¿Los testigos del Libro de Mormón realmente vieron lo que dijeron?

Libro de Mormón

“Y no supieron decir si estaban en el cuerpo o fuera del cuerpo; porque les pareció como una transfiguración habida en ellos, como que fueron cambiados de este cuerpo de carne a un estado inmortal, de modo que pudieron contemplar las cosas de Dios” (3 Nefi 28: 15).

El conocimiento

Los testimonios en conjunto de los tres y ocho testigos del Libro de Mormón proporcionan una evidencia poderosa de la Restauración. Los tres testigos dijeron que vieron al ángel Moroni, quien les mostró las planchas de oro y otros artefactos nefitas. Además, escucharon una voz del cielo, que declaró la veracidad de la traducción del Libro de Mormón.

Por otro lado, los ocho testigos vieron y palparon las planchas sin ninguna manifestación divina.

A lo largo de sus vidas, ninguno de estos once hombres negó su testimonio, que se ha publicado en cada edición del Libro de Mormón desde 1830. A pesar de la coherencia de los testimonios de los testigos, algunos han cuestionado la realidad de sus experiencias. Especialmente, la visión que tuvieron los tres testigos.

Warren Parrish, mientras apostataba de la Iglesia en 1838, declaró que Martin Harris “salió finalmente y dijo que nunca vio las planchas… excepto en visión”. Stephen Burnett, otro disidente, representó de manera similar a Harris diciendo que los tres testigos solo vieron las planchas “en visión o imaginación”.

Además, en una oportunidad, John Murphy interpretó a David Whitmer diciendo que su testimonio se fundamentaba solo en las “impresiones” espirituales. En este y otros casos, los personajes mencionados eligieron enfatizar la naturaleza visionaria de la experiencia compartida de los tres testigos de una manera que cuestionara su realidad.

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Sin embargo, los propios testigos refutaron abiertamente tales insinuaciones. En una oportunidad, Harris declaró, “ningún hombre me escuchó negar de alguna manera… la administración del ángel que me mostró las planchas”. Del mismo modo, Whitmer respondió a la declaración de Murphy al decir que lo que vio “no era una alucinación” y que “nunca, en ningún momento, negó ese testimonio o parte del mismo, que se ha publicado desde hace mucho tiempo” en el Libro de Mormón.

Las preguntas acerca de la realidad de lo que experimentaron los testigos también deben considerarse a la luz de sus otras declaraciones conocidas. Lo siguiente solo es una muestra de las declaraciones afirmativas de los tres testigos, registradas en diferentes momentos por varias personas, que enfatizan la literalidad y la realidad de su experiencia milagrosa:

Oliver Cowdery

  • “Era un día claro, despejado y hermoso, lejos de la gente, en un campo remoto, en el momento en que vimos el registro, del cual un ángel habló, trajo y colocó ante nosotros. Este ángel vestido de una luz gloriosa, descendió del cielo. Ahora, si esto es un fraude humano, júzguenlo”.

Martin Harris

  • “Así como estás seguro de ver al sol brillar, así de seguro me sentí de estar ante la presencia de un ángel de Dios… y lo vi sostener las planchas de oro entre sus manos”.
  • “Caballeros, ¿ven esta mano? ¿están seguros de que la ven? ¿sus ojos les están jugando una mala pasada o algo así? No. Bueno, así como están seguros de ver mi mano, así de seguro vi la mano del ángel y las planchas”.

David Whitmer

  • “Vi [los artefactos nefitas] tan claramente como veo esta cama – golpeando con su mano la cama junto a él – y escuché la voz del Señor, tan claramente como escuché algo en mi vida”.
  • “¡No estaba bajo ninguna alucinación ni fui engañado! ¡Vi con estos ojos y escuché con estos oídos!”

Si los testigos se mantuvieron tan firmes en la realidad literal de lo que vieron, ¿por qué algunos de sus contemporáneos concluyeron que sus experiencias eran más imaginarias que reales? Parece que esta confusión se debe mayormente a diferentes suposiciones con respecto a la naturaleza de las experiencias espirituales o visionarias.

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Aparentemente, algunas personas suponen que si una experiencia es de naturaleza espiritual; entonces, es lo mismo que la imaginación, la alucinación, la fantasía y otras percepciones menos reales. Por otro lado, los testigos no tenían tal creencia. De hecho, la comprensión  de su propia experiencia visionaria es consecuente con lo que las mismas Escrituras declaran sobre tales cosas.

Al hablar sobre el ascenso visionario de un hombre al cielo, el apóstol Pablo declaró, “si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé” (2 Corintios 12: 3). Mormón habló de una manera similar con respecto a los discípulos de Jesús, que fueron al cielo. Explicó:

“Y no supieron decir si estaban en el cuerpo o fuera del cuerpo; porque les pareció como una transfiguración habida en ellos, como que fueron cambiados de este cuerpo de carne a un estado inmortal, de modo que pudieron contemplar las cosas de Dios” (3 Nefi 28: 15).

Parece que para ver al ángel Moroni en su gloria resucitada, los tres testigos fueron transfigurados de manera similar. Esto explica muy bien los diversos informes con respecto a que vieron las planchas con sus “ojos espirituales”. Al mismo tiempo, explica la insistencia de los testigos en que su experiencia fue tan real como las sensaciones visuales cotidianas, como ver la luz del sol, una cama o la mano de alguien.

Según Whitmer aclaró una vez, “Por supuesto, estábamos en el espíritu cuando tuvimos la visión, ya que ningún hombre puede ver el rostro de un ángel, excepto en una visión espiritual. Pero, también estuvimos en el cuerpo y todo fue muy natural para nosotros, como siempre”.

La razón

Cristóbal Colón

El Libro de Mormón profetiza que Dios llamaría a testigos especiales para que testificaran de su veracidad. Por lo tanto, la realidad literal de sus experiencias no es algo trivial. Estos testigos designados de manera divina ayudan al Libro de Mormón a cumplir uno de sus propósitos principales: convencer al mundo de que “Jesús es el Cristo, el Dios Eterno” (página del título).

Cuando se considera de manera colectiva los testimonios publicados de los testigos, “una prueba irrefutable” los favorece. Cada una de las declaraciones relevantes y de primera mano de los miembros de los tres y ocho testigos reafirma sus declaraciones originales.

Además, la mayoría de los relatos indirectos o por referencia de las declaraciones de los testigos – de amigos, críticos y espectadores neutrales – también respaldan los testimonios publicados de los testigos.

Los informes por referencia que arrojan dudas sobre la realidad de las experiencias de los testigos son pocos. Además, como se demostró, los mismos testigos en ocasiones mostraron interés por corregir tales tergiversaciones. Como lo dijo Richard L. Anderson, “Las palabras de los testigos hablan por sí mismas, después de que el análisis disipa las versiones confusas de lo que alguien les atribuyó”.

Asimismo, es importante reconocer que las diferencias entre las experiencias de los tres y ocho testigos proporcionan pruebas testimoniales que se refuerzan mutuamente. Aquellos que desean calificar la experiencia visionaria de los tres testigos como mera “imaginación” o “impresiones” (como Parrish, Burnett y Murphy) deben enfrentar el hecho de que los ocho hombres testificaron, bajo circunstancias normales, que vieron las planchas e, incluso, se les permitió tocarlas y levantarlas.

planchas de oro

Por otro lado, aquellos que suponen que las planchas fueron fabricadas o, quizá, fueron un artefacto genuino sin ningún valor espiritual, deben enfrentar los testimonios milagrosos y firmes de los tres testigos. Terryl L. Givens explicó:

En conjunto,  las dos experiencias parecían calculadas para proporcionar un espectro de evidencia, que satisficiera una gama de criterios para la creencia. La realidad de las planchas se confirmó ahora tanto por la proclamación del cielo como por la observación empírica, a través de una visión sobrenatural,  la experiencia simple y táctica, el testimonio de los testigos pasivos de una manifestación divina y el testimonio de un grupo de hombres que participan activamente en su propio análisis, sin dificultades, de la evidencia.

La evidencia histórica demuestra que los propios testigos estaban convencidos de que sus experiencias eran reales; lo suficientemente reales como para poner en juego su vida y reputación; lo suficientemente reales que reafirmaron constantemente sus testimonios publicados a lo largo de su vida; y, lo suficientemente reales que varios testigos utilizaron sus últimos días e, incluso, sus últimos suspiros para testificar de la veracidad del Libro de Mormón.

Sin embargo, por más persuasivos que puedan ser los testimonios de los tres y ocho testigos, el Señor no le pide a nadie que dependa únicamente de ellos. El profeta Moroni prometió que si los que leen el Libro de Mormón le piden a Dios “con verdadera intención, teniendo fe en Cristo”, el Señor les dará su propio testimonio de su veracidad “por el poder del Espíritu Santo” (Moroni 10: 4). Los testimonios de los testigos tienen la finalidad de fortalecer, no reemplazar, el testimonio espiritual del Libro de Mormón que se les promete a todos los que lo busquen sinceramente.

Esta es una traducción del artículo que fue escrito originalmente por Book of Mormon Central y fue publicado en latterdaysaintmag.com con el título “Did the Book of Mormon Witnesses Really See What They Claimed?

| El Libro de Mormón

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