Dicen que un profeta debe ser una ventana para el Señor. Yo diría que el Presidente Monson ha sido precisamente eso. No puedo coger el teléfono y darle una llamada, preguntarle cómo está, ofrecerle una bendición, o decirle lo que pienso de sus años de servicio … pero puedo escribir un blog … así que aquí están las 5 cosas que ojalá pudiera decirle al Presidente Monson este domingo …

 

1. Presidente Monson mover sus orejas en la conferencia me enseñó una gran lección en la vida


¿Recuerda aquella vez en que movió sus orejas en la sesión del sacerdocio? Sí, yo lo recuerdo. Yo estaba sentado con un montón de hermanos y ¡nos quedamos impactados! ¡¿Cómo hizo eso?!

Usted contó una historia sobre cómo se sentó en el estrado durante una conferencia de estaca y vio a un niño en la congregación que imitaba cada movimiento que hacía. Cruzaba una pierna … el muchacho hacía lo mismo. Ponía sus manos en su regazo … el chico lo seguía. Apoyaba el mentón en la mano … y allí iba el muchacho. Esto siguió por un tiempo hasta que, finalmente, usted decidió “ponerlo a prueba”. ¡Usted movió sus los orejas y le ganó!

Pero ese pequeño acto me enseñó una gran lección sobre la vida. Eso es … no tomarse tan en serio. Estoy seguro de que ese chico nunca olvidará que un profeta de Dios se tomó el tiempo para mover sus orejas por él durante una conferencia de estaca. ¿Y no es de eso de lo que se trata? Poner sonrisas en las caras a través de pequeños actos de amabilidad y servicio.

 

2. Su entusiasmo me ha contagiado


Hubo un tiempo en mi misión cuando no estaba haciéndolo tan bien. Yo estaba siendo negativo por el rechazo constante, horas de golpear puertas, y sentía honestamente, un poco de nostalgia. En un período de desesperación, me encontré en una época en la que dijo que “Lo único más contagioso que el entusiasmo era la falta de entusiasmo.” Cuando leí eso, me golpeó justo en el estómago. Me recordó que hay dos tipos de personas en esta vida: Hay fuentes y hay desagües. Las fuentes están llevando con entusiasmo vida y amor a cada situación que encuentran, mientras que los desagües están continuamente succionando la vida de cada buena oportunidad que los rodea. No quería ser “ese tipo” por más tiempo. Quería estar entusiasmado con el trabajo y con cada situación buena o mala que encontrara. Debido a esa cita … He tratado de vivir con entusiasmo de un día a otro.

3. Me ha ayudado a vivir en el presente

Una de mis debilidades cardinales es la de no vivir en el presente. Tengo tendencia a enfatizar el futuro y a lamentar el pasado. Creo que este es uno de los mayores estresor de nuestra generación … pero me recordó que “no hay mañana para recordar si no hacemos algo hoy”. Citó a Horacio cuando dijo: “Toma con mano agradecida cada hora con la que Dios te haya bendecido, y no pospongas tus alegrías año tras año, para que en cualquier lugar en el que hayas estado, puedas decir que felizmente has vivido”. “Creo que si la gente viviera según este principio, los niveles de felicidad en todo el mundo aumentarían a 10 veces. Sé que me ha ayudado a “encontrar alegría en el viaje”.

 

4. Pone en primer lugar a las personas por sobre el proceso


Usted era todo para y por las personas … y necesitamos más de eso. En un mundo donde todo se trata de hacer las cosas, de estar ocupado y de seguir al siguiente elemento administrativo de nuestra lista, me enseñó a ralentizar y pensar en las personas que estamos sirviendo antes que cualquier otra cosa. La productividad y la eficiencia son grandes … pero a menos que reduzcamos la velocidad y pensemos en las personas que estamos sirviendo, todo lo que hagamos en la iglesia se convertirá en trabajo … en lugar de una labor de amor.

Una de las cosas más impactantes que he oído de usted fue esta:
“Nunca nos lamentaremos por las palabras de bondad que digamos ni el afecto que demostremos; más bien, nos lamentaremos si omitimos esas cosas en nuestra interacción con aquellos que son los que más nos importan. Envíen esa nota al amigo que han descuidado; abracen a su hijo; abracen a sus padres; digan “te quiero” con más frecuencia; siempre den las gracias. Nunca permitan que el problema que se tenga que resolver llegue a ser más importante que la persona a la que se tenga que amar. Los amigos se mudan, los hijos crecen, las personas que amamos fallecen. Es tan fácil dar las cosas por sentado, hasta el día en que ellos se van de nuestras vida y nos quedamos con estos sentimientos: “qué hubiera pasado si” o “si sólo”. La autora Harriett Beecher Stowe dijo: “Las lágrimas amargas que se derraman sobre la tumba son por palabras que no se dijeron y cosas que no se hicieron.”

 

5. Apuesto a que Frances está orgullosa

Desde su primera cita / baile en la Estaca Pioneer hasta el día que se casó el 7 de octubre de 1948, hasta el día en que murió en una mañana del viernes temprano, 17 de mayo de 2013 … su esposa “tranquila y sin pretensiones” de más de 64 Años está probablemente irradiando con orgullo (el buen tipo de orgullo) por la perseverancia y el compromiso que le ha mostrado y al Señor.


Una vez usted dijo, “Ni una sola vez se quejó. Ni una sola vez. No en toda nuestra vida matrimonial ha hecho nada para mantenerme alejado de cualquier aspecto de mi servicio. Nunca he recibido nada más que el apoyo y el aliento de Frances.”

Apuesto a que ella está muy orgullosa del esposo, padre y poseedor del sacerdocio que resultó ser. Asumiría con seguridad que nunca se trataba de un título o de un llamamiento para ella … pero siempre de la condición de su corazón que la hizo estar tan inquebrantablemente comprometida con usted y con la causa. Apuesto a que espera con ansiosa anticipación la reunión que acabará teniendo con su eterno compañero … usted.

Estas son las cinco cosas que le diría al Presidente Monson si pudiera, pero hay mucho más que decir. Estas tres palabras van a tener que resumirlo: Nosotros. Lo. ¡Amamos!
Este artículo fue escrito originalmente por Greg Trimble y fue publicado en ldsliving.com, con el título “If I Could Call President Monson… This Is What I’d Tell Him” Español ©2017 LDS Living, A Division of Deseret Book Company | English ©2017 LDS Living, A Division of Deseret Book Company