidió estudiarlas por su cuenta.
Buscó información, escribió ensayos y pasó meses tratando de encontrar evidencias que contradijeran sus enseñanzas.
Quería demostrar que la Iglesia estaba equivocada. Hasta que un amigo le hizo algunas preguntas sobre lo que pensaba de la Iglesia y le dijo que conocía a personas que podrían responderlas. Así fue como Asher recibió el contacto de los misioneros de su zona.
Cuando se reunió con ellos por primera vez, llegó preparado, tenía una lista de preguntas y argumentos. Durante aquella conversación presentó sus objeciones y los misioneros respondieron. Pero al terminar, en lugar de continuar con el debate, ellos compartieron su testimonio y hablaron de su convicción de que el evangelio de Jesucristo había sido restaurado en la tierra.
Entonces, Asher sintió el Espíritu Santo y en lugar de interpretarlo como una respuesta de Dios, pensó que aquello estaba mal.
La respuesta que no quería recibir

Asher regresó la semana siguiente con nuevas preguntas. Todavía estaba buscando razones para demostrar que la Iglesia no era verdadera. Sin embargo, algo había comenzado a cambiar.
Su corazón estaba un poco más dispuesto a escuchar. Después tuvo la oportunidad de reunirse con los presidentes de misión. Durante una de esas reuniones, la hermana Maxwell le enseñó utilizando la Biblia y el Libro de Mormón.
Esta vez, Asher sintió el Espíritu con todavía más fuerza, lo describió como una sensación tan intensa que parecía estar completamente rodeado por ella.
Pero seguía teniendo miedo, no quería aceptar que aquello pudiera venir de Dios. Así que decidió orar para pedirle al Padre Celestial que lo guiara.
Cuando dejó de intentar ganar la discusión

Poco después, Asher atravesó un momento difícil. Perdió a una persona importante para él y sintió mucho enojo hacia Dios.
En medio de esa situación, un amigo le sugirió que ayunara, Asher decidió intentarlo.
Durante los primeros días continuó trabajando en uno de sus ensayos contra la Iglesia. Seguía investigando, leyendo y reuniendo argumentos para demostrar que sus enseñanzas eran falsas. Pero mientras ayunaba, tuvo un pensamiento que cambió el rumbo de su búsqueda:
“Solo lee el Libro de Mormón”.
Ya le habían regalado un ejemplar. Así que se sentó en su cama, oró y pidió protección a Dios si aquel libro no provenía de Él. Después comenzó a leer y leyó hasta las cuatro de la mañana. Al día siguiente volvió a tomar el Libro de Mormón y continuó hasta las cuatro de la tarde.
Por primera vez, su acercamiento estaba cambiando, pues estaba leyendo para descubrir por sí mismo si el Libro de Mormón era verdadero.
Una pregunta sincera puede cambiarlo todo

Asher volvió a escribirles a los misioneros con quienes antes había debatido, pero esta vez les dijo que quería hablar con ellos.
La conversación fue diferente, ya no estaba intentando demostrar que ellos estaban equivocados. Estaba haciendo preguntas porque realmente quería aprender.
Continuó leyendo el Libro de Mormón y mantuvo su ayuno durante varios días. Finalmente, decidió ayunar durante una semana completa.
Al terminar ese período, había leído casi todo el Libro de Mormón. Entonces volvió a reunirse con los misioneros.
“Élderes, creo que quiero bautizarme”, les dijo.
Su decisión no nació de una discusión que hubiera ganado ni de un argumento que alguien hubiera utilizado para convencerlo. Para Asher, llegó después de orar, ayunar, estudiar y buscar una respuesta personal de Dios.
De opositor a misionero

Después de su bautismo, Asher comenzó una nueva etapa de su vida. Un año más tarde, se convirtió en misionero de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
Él mismo reconoce que su conversión requirió tiempo y humildad. Pasó de estar completamente en contra de la Iglesia a sentir un profundo deseo de compartir el evangelio con otras personas.
Hoy afirma que durante ese proceso pudo reconocer la mano de Dios en su vida de una manera que antes no había experimentado. Su historia también muestra algo importante sobre la búsqueda espiritual.
Tener preguntas no es lo mismo que cerrar la puerta a una respuesta. Asher tenía muchas dudas. Incluso llegó a estar convencido de que encontraría pruebas contra la Iglesia. Para él, la respuesta llegó mediante el estudio, el ayuno, la oración y la influencia del Espíritu Santo.
Ahora comparte con otras personas aquello que un día él mismo estaba intentando refutar. A veces, una búsqueda sincera de la verdad comienza cuando estamos dispuestos a dejar de buscar solamente aquello que confirma lo que ya pensamos.
