¿Sabemos cuántos hijos de Dios entrarán en el Reino Celestial? Quizá todos, en algún momento, nos hayamos cruzado con esa pregunta. Y es que, cuando se trata de la eternidad, hay varias cosas que nos gustaría conocer, pero, hablando específicamente de este tema, debemos saber que Dios no ha revelado una cifra exacta.

No sabemos si serán el 50%, el 75% o cualquier otro porcentaje de Sus hijos. Tampoco existe una enseñanza oficial que establezca un número determinado de personas que heredarán el Reino Celestial.

Sin embargo, eso no significa que no sepamos nada sobre el tema. Por el contrario, las Escrituras y las enseñanzas de varios profetas ofrecen una visión esperanzadora de las oportunidades que Dios ofrece a Sus hijos, incluso después de la muerte.

El caso de Alvin Smith cambia la perspectiva

Alvin Smith. Imagen: LDSflow

Uno de los ejemplos más poderosos se encuentra en Doctrina y Convenios 137. En una visión, José Smith vio a su hermano Alvin en el Reino Celestial quien había fallecido antes de la restauración del evangelio y antes de que se restaurara la ordenanza del bautismo vicario.

La revelación enseña:

“Todos aquellos que de aquí en adelante mueran sin un conocimiento de [este evangelio], quienes lo habrían recibido de todo corazón, serán herederos de este reino”.

Esa declaración es extraordinaria porque muestra que Dios no juzga a Sus hijos únicamente por las oportunidades que tuvieron durante su breve existencia mortal. También considera los deseos de su corazón y aquello que habrían hecho si hubieran tenido la oportunidad.

Esto plantea la idea de que una persona no está condenada simplemente por haber nacido en determinada época, país, familia o cultura donde nunca tuvo la posibilidad de conocer el evangelio restaurado.

¿Y qué ocurre cuando el evangelio finalmente llega?

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Antes de venir al mundo, vivíamos como una gran familia espiritual en el cielo. Arte: «Young man seeing spirit world», by G. Bjorn Thorkelson

El presidente Wilford Woodruff expresó una visión muy optimista acerca de la predicación del evangelio en el mundo de los espíritus. Enseñó que, cuando el evangelio fuera predicado a quienes habían muerto:

“Habrá muy pocos, si es que hay algunos, que no acepten el Evangelio”.

El presidente Lorenzo Snow expresó una idea similar al hablar de la obra que se realiza en los templos a favor de los muertos.

“Cuando se predique el Evangelio a los espíritus encarcelados, el éxito de esa predicación será mucho mayor que el de la predicación de nuestros élderes en esta vida. Creo que serán muy pocos los espíritus que no reciban con gozo el Evangelio cuando se les lleve. Las circunstancias allí serán mil veces más favorables”.

El presidente Brigham Young también enseñó que “miles y millones” de habitantes de la tierra habrían aceptado y obedecido el evangelio si hubieran tenido el privilegio de recibirlo.

Estas declaraciones no establecen una cifra revelada, pero sí muestran que varios profetas han contemplado con gran esperanza la respuesta de los hijos de Dios del otro lado del velo cuando finalmente reciban la oportunidad justa de conocer el evangelio.

Entonces, ¿podemos decir que la mayoría irá al Reino Celestial?

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Imagen: Shutterstock

Aquí es necesario ser cuidadosos. No es correcto afirmar como doctrina que la mayoría de los hijos de Dios entrará en el Reino Celestial, porque Dios no ha revelado ese número ni ese porcentaje.

Las declaraciones de los presidentes Woodruff, Snow y Brigham Young expresan esperanza y comprensión profética sobre la respuesta de las personas al evangelio, pero no constituyen una revelación que establezca que determinado porcentaje de la humanidad será exaltado.

Al mismo tiempo, tampoco sería correcto enseñar que quienes no aceptaron el evangelio durante la mortalidad están automáticamente perdidos.

La doctrina restaurada presenta un panorama mucho más amplio: el evangelio se predica en el mundo de los espíritus, las ordenanzas salvadoras pueden realizarse vicariamente en los templos y cada persona conserva su albedrío.

¿Quiénes heredarán el Reino Celestial?

Quienes han hecho convenios con Dios y permanecido fieles a ellos entrarán en Su reino. Imagen: Másfe.org

La Iglesia enseña que existen tres reinos de gloria y que el Reino Celestial es el más alto de ellos.

En él moran quienes han sido hechos perfectos mediante Jesucristo y reciben las bendiciones asociadas con la fe en Él, el arrepentimiento, la obediencia, los convenios y las ordenanzas necesarias.

También existe una enseñanza consoladora para los padres: los niños que mueren antes de alcanzar la edad de responsabilidad son salvos en el Reino Celestial. Doctrina y Convenios 137:10 enseña que “los niños pequeños no necesitan arrepentimiento, ni bautismo” y que son salvos en el Reino Celestial.

La salvación, por tanto, no se presenta como una carrera en la que Dios intenta encontrar razones para excluir a Sus hijos. Se presenta dentro del plan de un Padre Celestial que desea ofrecer a Sus hijos oportunidades reales de regresar a Su presencia.

Una perspectiva más esperanzadora sobre la salvación

Presidente Dallin H. Oaks. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

El presidente Dallin H. Oaks ha enseñado que:

“Todos los hijos de Dios, con excepciones demasiado limitadas para considerarlas aquí, finalmente heredarán uno de los tres reinos de gloria”.

También explicó que los mandamientos y convenios del evangelio ofrecen a todos la oportunidad de alcanzar el grado más alto de gloria. Eso cambia la manera en que podemos pensar acerca de las personas que actualmente no conocen el evangelio.

No debemos suponer que alguien está “demasiado lejos” para Dios. Tampoco podemos asumir que una persona que murió sin aceptar el evangelio perdió para siempre toda posibilidad de recibirlo.

La obra vicaria por los muertos tiene precisamente ese propósito: extender las bendiciones del evangelio a quienes no tuvieron una oportunidad adecuada durante su vida mortal.

Entonces, ¿cuál es la respuesta?

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Imagen: Getty Images

La respuesta más precisa es sencilla: no sabemos cuántas personas entrarán finalmente en el Reino Celestial porque Dios no ha revelado una cifra total ni un porcentaje, pero sí sabemos algo mucho más importante.

Sabemos que Dios juzga a Sus hijos con perfecta justicia y misericordia, sabemos que las ordenanzas salvadoras pueden realizarse vicariamente por quienes han muerto, sabemos que cada persona conserva su albedrío.

También sabemos que varios profetas han expresado esperanza de que grandes cantidades de personas acepten el evangelio cuando finalmente tengan la oportunidad de conocerlo. Todos estos conocimientos nos proporcionan confianza y esperanza.

Finalmente, nuestra responsabilidad es confiar en Jesucristo, compartir el evangelio y realizar la obra del templo por nuestros antepasados. Aunque no sepamos exactamente cuántos aceptarán a Jesucristo, sí sabemos que Dios es poderoso para salvar y que Su plan abre un camino para que todos Sus hijos tengan una oportunidad de recibirlo.

Fuente: Ask Gramps

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