Mientras en muchas partes del mundo asistir a una capilla es algo cotidiano, para miles de miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en algunas islas del Pacífico, reunirse para adorar a Dios sigue siendo un verdadero desafío.
Hay familias que caminan durante horas por senderos entre montañas y selvas para llegar a una pequeña construcción hecha con materiales locales, sin electricidad, internet o incluso agua potable.
Sin embargo, esa realidad está comenzando a cambiar gracias a un proyecto que busca crear espacios donde las personas puedan fortalecer su fe y acceder a las bendiciones del Evangelio restaurado.
Un nuevo tipo de capilla

En una entrevista publicada por el Área Pacífico de la Iglesia, el élder Peter F. Meurs, Presidente del Área Pacífico, explicó que el rápido crecimiento de la Iglesia en varias naciones insulares ha traído consigo nuevos desafíos.
Muchas congregaciones se encuentran en zonas extremadamente aisladas, donde existen pocas carreteras, el transporte es limitado y algunos miembros deben caminar entre dos y tres horas para asistir a las reuniones dominicales.
Hasta hace poco, muchas de estas congregaciones se reunían en lo que comúnmente llaman «capillas de la selva”, las cuales son estructuras sencillas construidas con materiales disponibles en la comunidad y con muy pocos recursos.
Aunque esos lugares cumplían su propósito, las limitaciones impedían que los miembros disfrutaran plenamente de muchos programas de la Iglesia.
Una capilla sencilla, pero con grandes posibilidades

Para responder a esta necesidad nació el proyecto Simple Meetinghouse Plus, un modelo de capilla diseñado especialmente para comunidades remotas.
Se trata de edificios de concepto abierto con salones adicionales que incorporan paneles solares, baterías, iluminación, conexión satelital a internet y sistemas para recolectar agua de lluvia.
Gracias a la energía solar, las capillas pueden contar con iluminación y electricidad sin depender de una red eléctrica. Además, el agua recolectada permite cubrir necesidades básicas de la congregación.
Según explicó el élder Meurs, estas edificaciones conservan las funciones esenciales de una capilla tradicional, pero pueden construirse a un costo mucho menor.
De hecho, por el precio de una capilla convencional, la Iglesia puede construir entre cinco y diez de estas nuevas instalaciones, permitiendo que más miembros tengan un lugar digno donde reunirse y adorar.
Mucho más que un edificio

El verdadero valor de estas capillas no está únicamente en su diseño. Lo más importante es todo lo que ahora hace posible para los miembros.
Con electricidad e internet, los jóvenes pueden participar en Seminario e Instituto. Los adultos tienen acceso a cursos de BYU–Pathway Worldwide, capacitaciones de autosuficiencia y reuniones de liderazgo.
Además, las congregaciones pueden seguir la Conferencia General, recibir capacitaciones mundiales y participar en actividades que antes eran prácticamente imposibles debido al aislamiento.
Durante la noche, cuando muchas de estas comunidades quedan completamente a oscuras, la iluminación de la capilla también permite que niños y jóvenes estudien en un espacio seguro como parte del programa Succeed in School.
El acceso a estos recursos fortalece tanto el aprendizaje temporal como el crecimiento espiritual de los miembros.
Un lugar donde cada vez llegan más personas

Los líderes locales ya están viendo los resultados.
Mack Ambota, segundo consejero de una rama en Papúa Nueva Guinea, explicó que el nuevo edificio ha permitido realizar cursos de autosuficiencia y recibir a muchas más personas que antes.
Incluso comentó que en algunas reuniones ya no había suficiente espacio para todos los asistentes debido al aumento de participación.
Rebecca Aga, presidenta de la Sociedad de Socorro de la rama, recordó que anteriormente muchas personas debían permanecer fuera de la antigua capilla por falta de espacio.
Ahora toda la congregación puede reunirse bajo un mismo techo, participar de las reuniones y disfrutar de un ambiente mucho más adecuado.
Una herramienta para compartir el Evangelio

Estas nuevas capillas también están abriendo oportunidades misionales.
Betty Aputa, instructora de autosuficiencia de la rama, explicó que muchas personas de la comunidad asisten inicialmente para participar en los cursos ofrecidos por la Iglesia.
A partir de esa experiencia, los miembros tienen la oportunidad de presentarles el Evangelio restaurado y compartir su testimonio de Jesucristo.
Cuando una comunidad cuenta con un lugar donde aprender, servir y reunirse, también se crean más oportunidades para que otras personas conozcan el Evangelio.
Llevar la luz de Cristo, literalmente

Al hablar sobre este proyecto, el élder Meurs compartió una reflexión que resume el propósito de estas nuevas capillas.
Explicó que, cuando cae el sol en muchas de estas regiones, todo queda completamente oscuro. Sin embargo, gracias a estos edificios, las personas ahora tienen un lugar iluminado donde reunirse.
Más que proporcionar electricidad, estas capillas ayudan a que incluso los miembros que viven en los lugares más apartados puedan experimentar la luz de Cristo y permanecer conectados con Su Iglesia.
Hasta el momento ya se han construido diez de estas capillas en el Área Pacífico. Además, la Iglesia planea terminar entre trece y dieciséis edificios adicionales antes de finalizar el año, incluyendo nuevas capillas en Vanuatu, Fiyi y Kiribati.
Con proyectos como este, la Iglesia continúa adaptándose a las necesidades de sus miembros alrededor del mundo para que, sin importar la distancia o las circunstancias, cada persona tenga un lugar donde adorar al Salvador, aprender Su evangelio y fortalecer su fe junto a otros discípulos de Jesucristo.
Fuente: Church News
