De adicta a la heroína a erudita: Santo de los Últimos Días comparte cómo su fe fue clave en su recuperación y éxito

Ginny Burton es una Santo de los Últimos Días que ha pasado grandes pruebas en su vida. Una de ellas fue la adicción a la heroína.

Ginny tuvo una vida muy difícil en la que siempre estuvo expuesta a las drogas y los peligros, incluso tuvo 17 condenas por delitos graves y perdió la custodia de sus hijos.

Sin embargo, un día conoció el evangelio a través de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y su vida cambió.

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Ahora lleva 8 años sin consumir drogas, formó una familia, se graduó de la universidad con honores, fue nombrada “Truman Scholar”, que es una beca muy prestigiosa, y planea estudiar una maestría en políticas públicas o derecho.

El dramático cambio de rumbo de la vida de Burton hace que su viaje sea notable y hay muchos factores que la han llevado a este punto.

No obstante, de todos sus éxitos, hay una decisión que, según Burton, no tuvo precio en su vida y fue cuando se convirtió en miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

A continuación, compartimos un poco más sobre su inspiradora historia.

Por qué sobrevivió

Burton realmente no tenía ninguna posibilidad de evitar la adicción a las drogas.

Nació en 1972, tenía 7 años cuando su madre, que era drogadicta, la introdujo a la marihuana.

Poco después, comenzó a consumir metanfetamina y cuando era adolescente empezó a fumar crack.

Cuando era niña, Burton dice que podía sentir en su interior cuando le decían que hiciera algo que estaba mal.

Sin embargo, su entorno y su deseo de amor y aceptación hicieron que elegir entre el bien y el mal fuera muy difícil, por lo que hizo cosas que eran contrarias a lo que en verdad deseaba.

Desafortunadamente, su infancia fue solo el comienzo de una serie de eventos terribles en su vida, que incluyeron abuso sexual, múltiples intentos de suicidio, convertirse en adicta a la heroína, robar, vivir en las calles, tener relaciones abusivas y perder la custodia de sus hijos.

Sin embargo, hoy, Burton cree que las desventuras de su vida sucedieron por una razón.

“Pensé que era una broma cruel venir a esta tierra y no tenía idea de por qué un niño sería sometido a muchas de las cosas a las que yo fui sometida. 

Simplemente no tenía ningún sentido para mí. Sin embargo, hoy creo que cada parte de mi experiencia de vida ha sucedido para poder ayudar a otras personas. 

Así que, todas las veces que me desperté en cuidados intensivos por una herida de bala o una sobredosis y seguí viviendo, aunque no quería, reconozco hoy que me mantuvieron viva porque se suponía que se estaba obrando a través de mí para ayudar a alguien más. 

Sin el Salvador, no creo que hubiera sobrevivido. No obstante, también tenía que ser yo la que estuviera dispuesta a salvarme”.

Encontrar el Evangelio y la Iglesia de Jesucristo

En la década de 1990, la vida de Burton se salió de control y sus paradas en la cárcel fueron más frecuentes. Sin embargo, durante una sentencia de cuatro meses, sintió que debía ir más allá de sí misma y recurrió a las Escrituras.

“Leí toda la Biblia y tuve una experiencia realmente única. Muchos de los comportamientos que deseaba abandonar, desaparecieron. Sentí que eso se debía a que estaba leyendo la palabra”, dijo Burton.

En 2009, Burton fue encarcelada nuevamente. Cansada de su vida, recordó su primera experiencia con la Biblia y comenzó a leerla una vez más.

“Volví a leer la Biblia de tapa a tapa otra vez y comencé a investigar sobre las distintas religiones mientras estaba en prisión y tuve algunas experiencias espirituales muy fuertes.

Fueron experiencias tan profundas que realmente se me quedaron grabadas.

Aunque incluso después seguí negando a Dios en ciertos momentos, siempre recordé gentilmente que esas experiencias no se trataban de nadie más. 

Esas experiencias solo involucraban a Dios y a mí, sucedieron, y no podía negarlo”.

Burton leyó la Biblia un total de tres veces y estaba fuera de prisión cuando comenzó a buscar una religión que apoyara los principios que estudió en las Escrituras.

Sin embargo, cuando su hijo, que había estado investigando La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en Tacoma, Washington, la invitó a ir con él a los servicios, no le interesó.

No obstante, cuando se dio cuenta de que la batalla de ella y su esposo con las drogas no había terminado, supo que algo tenía que cambiar.

“Sentí que no podíamos sobrevivir a lo que estábamos experimentando si no teníamos a Cristo como piedra angular de nuestras vidas.

Así que tomamos la decisión de comprometernos en una relación con Cristo. 

En verdad, estaba buscando un grupo de creyentes que estuvieran alineados con los principios que leí en la Biblia y creía que algo tenía que haber ahí afuera”.

Mientras vivía en Seattle, Burton recuerda haber decidido asistir sola a una reunión sacramental y la experiencia influyó mucho en su camino de fe.

“Hice una pequeña oración durante la reunión sacramental y dije: ‘Está bien, Dios, si aquí es donde quieres que esté, será mejor que hagas que alguien me hable porque si nadie me habla, no volveré’. 

Y… una mujer me habló. Ella y yo nos convertimos en grandes amigas.

Me conmovió mucho el testimonio genuino que esta mujer compartió en una noche de hogar a la que asistí”.

Más tarde, Burton se topó con el documental “Conoce a los mormones”:

“Aunque no había una razón por la que algo así estuviera en mi lista de reproducción sugerida, al ver el documental, me asombró la diferencia de las culturas de las personas de otros países, pero la similitud en el estilo de vida de los miembros”.

Luego, Burton solicitó una versión del Rey Santiago de la Biblia en la página de la Iglesia para compararla con la suya.

Después de eso, no pasó mucho tiempo antes de que algunos misioneros se comunicaran con ella y la contactaran con los misioneros en Seattle.

Los testimonios de los misioneros inspiraron a Burton y la ayudaron a darse cuenta de que no podía tener un pie dentro y un pie fuera del evangelio.

“Sabía que, si no daba ese salto de fe, nunca iba a tener la experiencia real de ser miembro de la Iglesia. 

Definitivamente tenía preguntas, pero sabía que no tendría la experiencia real si no me unía. Así que, me uní. 

Me bauticé en febrero de 2017 y definitivamente es una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida”.

Recuperarse de la adicción y sentirse parte de la Iglesia de Jesucristo

Burton ha pasado ocho años sin consumir drogas, aunque su viaje ha tenido altibajos.

A pesar de todo, cree que Dios se comunica con ella y le da lecciones de una forma muy personal. Una de las formas en que Dios se comunica con Burton es a través de su pasión por el senderismo.

Burton recuerda la primera vez en que participó en una excursión, que fue realizada por un miembro de su barrio.

Un hombre resultó herido en su ruta y su grupo se quedó 24 horas en la montaña intentando rescatarlo.

Aunque antes no había planeado hacer la caminata, Burton dice que sintió la impresión de hacerlo y las lecciones que aprendió fueron inolvidables.

“Pasé un tiempo en la Iglesia sintiéndome muy extraña, muy diferente.

Tengo cicatrices y tatuajes en todo mi cuerpo, en mis manos, en mi cuello y en mis antebrazos.

Siempre me sentí distinta a las personas de la Iglesia.

Asimismo, me sentía insegura acerca de dónde venía y las cosas que hice. Miraba a todas estas personas que tenían mucho éxito en sus carreras y en sus familias.

Sin embargo, cuando todos estuvimos en esa montaña, no fuimos diferentes.

No importó lo que hiciéramos para ganarnos la vida, no importó cómo crecimos, cuánto dinero ganamos, nada de eso importó.

Lo que importó fue que trabajáramos en equipo, en esa montaña todos éramos iguales”.

Ver “Conoce a los mormones” e ir a esa excursión, fueron para Burton, “algunas de las más grandes experiencias que tuvo y la impulsaron a donde se encuentra hoy”.

Ahora Burton sabe que puede lograr todo lo que se proponga.

“Lo que aprendí sobre mí en esa montaña fue que no tengo idea de lo que soy capaz de hacer, que puedo ir más allá de los límites que he creado en mi propia mente y que ya no había más excusas para dejar de fumar”, dijo.

Grandes logros

Cuando se trata de la educación, Burton no conoce los límites. En 2020, recibió una prestigiosa beca de posgrado que solo se otorga a las futuras generaciones de líderes de servicio público.

Burton fue seleccionada como una de los 62 estudiantes de 55 instituciones para recibir este reconocimiento.

Ginny es mentora de aquellos que recientemente salieron de prisión, es guía de apoyo de excursiones de personas en recuperación de adicciones. Además, patrocina a las mujeres que participan en el programa de 12 pasos de recuperación de adicciones de la Iglesia.

En el futuro, Burton planea ayudar a recrear el sistema penitenciario de EE.UU. para que la rehabilitación sea obligatoria y accesible para aquellos que estuvieron en prisión y vuelven a ser encarcelados repetidamente durante toda su vida.

A veces, Burton siente que su pasado aún la persigue, pero confía en las verdades del evangelio para seguir adelante.

“Tengo el conocimiento profundo de que el Padre Celestial me ama y que he sido perdonada.

El problema no era que el Padre Celestial no tuviera el perdón para mí, el problema era que yo no tenía el perdón para mí. Trabajo en eso a diario”.

Burton y su esposo, Chris, son miembros activos en su barrio. Ambos leen las Escrituras y oran juntos todos los días.

Ser miembro de la Iglesia ha sido una experiencia que cambió su vida, ha retomado su vínculo con sus tres hijos y ha encontrado amigos para toda la vida.

“Me siento muy agradecida por la Iglesia. He aprendido a ser una mejor madre.

Mi fundamento se ha hecho más fuerte debido a mi relación con esta comunidad tan amorosa, generosa y solidaria.

Uno de los grandes beneficios de mi relación con la Iglesia es que todos mis amigos están limpios y sobrios.

Tengo algunas de las mejores y más cercanas amistades que he tenido en mi vida gracias a los miembros de la Iglesia”.

¿Qué te pareció la historia de Ginny Burton? ¡Cuéntanos en los comentarios!

Fuente: LDS Living

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