Los niños también pueden protagonizar las historias de fe más conmovedoras. Isla, una niña con discapacidad del habla, lo demostró al participar en el programa de la Primaria de su barrio utilizando un dispositivo de comunicación alternativa para compartir su mensaje, cantar junto a los demás niños y ofrecer una oración.
Su madre, Brindisi Christner, compartió el momento en un reel de Instagram que muestra a Isla frente al micrófono, acompañada por un adulto, mientras utiliza su dispositivo para reproducir las palabras de su intervención.
La escena muestra algo más que una presentación infantil: refleja cómo el amor, la paciencia y la disposición a incluir a cada niño pueden abrir espacios para que todos participen de acuerdo con sus necesidades.
Una forma diferente de compartir el mensaje de Jesús

Durante su intervención, Isla compartió un mensaje sencillo sobre la importancia de seguir el ejemplo del Salvador mediante pequeños actos de bondad. Con ayuda de su dispositivo, expresó:
“Elijo seguir a Jesús cuando comparto con mi hermana, Sunny. Cuando voy a Días de Actividades, a veces traigo a casa una manualidad o una golosina. Sunny siempre está emocionada de ver lo que traje a casa. Me gusta compartir con ella porque la hace feliz. Me siento feliz cuando elijo ser amable y generosa como Jesús”.
Sus palabras nos recuerdan que seguir a Jesucristo muchas veces se demuestra en la manera en que tratamos a nuestra familia, compartimos lo que tenemos y procuramos hacer felices a quienes nos rodean. Para Isla, compartir una golosina o una manualidad con su hermana es una oportunidad para practicar el amor cristiano.
Después de su participación, Isla también formó parte del coro con los demás niños. Aunque se comunica mediante un dispositivo, el video muestra sus gestos y movimientos mientras sigue la música. Su madre explicó en la publicación que le encanta reconocer cuándo Isla conoce una canción, porque puede ver cómo la sigue y siente la música a su manera.
“Ella la ama y la siente. Simplemente irradia muchísimo amor y calidez. Me encanta verla brillar”, escribió Brindisi.
La participación de Isla culminó con su oración. Mediante su dispositivo, expresó gratitud por la oportunidad de aprender acerca de Jesús y cantar sobre Él. También dio gracias por su familia y sus amigos, y pidió ayuda para que todos fueran amables, se amaran unos a otros y estuvieran a salvo.
“Te amamos. En el nombre de Jesucristo, amén”, concluyó.
La inclusión comienza cuando aprendemos a adaptarnos

Más allá de la ternura del momento, Brindisi quiso destacar algo importante sobre la experiencia de su hija: el esfuerzo de los líderes de la Primaria para crear un espacio en el que Isla pueda participar de una manera adecuada para ella.
La madre expresó su gratitud por los líderes de su barrio, quienes dedican su tiempo y energía a servir a todos los niños por igual. Según explicó Brindisi, ellos mantienen una comunicación abierta con ella y conversan sobre cómo adaptar las clases y las actividades de la Primaria a las necesidades de Isla.
“Esto es lo que puede parecer la inclusión”, escribió Brindisi.
El ejemplo de esos líderes nos demuestra que incluir a alguien no significa simplemente permitirle estar presente, sino procurar que pueda participar de verdad. A veces, eso requiere cambiar una actividad, buscar una herramienta de comunicación diferente o dedicar tiempo a descubrir qué ayuda a cada persona a sentirse cómoda y comprendida.
En el caso de Isla, su dispositivo de comunicación le permite compartir pensamientos y participar en momentos importantes en su barrio. Gracias a esa adaptación y al apoyo de quienes la rodean, pudo expresar su mensaje y ofrecer una oración con los demás niños.
Un recordatorio del amor que Jesucristo enseñó

Las experiencias como la de Isla también nos invitan a reflexionar sobre la manera en que las comunidades de fe pueden seguir el ejemplo de Jesucristo. En las Escrituras, vemos que el Salvador se acercaba a quienes otros rechazaban, dedicaba tiempo a los niños y enseñaba que cada persona merece amor y atención.
En la Iglesia, ese principio se manifiesta mediante un líder que escucha a los padres, un niño que aprende a acompañar a un compañero, o una clase que encuentra una forma distinta de ayudar a alguien a participar. Ninguno de esos gestos necesita ser espectacular para tener un efecto poderoso en quienes reciben esa comprensión.
Isla pudo expresar su amor por Jesús, hablar de la bondad a su barrio, cantar con los demás niños y dirigirse al Padre Celestial. Su experiencia muestra que una discapacidad no impide que una persona tenga sentimientos y un testimonio que compartir.
Una de las lecciones más hermosas que nos deja esta experiencia de Isla es que una comunidad se vuelve más acogedora cuando se pregunta constantemente qué puede hacer para que todos encuentren su lugar de pertenencia en ella.
