Hablar de un aborto no siempre es sencillo. Para algunas mujeres, el duelo puede aparecer incluso meses o años después, en una fecha, una conversación, un embarazo cercano o simplemente al comenzar un nuevo ciclo.

Una miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días decidió hablar de su experiencia después de haber atravesado seis pérdidas de embarazo espontáneo. No lo hizo porque tuviera todas las respuestas, sino precisamente porque no las tiene.

En un mensaje que compartió en redes sociales, explicó que este tema volvió a tocar una herida que todavía estaba presente en su vida. Su intención era hacerle saber a otra persona que estuviera pasando por lo mismo que no estaba sola.

“Yo te veo”, fue, en esencia, su mensaje.

Y quizá eso es justamente lo que muchas personas necesitan escuchar cuando están atravesando un duelo, no una explicación rápida, sino saber que alguien reconoce que lo que vivieron fue real.

El dolor no significa que te falte fe

Perder a un hijo es uno de los dolores más grandes tanto para la madre como el padre Imagen: masfe.org

A veces, cuando una persona atraviesa una pérdida, aparecen preguntas difíciles: 

¿Por qué Dios permitió esto?, ¿hice algo mal?, ¿no oré lo suficiente?, ¿será que no estaba preparada?, ¿por qué otras personas sí pudieron tener a sus bebés?

Y la lista sigue. La experiencia de esta miembro pone sobre la mesa algo importante, tener fe en Dios no significa entender todo lo que ocurre en la vida mortal.

No necesitamos convertir una pérdida en una supuesta lección o encontrar inmediatamente una razón para ella. Hay circunstancias que simplemente no comprendemos ahora.

Y eso no significa que Dios haya dejado de escuchar nuestras oraciones.

La hermana Kearon, esposa del élder Patrick Kearon, vivió también una pérdida profunda cuando su hijo Sean murió después de una cirugía a los pocos días de nacer. Ellos habían ayunado, orado y suplicado por un resultado diferente. 

Aun así, el resultado que esperaban no llegó. Con el tiempo, ella explicó que encontró consuelo al comprender mejor la Expiación de Jesucristo y Su poder para sostenernos en medio del dolor.

La fe no siempre responde “¿por qué?”. Muchas veces nos ayuda a seguir adelante mientras todavía no tenemos esa respuesta.

“Jesús lloró”

Imagen: iSotck

Uno de los momentos más conocidos del Nuevo Testamento ocurre cuando Jesús llega a Betania después de la muerte de Lázaro.

Marta y María están de duelo. Las personas a su alrededor lloran. Y aunque el Salvador sabe que está a punto de levantar a Lázaro de entre los muertos, cuando ve el dolor de quienes ama, también llora.

La Escritura registra una frase muy breve: “Jesús lloró” (Juan 11:35). Jesús sabía que la muerte no era el final. Sabía lo que iba a hacer. Sin embargo, no respondió al dolor de María con un “no estés triste, todo estará bien”.

Primero estuvo con ella.

La Iglesia ha utilizado precisamente este relato para enseñar cómo podemos responder ante el dolor de alguien que ha sufrido un aborto espontáneo: escuchar, acompañar, reconocer la pérdida y ofrecer apoyo sincero. A veces, las acciones más sencillas son las que más ayudan.

El Salvador no trató el dolor como una falta de fe. Lo acompañó y esa también puede ser nuestra manera de ministrar.

Hay preguntas que no necesitamos responder

Imagen: masfe.org

Cuando alguien pierde un embarazo, es fácil que las personas alrededor quieran decir algo para aliviar la situación.

“Todo pasa por algo”. 

“Dios necesitaba otro angelito”.

“Al menos puedes volver a intentarlo”.

“Seguro llegará otro bebé”.

Aunque estas frases puedan decirse con buenas intenciones, no necesariamente ayudan. La persona que está sufriendo no necesita que alguien le explique por qué ocurrió su pérdida.

La Iglesia enseña que los padres que experimentan la muerte de un hijo antes de su nacimiento sufren un verdadero duelo y necesitan apoyo emocional y espiritual. 

También enseña que no se realizan ordenanzas del templo por los niños que mueren antes de nacer, pero que esto no niega la posibilidad de que puedan formar parte de la familia en las eternidades. Se invita a los padres a confiar en el Señor y buscar Su consuelo.

Esto también significa que podemos dejar algunas preguntas en manos del Señor.

No sabemos todos los detalles de cómo se desarrollará cada circunstancia en las eternidades. Pero sí sabemos que Dios conoce a Sus hijos y que Jesucristo hizo posible vencer la muerte mediante Su Expiación y Su Resurrección.

“No significa que Dios no quería que tuvieras a esos bebés”

Imagen: masfe.org

En su mensaje, la miembro compartió algo que muchas mujeres podrían necesitar escuchar después de una pérdida, haber sufrido un aborto espontáneo no significa que no fueran buenas madres, que no estuvieran preparadas o que Dios las estuviera castigando.

Tampoco tenemos que convertir una pérdida en una medida de nuestro valor. Una pérdida no define tu capacidad para amar, tu dignidad ni tu relación con Dios.

Y tampoco deberíamos decirle a otra persona qué quiso o no quiso Dios al permitir una determinada circunstancia. No conocemos todos Sus propósitos.

Lo que sí podemos hacer es acercarnos a Él con las preguntas que tenemos. Las Escrituras no presentan la fe como una vida sin dolor. Más bien, muestran repetidamente a personas que llevaron su dolor directamente al Señor.

Job preguntó, Nefi lloró, Alma se sintió profundamente afligido y Jesucristo mismo lloró. El Evangelio no nos pide fingir que nada duele.

“Llorar con los que lloran” también es un convenio

Perder un bebé por aborto espontáneo puede traer dolor y muchas dudas sobre el futuro eterno de ese ser. Imagen: masfe.org

Alma enseñó a quienes deseaban entrar en el convenio del bautismo que debían estar dispuestos a “llevar las cargas los unos de los otros”, “llorar con los que lloran” y “consolar a los que necesitan consuelo” (Mosíah 18:8–9).

Acompañar a una mujer después de un aborto espontáneo puede significar mandarle un mensaje semanas después, no solo el día que ocurrió la pérdida.

Puede significar escucharla sin intentar arreglar la situación, como cuidar también al esposo, porque él puede estar viviendo su propio duelo aunque lo exprese de una manera diferente. Simplemente decir: 

“Lo siento. Estoy aquí”

Los recursos de la Iglesia sobre el duelo incluso señalan que acompañar a alguien no siempre significa tener la respuesta correcta; muchas veces significa escuchar, esperar, tratar de comprender y permanecer cerca durante el proceso.

Para quien está pasando por una pérdida

Imagen: Canva

Si hoy estás atravesando un aborto espontáneo o una pérdida de embarazo, quizá no necesites escuchar que seas fuerte o que debas encontrar una lección en lo que ocurrió. Por ahora solo necesitas recordar esto:

Dios no ha dejado de ser tu Padre porque estés sufriendo, tu dolor no significa que tengas menos fe. No necesitas sentirte culpable por llorar y no tienes que atravesar este proceso sola.

Puedes acudir al Padre Celestial en oración tal como estás. Puedes buscar el consuelo del Espíritu Santo. Puedes hablar con personas de confianza y, si el duelo se vuelve demasiado difícil de llevar, también puedes buscar ayuda profesional. 

La Iglesia reconoce que el duelo puede ser complejo y que, en algunos casos, una persona puede necesitar apoyo profesional además del espiritual. 

Y mientras avanzas, la promesa más importante no es que algún día entenderás cada detalle de lo ocurrido, sino que Jesucristo ya conoce este dolor.

Para quien ha perdido un bebé, puede que hoy todavía haya muchas preguntas, pero no todas tienen que resolverse hoy. A veces, por ahora, basta con llorar, orar y seguir acercándose al Salvador.

Como lo hizo aquella miembro después de seis pérdidas, también podemos decirle a quien está pasando por algo parecido:

“Te veo. No tienes que explicar tu dolor. Y no estás sola.”

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