No brilles para que otros puedan verte, brilla para que, a través de ti, los demás puedan ver a Dios

felicidad

Uno de nuestros hijos, Cassidy, es camarógrafo y fotógrafo profesional. Ha tenido la gran fortuna de viajar por el mundo debido a su trabajo. Siempre nos encanta ver las increíbles imágenes que captura, ya sea en Marruecos o Singapur, la India o Brasil.

En octubre del año pasado, lo vi tomando imágenes con drones sobre un viñedo en Italia.

Recientemente, su esposa publicó una hermosa foto en Instagram, donde capturó tanto su imagen como su sombra en un rayo de luz en Florencia. Escribió:

“Cassidy, siempre persiguiendo la luz…”

La “hora dorada”

Imagen: Canva

A nuestro hijo le encanta la “hora dorada”.

La “hora dorada” es un momento hermoso, es la primera hora de luz después del amanecer y la última hora de luz antes del atardecer. Esa hora produce color, profundidad y textura que no se puede obtener en otros momentos del día.

Asimismo, proporciona la calidez y la luz difusa que lleva tus fotografías al siguiente nivel.

Para los fotógrafos serios, esa iluminación es como un imán. Se sienten atraídos por ella con una devoción inquebrantable, ya que cubre el mundo que los rodea con un brillo que ruega ser capturado.

Hay otro momento en el que todos podemos sentir ese mismo ascenso a un plano superior. Esa misma sensación de estar bañados en belleza la percibimos cuando nos sumergimos en la luz del Señor.

Sumergirnos en la luz del Señor

Imagen: Canva

Esto puede suceder en el templo mientras realizamos las ordenanzas o mientras hacemos la obra de Historia Familiar en nuestras computadoras en casa.

Puede suceder cuando servimos a los necesitados y sentimos esa calidez en nuestro pecho, que estamos haciendo lo correcto con nuestro tiempo.

Lo sentimos cuando oramos y realmente nos conectamos, cuando hacemos una pausa para escuchar las respuestas y la inspiración de Dios.

Imagen: Canva

Lo sentimos en nuestros hogares cuando ponemos a los demás primero, cuando perdonamos y cuando hacemos sacrificios.

Definitivamente, lo sentimos cuando compartimos el evangelio, esa elevación hormigueante a un estado de ser más feliz.

Incluso el arrepentimiento, que tiene la extraña reputación de ser triste o vergonzoso, es exactamente lo contrario: es gozoso, purificador y estimulante.

¿De qué otras maneras podemos sumergirnos en esa luz sagrada?

diezmo bendiciones

Fuente: Unsplash

Podemos sentirnos inmersos en la luz sagrada cuando estudiamos nuestras Escrituras y somos testigos de su veracidad.

Corregimos nuestro rumbo a medida que aplicamos las Escrituras a nuestras vidas y, nuevamente, nos sentimos reconfortados por un hogar celestial que brilla intensamente.

En Juan 8:12 Jesús dijo: “Yo soy la luz del mundo” y es Su luz la que compartimos cuando lo seguimos.

No necesitamos esperar una hora mágica; está ahí cada vez que deseamos disfrutarlo.

Esa luz puede encontrarnos en nuestra hora más oscura y en nuestros momentos más tristes. El élder Dieter F. Uchtdorf nos ha dicho:

“La luz de Dios es real. ¡Está a disposición de todos! Da vida a todas las cosas. Tiene el poder para atenuar la punzada de la herida más profunda”.

La luz de Cristo alcanza a todos

Jesucristo - élder Holland - Suicidio

Imagen: La Iglesia de Jesucristo

El élder Robert D. Hales dijo:

“La luz y la oscuridad no pueden ocupar el mismo espacio al mismo tiempo. La luz hace desvanecer la oscuridad. Cuando está presente, la oscuridad es derrotada y debe retirarse”.

Cada uno de nosotros nació con la luz de Cristo. Cada uno de nosotros puede ser alcanzado por ella.

En uno de los discursos más inspiradores y reconfortantes que ha dado el élder Jeffrey R. Holland, dijo lo siguiente:

“Por más tarde que piensen que hayan llegado, por más oportunidades que hayan perdido, por más errores que piensen que hayan cometido, sean cuales sean los talentos que piensen que no tengan, o por más distancia que piensen que hayan recorrido lejos del hogar, de la familia y de Dios, testifico que no han viajado más allá del alcance del amor divino.

No es posible que se hundan tan profundamente que no los alcance el brillo de la infinita luz de la expiación de Cristo”.

Tener una vida dorada

desafíos felicidad

Fuente: Canva

Cuando nos acercamos a la luz de Cristo, entonces nosotros mismos nos convertimos en una vela, luz que emana de nosotros.

Recuerdo la historia de la época en que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días hizo arreglos con los funcionarios de Jerusalén para construir allí nuestro Centro de Jerusalén.

Tuvimos que aceptar no hacer proselitismo, lo prometimos. Sin embargo, luego, uno de los funcionarios que conocía muy bien a nuestros miembros, dijo que sabía que mantendríamos nuestro acuerdo, “pero”, refiriéndose a los estudiantes que asistirían allí, “¿qué vamos a hacer con la luz que está en sus ojos?”, preguntó.

Imagen: Canva

C.S. Lewis dijo una vez:

“No brilles para que otros puedan verte. Brilla para que, a través de ti, los demás puedan verlo a Él”. 

Esto es lo que están haciendo los alumnos, los misioneros y los miembros de todo el mundo.

Al establecer nuestro fundamento en Cristo, podemos tener mucho más que una “hora dorada”. Podemos perseguir esa luz por nuestra propia voluntad y tener una vida dorada.

Esta es una traducción del artículo que fue escrito originalmente por Joni Hilton y fue publicado en Meridian Magazine con el título “Chasing the light”.

También te puede interesar:

| Inspiración

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *