Para muchos padres, escuchar que su hijo está decepcionado con su experiencia misional puede resultar desconcertante. Después de todo, cumplir una misión suele ser una de las decisiones más importantes en la vida de un joven Santo de los Últimos Días, y es natural desear que regrese con buenos recuerdos y un testimonio fortalecido.

Pero cuando ocurre todo lo contrario, nuestra primera reacción puede ser intentar animarlo, recordándole todo lo bueno que hizo. Aunque esas palabras nacen del amor, quizá no sean lo que más necesita escuchar en ese momento.

Davis Smith, padre y expresidente de la Misión Brasil Recife Norte, compartió algunas reflexiones sobre cómo acompañar a los jóvenes que regresan a casa con sentimientos difíciles respecto a su servicio misional. Antes de intentar cambiar lo que tu hijo siente, intenta hacer esto.

1. No excluyas sus emociones de la conversación

Los sentimientos de tu hijo retornado merecen ser escuchados antes de intentar ofrecerles otra perspectiva. Imagen: masfe.org

Imagina que tu hijo regresa a casa de la misión y te dice que siente que no fue un “buen misionero”. Tal vez esperaba enseñar a más personas, tener mejores experiencias con sus compañeros o sentirse más cerca de Dios durante su servicio.

Como padre o madre, quizá quieras responderle de inmediato que hizo un gran trabajo, que ayudó a muchas personas y que debería sentirse orgulloso de lo que logró. Sin embargo, Davis Smith recomienda abordar la situación desde otro enfoque.

“Creo que, como padres, debemos tener mucho cuidado al corregir la decepción demasiado pronto”, explicó.

Un misionero retornado no necesita fingir entusiasmo ni esconder sus emociones. Imagen: Más Fe

Esto significa reconocer que los sentimientos de tu hijo retornado merecen ser escuchados antes de intentar ofrecerles otra perspectiva. Cuando alguien comparte una experiencia dolorosa y recibe inmediatamente una explicación de por qué debería sentirse diferente, puede interpretar que su tristeza no es relevante.

En cambio, escuchar con paciencia le permite saber que no necesita fingir entusiasmo ni esconder sus emociones para recibir nuestro amor. Para lograr eso podemos comenzar con preguntas como:

“¿Qué fue lo más difícil para ti?

¿Qué esperabas que fuera diferente?”.

2. Permítele sentir tristeza por la misión que esperaba tener

Volver de la misión antes de tiempo puede generar mucha tristeza. Imagen: masfe.org

Davis vivió este consejo en su propia vida cuando su hija, quien había soñado durante años con servir una misión, tuvo que regresar a casa después de servir como misionera 6 meses en Filipinas debido a dificultades relacionadas con su salud mental.

Para ella, volver antes de lo previsto fue doloroso, especialmente porque había dedicado mucho tiempo a prepararse para esa etapa de su vida. Al hablar de lo que aprendió como padre en esa experiencia, Davis explicó:

“Creo que debemos reconocer parte del dolor que sintieron. Está bien que los padres dejen que sus hijos lloren lo que esperaban que fuera su misión”.

Imagen: masfe.org

Un misionero puede sentirse decepcionado por muchas razones válidas, ya sea porque tuvo que regresar antes de tiempo, porque enfrentó conflictos que no supo manejar o porque siente que no cumplió ciertas expectativas personales. En esos casos, permitirles expresar su tristeza significa reconocer que aquello que esperaban era importante para ellos.

Eso fue lo que hizo Davis con su hija quien logró completar su misión como misionera de servicio demostrando así que una misión diferente de la esperada no tiene por qué ser una misión sin valor.

3. Haz preguntas que demuestren interés por sus sentimientos

La mejor forma de ayudar a un misionero retornado decepcionado por su misión es dar de tu tiempo para escucharlo, validar sus emociones y ofrecerle tu compañía. Imagen: masfe.org

Regresar de la misión también implica adaptarse a una vida muy diferente ya que durante meses o años, los jóvenes han tenido horarios específicos, responsabilidades fijas y una rutina rígida. Pero al volver, deben tomar decisiones sobre estudios, trabajo, relaciones y metas personales.

Si de por sí la adaptación ya es complicada, se vuelve un problema para el misionero retornado cuando solo escucha preguntas constantes sobre su futuro: ¿ya sabes qué estudiar? ¿Cuándo empezarás a trabajar? ¿Cuándo saldrás con alguien? ¿Cuál es tu próximo paso?

Aunque estas preguntas suelen estar acompañadas de buenas intenciones, pueden convertirse en una presión innecesaria para el misionero retornado que intenta adaptarse.

padres tristes; esposos
Imagen: iStock Photos

Davis señaló que muchos misioneros regresan sintiendo que los demás esperan verlos espiritualmente fuertes y seguros de sí mismos, cuando en realidad pueden estar cansados o confundidos sobre el siguiente paso. Por eso, recomienda preguntarles cómo se encuentran realmente, qué cosas les entusiasman, qué les está resultando difícil o qué aprendieron sobre sí mismos durante su misión.

Y luego de hacer la pregunta, lo siguiente es darles tiempo para responder sin interrumpirlos o convertir sus respuestas en una oportunidad para dar un sermón.

“Y luego, escuchen”, aconsejó Davis. “Para los jóvenes misioneros, la misión es una parte fundamental de su vida. Por lo tanto, saber escuchar puede tener un impacto real en ellos”.

Tu hijo necesita saber que tu amor no depende de cómo haya sido su misión

Tu hijo o hijaa debe saber que tu amor hacia ellos no está condicionado por lo «mucho» o «poco» que hicieron en la misión. Imagen: Canva

Es natural sentir orgullo por un hijo que decide servir una misión, pero también es importante que sepa que ese orgullo no depende de cuántos bautismos tuvo, de las responsabilidades que recibió o de si completó el tiempo de servicio previsto.

Cuando un misionero retornado está decepcionado, puede ser especialmente sensible a las expectativas de los demás. Quizá tema que sus padres también se sientan decepcionados o que incluso lo comparen con otros “mejores misioneros”. Por eso, lo mejor que puedes hacer como padre es recordarle a tu hijo o hija, mediante tus palabras y acciones, que su valor no está ligado con los resultados externos de su misión.

Si notas que la tristeza, la ansiedad o el desánimo persisten y afectan el bienestar de tu misionero retornado, también puede ser útil animarlo a buscar apoyo de profesionales en salud mental mientras tú sigues escuchándolo con amor.

Sobre todo, debes recordarle que no todas las experiencias misionales son iguales. Algunos retornan llenos de entusiasmo, mientras que otros necesitan tiempo para comprender lo que vivieron y hallar paz por lo que no salió como esperaban. Pero sea cual sea el caso, todos los misioneros retornados merecen ser recibidos con el mismo amor.

Lo mejor que puedes hacer es estar dispuesto a escuchar

Davis Smith (a la derecha) sonríe junto a misioneros de la Misión Recife Norte de Brasil.
Imagen cortesía de Davis Smith

Cuando alguien que amamos está sufriendo, queremos encontrar las palabras correctas para aliviar su dolor. Sin embargo, acompañar a un misionero retornado decepcionado por su misión no siempre requiere tener una respuesta para todo.

Tal vez tu hijo necesite hablar contigo varias veces para expresar sus sentimientos y compartir sus dudas.  En esos momentos, frases como “Gracias por contarme cómo te sientes”, “Lamento que hayas pasado por algo tan difícil” o “Estoy aquí para escucharte” son lo mejor que puedes decir.

Luego de aclarar los sentimientos y pensamientos de tu hijo o hija, también llegará el momento de hablar sobre las bendiciones que recibió en su misión. Ese momento será más significativo si primero ha sentido que sus emociones fueron comprendidas.

La misión de tu hijo puede haber sido distinta de lo que imaginó, pero eso no significa que todo se haya acabado. Como su padre o madre, quizá no puedas cambiar las experiencias que vivió, pero sí puedes acompañarlo a sanar y hallar comprensión.

En prácticas palabras, la mejor forma de ayudar a un misionero retornado decepcionado por su misión es dejando de buscar las palabras perfectas y dar de tu tiempo para escucharlo, validar sus emociones y ofrecerle tu compañía. Eso es todo lo que necesitará.

Fuente: LDSLiving

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