Si creías que la Biblia solo está llena de historias de reyes, guerreros y profetas hombres, esta historia te puede sorprender.
En una época en la que Israel volvía a alejarse del Señor, dos mujeres tuvieron un papel decisivo en la liberación de su pueblo, ellas fueron Débora, profetisa y jueza de Israel, y Jael, una mujer cuya intervención terminó con el enemigo que había oprimido a los israelitas.
Y sí, todo comenzó con una batalla que parecía bastante complicada.
Débora sabía que Israel no estaba solo

Israel estaba siendo oprimido por Jabín, rey de Canaán, cuyo ejército estaba comandado por Sísara. Según el relato de Jueces, Sísara tenía 900 carros de hierro, mientras que los israelitas se encontraban en una situación mucho más vulnerable.
En ese momento, Débora era profetisa y jueza de Israel. El pueblo acudía a ella para recibir consejo y resolver asuntos. Débora no actuó simplemente por iniciativa propia, ella recibió dirección del Señor y actuó de acuerdo con ella.
Un día mandó llamar a Barac, hijo de Abinoam, y le comunicó el mandato del Señor:
“Ve […], y toma a contigo diez mil hombres […] y yo atraeré hacia ti, hasta el arroyo de Cisón, a Sísara […] y lo entregaré en tus manos”. – Jueces 4:6-7
Barac aceptó ir, pero puso una condición, dijo que Débora debía acompañarlo y ella aceptó.
Pero también le advirtió que, debido a su decisión, la victoria no recibiría la honra que él esperaba, porque el Señor entregaría a Sísara en manos de una mujer.
El ejército de Israel enfrentó a Sísara

Barac reunió a los diez mil hombres y subió al monte Tabor.
Cuando Sísara supo que el ejército israelita se había reunido, salió con sus carros y sus soldados para enfrentarlos.
La situación parecía favorecer a los cananeos, pero la batalla no dependía únicamente de la cantidad de soldados o de los carros de hierro.
El relato bíblico dice que el Señor intervino a favor de Israel, y el ejército de Sísara fue derrotado. Los soldados huyeron y Barac persiguió al ejército hasta que casi no quedó ninguno de ellos. Solo Sísara había conseguido escapar.
Sísara terminó en la tienda de Jael

Sísara huyó a pie hasta llegar a la tienda de Jael, esposa de Heber ceneo, porque existía una relación de paz entre la casa de Jabín y la familia de Heber.
Jael salió a recibirlo y lo invitó a entrar. Sísara estaba agotado y asustado. Le pidió agua y que permaneciera en la entrada de la tienda para ocultarlo si alguien preguntaba por él.
Jael aceptó, pero mientras Sísara dormía, Jael tomó una estaca de la tienda y un martillo y acabó con su vida.
Cuando Barac llegó buscando a Sísara, Jael salió a su encuentro y le mostró que el hombre que estaba buscando ya había muerto.
Así, la profecía de Débora se había cumplido, Sísara había sido entregado en manos de una mujer.
La victoria que comenzó con una profetisa

Después de la batalla, Débora y Barac cantaron un cántico de victoria registrado en Jueces 5. Allí reconocieron que la liberación de Israel había venido del Señor.
La historia es interesante porque no presenta a Débora y a Jael haciendo exactamente lo mismo. Débora fue profetisa, jueza y líder espiritual, mientras que Jael tuvo un papel inesperado en el desenlace de la batalla.
Y aunque la historia utiliza el lenguaje y las costumbres de una época muy diferente a la nuestra, destaca que el Señor puede obrar por medio de personas que otros quizá no esperarían ver en el centro de una historia.
Débora no necesitó convertirse en alguien diferente para cumplir su responsabilidad. Escuchó al Señor, actuó con valor y ayudó a dirigir a su pueblo. Jael, por su parte, aparece en un momento decisivo de la historia y termina cumpliendo aquello que Débora había anunciado.
Una historia sobre fe, valor y dirección divina

La historia de Débora y Jael no se trata simplemente de “dos mujeres que ganaron una batalla”. El punto central del relato está en la liberación de Israel y en el papel del Señor en ella.
Débora reconoció que la victoria no dependía únicamente de la estrategia militar de Barac. En Jueces 4, el Señor promete entregar a Sísara en manos de Israel, y el capítulo siguiente comienza con un cántico que atribuye la victoria a Dios.
Para los Santos de los Últimos Días, esta historia también puede recordarnos que Dios puede llamar y fortalecer a Sus hijos para cumplir propósitos importantes, independientemente de las expectativas culturales de su época.
Débora fue una líder espiritual en Israel. Su historia muestra que escuchar al Señor y actuar con fe puede requerir valentía, especialmente cuando las circunstancias parecen estar en contra.
Por eso esta historia sigue siendo tan interesante al mostrar a dos mujeres que ocuparon un lugar inesperado en uno de los momentos decisivos de la historia de Israel, y ambas fueron parte del cumplimiento del propósito del Señor.
Fuente: www.churchofjesuschrist.org
