Desde que era un niño, la vida del presidente Eyring ha sido guiada por poderosos momentos de revelación personal. Sobre su experiencia al ver a su esposa por primera vez, el presidente Henry B. Eyring compartió en un discurso pronunciado en el Vaticano:

“Vi en la multitud a una joven mujer. Nunca la había visto antes, pero tuve la sensación de que era la mejor persona que había visto en mi vida. Esa noche entró a nuestra reunión de la Iglesia en Cambridge. Otro pensamiento vino a mi mente con gran poder: ‘Si sólo pudiera estar con ella, podría convertirme en todo lo bueno que alguna vez quise ser’”

Henry B. Eyring

Henry B. Eyring y su esposa

Esa joven era Kathleen Johnson, y esa impresión cambió la vida del presidente Eyring.

Aquí hay otros poderosos momentos en la vida del presidente Eyring en los que escuchó una voz que lo guiaba y dirigía.

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Quién eres en realidad

Presidente Eyring

Cuando Henry Eyring, mejor conocido como Hal por sus amigos y familiares, tenía 13 años, su familia se mudó de Nueva Jersey a Utah. Hal fue molestado por su acento, se sentía aislado e infeliz por la mudanza de su familia. Durante un momento de auto lamentación, “una voz espiritual habló a su mente con una advertencia”, afirma su biografía. “Esa impresión marcó un punto de inflexión en la vida de Hal”.

En un discurso de BYU titulado “Hijo de la Promesa”, el presidente Eyring describió ese momento en detalle:

“Era de mañana, porque puedo recordar la luz que entraba por la pequeña ventana del sótano. Y tenía prisa, otra señal de la mañana. No sé si había estado orando, pero sentí, no la escuché, una voz. Era una impresión que supe que era de Dios. Fue un pensamiento, y algo muy parecido a estas palabras: “Algún día, cuando sepas quién eres realmente, lamentarás no haber usado mejor tu tiempo.” 

Pensé que la impresión era algo extraña, ya que pensaba que estaba usando mi tiempo bastante bien, pensaba que sabía quién era. Ahora, años después, estoy empezando a saber quién soy, quiénes somos y porqué nos lamentaremos si no usamos bien nuestro tiempo.”

“Nunca has estado aquí antes”

Presidente Eyring

Durante su discurso en la Conferencia General de octubre de 2019, el presidente Eyring compartió sobre una experiencia sagrada que tuvo en el templo la primera vez que recibió sus investiduras:

“En el Templo de Salt Lake tuve una experiencia con respecto a desear más santidad. Entré al templo por primera vez sin que se me hubiese dicho mucho sobre lo que debía esperar. Había visto las palabras escritas en el edificio: “Santidad al Señor” y “La Casa del Señor”, y sentía una gran expectativa. Sin embargo, me preguntaba si estaba preparado para entrar.

Mi madre y mi padre iban caminando un poco más adelante que yo cuando entramos al templo. Se nos pidió que mostráramos nuestra recomendación para declarar nuestra dignidad.

Mis padres conocían al hombre que estaba en el escritorio de recomendaciones, así que se quedaron un momento para hablar con él. Avancé yo solo hasta un espacio grande donde todo era de color blanco brillante. Miré hacia arriba y el techo era tan alto que parecía un cielo abierto. En ese momento, recibí la clara impresión de que había estado allí antes.

investidura del templo

Pero entonces, oí una voz muy suave; no era la mía. Las palabras tiernamente pronunciadas fueron estas: “Jamás has estado aquí. Estás recordando un momento antes de que nacieras. Estabas en un lugar sagrado como este; sentías que el Salvador estaba a punto de llegar al sitio donde te encontrabas, y sentías felicidad porque estabas deseando verlo”.

Esa experiencia en el Templo de Salt Lake duró solo un momento; sin embargo, su recuerdo aún me hace sentir paz, gozo y una apacible felicidad.

Aprendí muchas lecciones ese día. Una era que el Espíritu Santo habla con una voz suave y apacible; puedo escucharlo cuando hay paz espiritual en mi corazón. 

Él brinda un sentimiento de felicidad y certeza de que estoy volviéndome más santo, y eso siempre me brinda la felicidad que sentí en esos primeros momentos en un templo de Dios.”

“No te doy estas experiencias sólo para ti”

Presidente Eyring

Durante la Conferencia General de octubre de 2007, el presidente Eyring compartió una experiencia personal que vio la mano de Dios en su vida y cómo influye en él:

“Cuando nuestros hijos eran muy pequeños, comencé a apuntar algunas cosas que ocurrían diariamente. Les voy a contar cómo comencé: Una noche llegué a casa tarde después de cumplir una asignación de la Iglesia, ya estaba oscuro, y mi suegro, que vivía cerca, me sorprendió cuando yo me dirigía a la puerta de la casa. 

Él cargaba unos tubos sobre el hombro, caminaba de prisa y llevaba puesta la ropa de trabajo. Yo sabía que había estado instalando un sistema para bombear agua desde el río hasta nuestra propiedad.

Se sonrió, habló suavemente y después desapareció rápidamente entre la oscuridad para continuar su trabajo. Avancé hacia la casa pensando en lo que hacía por nosotros y, en cuanto llegué a la puerta, escuché mentalmente, y no con mi propia voz, estas palabras: “No te doy estas experiencias sólo para ti, escríbelas”.

Entré en la casa, pero no me acosté aunque estaba cansado. Saqué unas hojas de papel y empecé a escribir, y al hacerlo, comprendí el mensaje que había escuchado. Yo debía anotarlo para que mis hijos leyeran en el futuro cómo yo había visto la mano de Dios bendecir a nuestra familia. 

El abuelo no tenía que hacer lo que hacía por nosotros, podría haberle pedido a alguien más que lo hiciera o simplemente no haberlo hecho, pero servía a su familia, tal como los discípulos comprometidos de Jesucristo siempre lo hacen. Yo sabía que eso era verdad, así que lo escribí para que mis hijos lo recordaran algún día cuando lo necesitaran.

Por años escribí diariamente varias líneas. Nunca dejé pasar un día por más cansado que estuviera o por cuan temprano tuviera que levantarme al otro día. Antes de escribir, meditaba en esta pregunta: “¿Hoy he visto la mano de Dios bendecirnos a nosotros, a nuestros hijos o a nuestra familia?”. 

Al seguirlo haciendo, algo comenzó a suceder. Al repasar mentalmente el día, me percataba de lo que Dios había hecho por alguno de nosotros y no lo había reconocido en los momentos del día en los que estaba ocupado. Cuando eso ocurría, y pasaba a menudo, comprendí que el tratar de recordar había permitido que Dios me mostrara lo que Él había hecho.”

Este artículo fue escrito originalmente por Danielle B. Wagner y fue publicado originalmente por ldsliving.com bajo el título “3 Times President Eyring Heard a Heavenly Voice (+ the Powerful Messages)