Probablemente te ha pasado. El obispo te llama entre semana, conversa contigo por un par de minutos y, antes de colgar, ya tienes una nueva preocupación para el domingo: dar un discurso en la reunión sacramental.

Entonces empiezas a prepararte. Lees las Escrituras, revisas discursos de conferencia general, buscas citas y piensas en alguna experiencia que pueda ayudarte a explicar el tema.

Pero llega el momento de ponerse de pie frente al barrio y aparece otro problema: sabes lo que quieres decir, pero no sabes cómo empezar. Y es justo ahí donde muchos terminamos usando las mismas frases de siempre.

Hay formas de empezar que no ayudan mucho

Imagen: masfe.org

No significa que estén “prohibidas” ni que arruinen automáticamente un discurso. Simplemente hay maneras de comenzar que pueden hacer que los primeros segundos se sientan más fríos o predecibles.

Por ejemplo:

“Para quienes no me conocen…”

Puede funcionar si realmente eres nuevo en el barrio, pero resulta un poco extraño cuando prácticamente todos ya saben quién eres.

“Cuando el obispo me llamó, quería decirle que no.”

Imagen: masfe.org

Es una frase bastante común. El problema es que empiezas diciéndole a todos que preferirías no estar hablando frente a ellos.

“Este discurso es más para mí que para ustedes.”

Quizá sea cierto que aprendiste mucho mientras te preparabas, pero no necesitas advertirlo desde el principio.

“El tema que me asignaron es…”

Imagen: Más Fe

Ir directamente al tema no está mal, aunque puede hacer que el inicio suene más a una presentación escolar que a una conversación.

“El diccionario define…”

Todos hemos escuchado una introducción así alguna vez. A veces funciona, pero casi siempre hay maneras más cercanas de presentar la misma idea.

Entonces, ¿qué podrías hacer en lugar de eso?

5 formas de empezar mejor tu discurso

dar testimonio
Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

1. Cuenta una experiencia personal

Las personas suelen prestar más atención cuando sienten que alguien les está contando algo real. No tiene que ser una historia extraordinaria. Puede ser una conversación, una experiencia familiar o un momento en el que comprendiste mejor el principio sobre el que vas a hablar.

Después puedes conectar esa historia directamente con tu tema.

2. Comparte una anécdota que haga sonreír

La reunión sacramental es un espacio reverente, pero eso no significa que un discurso tenga que sentirse rígido. Una historia breve y apropiada puede ayudar a romper la tensión y hacer que todos estén más atentos.

La clave es que tenga relación con lo que vas a enseñar y que no termine distrayendo del mensaje.

3. Empieza con una cita que realmente diga algo

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Una buena frase puede hacer que las personas quieran escuchar lo que viene después. Puede ser una escritura, una cita de un líder de la Iglesia o incluso unas palabras que hayas escuchado en otro contexto. Lo importante es no leerla y dejarla allí. Explica por qué esa frase llamó tu atención y qué tiene que ver con lo que quieres compartir.

4. Usa una comparación sencilla

Jesucristo utilizó parábolas para enseñar principios que podían parecer difíciles de explicar directamente. Tú también puedes comenzar con una situación cotidiana que ayude a entender mejor tu tema.

No tiene que ser algo elaborado. Cuanto más sencilla sea la comparación, más fácil será recordarla.

5. Aprovecha algo que ocurrió durante la reunión

A veces la mejor introducción ni siquiera estaba escrita en tus notas. Tal vez el himno anterior habló precisamente de tu tema. Quizá otro discursante dijo algo que conectó con lo que preparaste.

Puedes mencionarlo y continuar desde allí.

como dar un discurso en la sacramental
Imagen: Shutterstock

Eso hace que el discurso se sienta más natural y menos memorizado. Al final, no existe una frase perfecta para comenzar un discurso en la reunión sacramental.

Puedes tener una introducción muy creativa y aun así sentir nervios. También puedes empezar de manera sencilla y terminar compartiendo exactamente lo que alguien necesitaba escuchar ese domingo. La meta no es sonar como un orador profesional.

Es ayudar a que las personas quieran escuchar el mensaje que preparaste y, sobre todo, confiar en el Espíritu mientras lo compartes.

Fuente: Mais Fe

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