Patrick D. Degn vive con esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad terminal que ha cambiado profundamente su vida y la manera en que disfruta de lo que antes le resultaba sencillo.
Debido a eso necesita una silla de ruedas para desplazarse y depende de la ayuda de su esposa para visitar uno de sus lugares favoritos. Sin embargo, fue precisamente durante una de esas visitas cuando una pregunta incómoda lo llevó a recordar una historia de Jesucristo que le hizo comprender el amor que recibe de otra manera.
Un lugar especial al que ya no puede llegar solo

Desde junio de 1981, Patrick conserva un cariño especial por Card, un área de pícnic en el cañón Logan, Utah, donde un río pasa junto a dos árboles antiguos.
Cuando era niño, podía sentarse sobre una de sus grandes ramas y contemplar el agua. Durante años regresó para fotografiar las raíces que sobresalían de la tierra y disfrutar de la tranquilidad del lugar. Pero la ELA ha transformado esas visitas.
Ahora su esposa debe recorrer primero el camino para comprobar que no haya obstáculos que puedan dificultar el paso de la silla de ruedas. Después, tiene que descargar varias cosas de la camioneta, sacar la silla y ayudar a su esposo a llegar hasta el río.
Patrick ya no puede bajar por su cuenta a tocar el agua ni acercarse a las raíces de los árboles para fotografiarlas. Aun así, continúa disfrutando de la brisa y del paisaje que conoce desde hace más de cuatro décadas. Fue allí donde comenzó a cuestionarse algo que nunca antes había considerado.
¿Por qué aquí y no en casa?

Mientras contemplaba el río, Patrick pensó en todo el esfuerzo que su esposa debía realizar para llevarlo hasta ese lugar.
Después de todo, podía sentir una brisa similar desde la entrada de su casa, sin necesidad de trasladar la silla de ruedas ni recorrer un camino complicado. Entonces, ¿por qué hacer que ella pasara por tantas dificultades para que él pudiera sentarse junto a un río?
La pregunta parecía razonable, pero escondía otra preocupación más profunda: si su vida estaba marcada por una enfermedad que limita cada vez más sus capacidades, ¿tenía sentido que su esposa dedicara tantas fuerzas a experiencias que parecían pequeñas?
Mientras reflexionaba en esa pregunta, recordó un episodio del ministerio de Jesucristo en Betania. Y aquella historia cambió el sentido de su pregunta.
La mujer que ungió a Jesús y fue criticada

“¿Para qué este desperdicio?”, preguntaron.
Desde una perspectiva práctica, la queja de los discípulos parecía tener sentido ya que el perfume pudo haberse utilizado de otra manera. Sin embargo, Jesucristo defendió a la mujer y reconoció el significado de su gesto diciendo:
“Ella ha hecho lo que podía, porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura”, enseñó el Salvador.
Jesús sabía que Su muerte estaba cerca, pero eso no hacía que la muestra de amor de aquella mujer fuera inútil. Al contrario, declaró que su acción sería recordada dondequiera que se predicara el evangelio.
Esa experiencia comenzó a reflejar algo que sucedía en la propia vida de Patrick.
Creo que mi esposa es la mujer de Betania

Patrick encontró una semejanza entre la mujer que ungió a Jesucristo y su esposa, quien dedica tiempo y esfuerzo para que él pueda volver a un lugar que ama.
La mujer de Betania entregó algo valioso para honrar al Salvador, aunque otros no comprendieran por qué. La esposa de Patrick, por su parte, emplea sus fuerzas en ayudarlo a llegar a un río que, desde una perspectiva práctica, podría parecer innecesario visitar.
Al igual que los discípulos que cuestionaron a la mujer de Betania, Patrick también comenzó a cuestionarse si valía la pena recibir tanto cuidado meticuloso por su esposa, especialmente cuando su cuerpo continúa perdiendo capacidades.
Pero la respuesta que encontró en las Escrituras fue distinta: el amor no siempre se mide por su utilidad ni por el tiempo que durarán sus resultados.
La mujer de Betania no estaba desperdiciando su perfume, sino demostrando cuánto amaba a Jesucristo. Y la esposa de Patrick no estaba desperdiciando sus fuerzas, sino estaba haciendo visible su amor mediante acciones concretas.
La esperanza de volver a caminar

Hacia el final de su reflexión, Patrick imaginó un día en el que podría recorrer nuevamente el camino hacia el río utilizando sus propias piernas. Esta vez, su esposa no tendría que despejar el sendero ni cargar con los objetos necesarios para trasladarlo.
Patrick imagina con poder adelantarse, acercarse al agua y volver a fotografiar las raíces de los árboles, como lo hacía antes de que su enfermedad limitara sus movimientos. Esa es su esperanza.
Sin embargo, su deseo concluye en que, cuando llegue ese momento, las primeras raíces que deseará fotografiar serán los pies de su esposa que durante tanto tiempo caminaron delante de él para abrirle paso.
La experiencia de Patrick nos enseña que el amor semejante al de Cristo muchas veces se manifiesta en sacrificios que otros podrían considerar innecesarios, pero que para quien los recibe pueden significar mucho más. ¿Qué sacrificios de amor puedes hacer hoy así como la esposa de Patrick?
Fuente: Meridian Magazine
