Durante mucho tiempo, Steven T. Collis creyó que no llegaría muy lejos en la vida. Aunque tenía una familia amorosa y había crecido rodeado de paisajes que le recordaban lo inmenso que era el mundo, no lograba imaginar que él también tuviera grandes posibilidades por delante.

En su mente, las oportunidades parecían estar hechas para otras personas. Él simplemente no se consideraba alguien con suficiente capacidad para alcanzar grandes cosas.

Sin embargo, una experiencia durante su misión en Corea del Sur cambió su manera de verse a sí mismo. Mientras caminaba por las calles de Seúl junto a su compañero, tuvo una idea que nunca antes había considerado: 

«¡Sabes, puedo hacer cualquier cosa con mi vida!».

Para alguien más, quizá habría sido un pensamiento común. Para Steven, fue el comienzo de una nueva perspectiva. Por primera vez, comprendió que su pasado y sus inseguridades no tenían por qué determinar su futuro.

Las barreras que construimos en nuestra mente

Imagen: masfe.org

A veces, nuestras mayores limitaciones no están en lo que podemos hacer, sino en lo que hemos llegado a creer sobre nosotros mismos. 

Las experiencias difíciles, el miedo al fracaso, las comparaciones y la falta de confianza pueden llevarnos a pensar que no somos suficientemente buenos o que ciertas oportunidades nunca serán para nosotros.

Steven comprendió que cada persona enfrenta sus propias barreras. Algunas nacen de experiencias dolorosas; otras, de las expectativas de los demás o de pensamientos que hemos repetido tantas veces que terminamos aceptándolos como verdades.

Lo complicado es que, cuando llevamos mucho tiempo pensando de esa manera, podemos dejar de reconocer que existe otra forma de vivir.

Pero el evangelio de Jesucristo nos invita a mirar más allá de nuestras circunstancias actuales. Dios conoce nuestro valor incluso cuando nosotros mismos tenemos dificultades para reconocerlo.

Una decisión de fe que cambió su perspectiva

La vista desde la cima de las montañas Magdalena, cerca de Socorro, Nuevo México, lugar que Steven T. Collis visitó de niño. Créditos: Steven T. Collis. Imagen: LDS Living

Steven conoció la Iglesia durante su penúltimo año de secundaria. Estudió el evangelio durante varios meses y, después de ayunar para conocer la verdad, tuvo una experiencia que lo ayudó a reflexionar sobre los dos caminos que podía seguir.

Por un lado, imaginó una vida centrada en guardar los convenios con Dios, fortalecer los vínculos familiares, servir a los demás y desarrollar las cualidades que el Padre Celestial deseaba que cultivara. 

Por otro, visualizó una vida enfocada principalmente en los logros académicos, económicos y profesionales, pero que, en su caso, estaría acompañada de relaciones tensas y una vida familiar menos satisfactoria.

Steven entendió que aquella visión correspondía a sus propias circunstancias y no necesariamente a las de otras personas. Aun así, la experiencia lo ayudó a reconocer qué clase de vida deseaba construir.

Steven T. Collis como joven misionero en Corea del Sur. Créditos: Steven T. Collis. Imagen: LDS Living

Decidió bautizarse y comprometerse a seguir a Jesucristo, aunque todavía no tenía claro qué haría con su futuro ni había superado sus inseguridades. Más adelante, recibió su llamamiento misional para servir en Corea del Sur.

Fue allí donde entendió que seguir a Jesucristo no significa tener todas las respuestas desde el principio, sino estar dispuesto a avanzar con fe, incluso cuando todavía no vemos todo el camino.

Durante su misión, Steven descubrió que su vida podía tener un propósito mucho mayor del que había imaginado. No necesitaba ser alguien extraordinario ante los ojos del mundo para tener un lugar importante en el plan de Dios. Su valor no dependía de sus logros ni de la opinión de otras personas.

Comprendió que el Padre Celestial lo conocía personalmente y que podía ayudarlo a descubrir su potencial divino.

Cómo podemos mantener esa perspectiva

La familia Collis. Créditos: Steven T. Collis. Imagen: LDS Living

Después de regresar de su misión, Steven sintió por un momento que podía volver a sus antiguas inseguridades. Al acercarse a su pueblo natal, recordó aquella sensación de no tener grandes posibilidades por delante. Sin embargo, esta vez pudo reconocer que esos pensamientos no tenían que dirigir su vida.

La experiencia que había vivido en Corea del Sur le había enseñado que podía elegir una manera diferente de avanzar. No se trataba de negar sus dificultades ni de pensar que todo sería fácil, sino de dejar de considerar sus limitaciones como una sentencia definitiva.

Con el paso de los años, Steven y su esposa tomaron decisiones que otras personas no siempre comprendieron. Rechazaron algunas oportunidades económicas y profesionales para seguir caminos que consideraban más acordes con la dirección que recibían de Dios. 

También cometieron errores, enfrentaron tentaciones y tuvieron que volver a orientar sus decisiones.

Su experiencia le enseñó que buscar la voluntad del Padre Celestial no significa abandonar la razón ni dejar de evaluar las opciones disponibles. En ocasiones, el camino correcto no será el más prestigioso ni el que los demás esperan que elijamos. 

Por eso, Steven aprendió a medir el éxito de otra manera: no únicamente por lo que una persona consigue, sino también por la clase de persona en la que se convierte y por la forma en que utiliza sus bendiciones para ayudar a los demás.

El verdadero éxito va más allá de los logros personales

Ezra Taft Benson. Imagen: La Iglesia de Jesucristo

El presidente Ezra Taft Benson enseñó una verdad que Steven ha procurado aplicar a lo largo de su vida. El presidente Benson enseñó:

“Los hombres y las mujeres que entreguen su vida a Dios descubrirán que Él puede hacer mucho más de sus vidas de lo que ellos mismos pueden hacer”.

Esta enseñanza no significa que debamos dejar de estudiar, trabajar o esforzarnos por alcanzar nuestras metas. Más bien, nos invita a considerar qué estamos buscando y para qué queremos conseguirlo.

El éxito profesional, la estabilidad económica y los reconocimientos pueden ser bendiciones, pero no tienen por qué convertirse en el centro de nuestra existencia. 

Podemos alcanzar metas importantes sin medir nuestro valor según lo que otros consiguen, y podemos vivir una vida significativa incluso cuando nuestros esfuerzos pasan desapercibidos.

Para Steven, vivir de acuerdo con esta enseñanza implica aceptar oportunidades de servicio, fortalecer a quienes atraviesan dificultades, ayudar a otras personas a descubrir sus capacidades y buscar la voluntad de Dios al tomar decisiones complejas. 

También significa reconocer los errores, arrepentirse y volver a intentarlo. 

Tu potencial no depende de lo que otros piensen de ti

Imagen: masfe.org

Años después de aquella experiencia en Corea del Sur, Steven regresó a las montañas de su infancia junto a dos de sus hijos. Al contemplar aquellos paisajes, reflexionó sobre todo lo que Dios lo había ayudado a vivir y comprender.

Muchas de las bendiciones que había recibido eran visibles para otras personas; otras solo las conocían él, su familia y el Padre Celestial.

Su historia nos recuerda que no siempre podremos explicar nuestras decisiones a los demás ni hacer que todos comprendan el camino que hemos elegido. Tampoco necesitamos comparar nuestro progreso con el de quienes nos rodean para saber si estamos avanzando.

Steven concluye que, por nosotros mismos, no siempre podemos liberarnos de las barreras que hemos construido en nuestra mente. Pero Dios puede ayudarnos a reconocerlas y encontrar una manera de avanzar.

A medida que te acerques a Jesucristo y busques la guía del Padre Celestial, podrás aprender a mirar tu vida con mayor esperanza, reconocer tus capacidades y avanzar con propósito.

Porque el potencial que Dios ve en ti puede ser mucho mayor de lo que hoy eres capaz de imaginar.

Fuente: LDS Living 

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