Nota del editor: Historia proporcionada por la hija de Geltrudis Duque Vega.
A sus 99 años, Geltrudis La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Su historia recuerda que nunca es tarde para acercarse al Salvador y hacer convenios con Él.
El 21 de octubre de 2026, Geltrudis Duque Vega, de 99 años, se bautizó en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en Panamá. Acompañada por sus familiares y amigos, vivió un momento especial que había estado preparándose durante varios meses.
Su bautismo fue realizado por los élderes Owen y Kringlen, quienes le enseñaron acerca del Evangelio de Jesucristo durante sus visitas. Al finalizar la ceremonia, Geltrudis expresó que estaba satisfecha y encantada con su decisión, y compartió que se sentía muy bien con Cristo.
Una vida marcada por la familia y la fe en Dios

Geltrudis nació el 17 de marzo de 1927 en Panamá y creció en la comunidad de Pacora junto a sus padres y seis hermanos. Desde temprana edad, asumió responsabilidades familiares que le impidieron completar sus estudios primarios.
Con el tiempo, formó una familia y tuvo diez hijos: dos de una relación anterior y ocho junto a su esposo, Máximo Cecilio Henríquez.
Hoy, su familia incluye 32 nietos, 44 bisnietos y 15 tataranietos, un legado que refleja las muchas generaciones que han formado parte de su vida.
Desde pequeña, Geltrudis creyó en Dios y en Jesucristo, y fue bautizada en la Iglesia Católica. Años después, mientras su hija menor conocía el evangelio restaurado y participaba en las reuniones de la Iglesia, ella también tuvo la oportunidad de escuchar los mensajes de los misioneros.
En distintas ocasiones, los acompañó durante sus visitas o asistió con su hija a las reuniones dominicales. Aunque su acercamiento al Evangelio ocurrió en diferentes momentos de su vida, su fe en Dios y en Jesucristo siempre estuvo presente.
Las visitas que la llevaron al bautismo

Entre agosto y octubre de 2026, Geltrudis volvió a recibir las enseñanzas de los misioneros de tiempo completo de su zona. Durante las visitas, que coincidían con sus horas de almuerzo, aprendió más sobre el Evangelio y lo que significa seguir a Jesucristo.
Por su edad, los misioneros procuraron explicarle los principios del evangelio con palabras sencillas y claras. Sus respuestas, aunque breves, demostraban su manera directa de entender la fe y los mandamientos de Dios.
Cuando le preguntaron si creía en Jesucristo, respondió que sí, porque Él es nuestro Señor y debemos quererlo y respetarlo. Al conversar sobre el pecado, también expresó con claridad que hacer lo malo tiene consecuencias y que debemos procurar vivir correctamente.
Uno de los momentos más particulares ocurrió cuando le preguntaron si quería bautizarse. Geltrudis respondió con otra pregunta:
«¿Y puedo bautizarme dos veces?».
Después de recibir una explicación, confirmó que sí quería hacerlo.
Su decisión muestra que el deseo de seguir a Jesucristo puede crecer cuando tenemos la oportunidad de aprender, preguntar y comprender las verdades del Evangelio.
“Me siento muy bien con Cristo”

El día de su bautismo, Geltrudis llegó tranquila y feliz para dar ese paso. El 21 de octubre, a las 3:00 p.m., hizo convenio con el Padre Celestial mediante la ordenanza del bautismo, acompañada por sus seres queridos.
Después de la ceremonia, cuando le preguntaron cómo se había sentido, expresó que estaba satisfecha y encantada con la experiencia. También dijo que se sentía muy bien con Cristo.
En la Iglesia de Jesucristo, el bautismo por inmersión, realizado por alguien que posee la debida autoridad del sacerdocio, es una ordenanza esencial para quienes desean seguir al Salvador y entrar en el camino de los convenios.
Por medio del bautismo, las personas hacen convenio de tomar sobre sí el nombre de Jesucristo, guardar Sus mandamientos y servir a los demás. Es el comienzo de una nueva etapa de discipulado, sin importar la edad a la que una persona decida dar ese paso.
Nunca es tarde para acercarse a Jesucristo

La historia de Geltrudis también tiene un significado especial para su familia. Su hija, quien fue la primera miembro de la Iglesia en su familia, pudo acompañarla en este proceso y ser testigo de su decisión de bautizarse.
Al compartir esta experiencia, su hija expresó su testimonio de que el Padre Celestial dirige Su obra y que no hay límites de edad para que Sus hijos se acerquen a Él.
El Evangelio de Jesucristo está disponible para todos, y cada persona puede decidir seguirlo cuando esté preparada para dar ese paso. La historia de Geltrudis nos recuerda la importancia de compartir nuestras creencias con amor, acompañar a nuestros seres queridos y confiar en que cada persona tiene su propio proceso para acercarse al Salvador.
A sus 99 años, Geltrudis tomó una decisión que representa mucho más que una ceremonia: eligió continuar su camino espiritual con Jesucristo como guía.
