Un solo día fue suficiente para que miles de personas cambiaran sus vidas. Lo que comenzó como una celebración religiosa en Jerusalén terminó con casi 3,000 personas aceptando el evangelio de Jesucristo y bautizándose.
Todo ocurrió durante Pentecostés, una festividad judía que reunía a personas de distintas regiones. Nadie esperaba que aquella celebración se convirtiera en uno de los momentos más importantes para los primeros seguidores de Jesús.
El relato se encuentra en Hechos 2 y muestra cómo el Espíritu Santo preparó el camino para que el mensaje de los apóstoles llegara mucho más lejos de Jerusalén.
El día en que los apóstoles recibieron el Espíritu Santo

Pentecostés se celebraba 50 días después de la Pascua. Era una ocasión especial en la que los judíos acudían a Jerusalén para agradecer a Dios por las primeras cosechas.
Entre los asistentes había personas de distintas regiones, con idiomas y costumbres diferentes. Muchos habían viajado largas distancias para participar en la celebración. Ese día, los apóstoles estaban reunidos junto con otros seguidores de Jesucristo cuando ocurrió algo inesperado.

La Biblia relata que se escuchó un sonido semejante al de un viento fuerte y que aparecieron lenguas como de fuego sobre los presentes.
“Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen” (Hechos 2:4).
Lo sorprendente fue que las personas que habían llegado de otros lugares podían escuchar a los apóstoles hablar en sus propios idiomas. Muchos quedaron confundidos. ¿Cómo era posible que aquellos hombres de Galilea pudieran comunicarse con personas de tantas regiones?
La multitud comenzó a reunirse para entender lo que estaba sucediendo. Fue entonces cuando Pedro tomó la palabra.
El mensaje de Pedro que cambió miles de vidas

Pedro se dirigió a quienes estaban reunidos y comenzó a hablarles de Jesucristo. Les recordó Sus milagros, Su crucifixión y Su resurrección. También explicó que lo que acababan de presenciar era una manifestación del Espíritu Santo prometido por Dios.
Sus palabras tuvieron un efecto profundo entre quienes lo escuchaban. Según Hechos 2:37, muchas personas se sintieron conmovidas y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles qué debían hacer.
La respuesta fue clara:
“Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38).
Aquella invitación llevó a miles de personas a tomar una decisión.
“Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas” (Hechos 2:41).

Casi 3,000 personas se bautizaron en un solo día. Muchas ni siquiera vivían en Jerusalén, sino que habían llegado para participar en Pentecostés. Sin embargo, la historia no terminó con esos bautismos.
Cuando finalizó la celebración, los visitantes regresaron a sus hogares. Algunos provenían de lugares tan distantes como Egipto, Mesopotamia y Roma. Es posible que muchos compartieran con sus familiares y amigos lo que habían escuchado acerca de Jesucristo.
De esta manera, el mensaje del evangelio pudo llegar a comunidades donde los apóstoles todavía no habían predicado.
Años después, cuando Pablo y otros misioneros comenzaron a visitar distintas ciudades, algunas personas posiblemente ya habían escuchado hablar de Jesús gracias a quienes estuvieron presentes aquel día.
Pentecostés nos recuerda que el Señor puede preparar a las personas para recibir Su evangelio de maneras que no siempre imaginamos.
Aquellos primeros conversos llegaron a Jerusalén para participar en una celebración, pero regresaron a sus hogares con algo que transformaría sus vidas: un testimonio de Jesucristo y el don del Espíritu Santo.
Fuente: Mais Fe
