Durante muchos años, el matrimonio fue visto como el siguiente paso natural para la mayoría de los jóvenes adultos.

 Sin embargo, hoy muchas personas se casan más tarde, otras sienten incertidumbre sobre formar una familia y algunas incluso han perdido la esperanza de encontrar un compañero eterno.

Dentro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, este tema suele generar conversaciones importantes. 

No porque el matrimonio haya perdido su valor doctrinal, sino porque cada vez más jóvenes fieles desean formar una familia, pero enfrentan desafíos que generaciones anteriores quizá nunca experimentaron.

Entonces surge una pregunta necesaria: 

¿El problema es simplemente que los jóvenes ya no quieren casarse, o existen razones más profundas que debemos comprender?

Más allá de la edad

Muchos solteros dentro de la Iglesia de Jesucristo viven una realidad alarmante. Imagen: másfe.org

Con frecuencia se habla de la importancia de casarse jóvenes o de no dejar pasar demasiado tiempo. Aunque esas recomendaciones pueden tener buenas intenciones, centrar toda la conversación en la edad puede hacer que olvidemos lo esencial.

Muchas personas solteras no permanecen así porque hayan rechazado el matrimonio. Al contrario, oran por él, se preparan para él y desean construir un hogar centrado en Jesucristo. 

Sin embargo, encontrar una persona con quien compartir convenios eternos implica mucho más que coincidir en el momento adecuado.

El matrimonio eterno requiere dos personas que estén creciendo espiritualmente y aprendiendo a amar como Cristo ama.

La independencia no significa falta de interés 

soledad; soltería; desafíos
Imagen: Shutterstock

En ocasiones se afirma que las nuevas generaciones priorizan los estudios, el trabajo o los proyectos personales por encima de formar una familia.

Si bien eso puede suceder en algunos casos, esa explicación resulta demasiado simple para una realidad mucho más compleja.

Muchos jóvenes adultos desarrollan una carrera profesional porque necesitan sostenerse económicamente, servir mejor o simplemente porque esa etapa de su vida llegó antes que el matrimonio. Eso no significa que hayan dejado de creer en el plan del Padre Celestial.

Los talentos y oportunidades que el Señor nos concede también pueden formar parte de nuestra preparación para bendecir una futura familia.

Una preocupación que involucra a los hombres

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Cuando se habla del descenso de los matrimonios, gran parte de la conversación suele centrarse en las mujeres, con comentarios como que deberían casarse antes, salir con más personas o modificar ciertas expectativas.

Pero pocas veces nos detenemos a pensar que el desafío también involucra a los hombres.

El matrimonio no depende únicamente de encontrar a alguien. También requiere desarrollar habilidades que permitan construir una relación sana, estable y centrada en Cristo.

Ser un buen proveedor es importante, pero no suficiente.

El Señor también espera que Sus hijos aprendan a escuchar, servir, expresar amor, mostrar empatía y fortalecer emocionalmente a su familia.

El ejemplo perfecto siempre es Jesucristo

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Cuando observamos la vida del Salvador encontramos fortaleza y compasión al mismo tiempo.

Jesucristo enseñó con firmeza, pero también escuchó a quienes sufrían. Consoló a los afligidos, lloró con quienes lloraban y ministró de manera individual.

Esas cualidades no pertenecen únicamente a hombres o mujeres. Son atributos divinos que todo discípulo está invitado a desarrollar.

Mientras más hombres y mujeres procuren parecerse al Salvador, más preparados estarán para construir matrimonios fuertes y relaciones duraderas.

No se trata de que uno cargue con toda la responsabilidad mientras el otro simplemente acompaña.

Los convenios del templo invitan a hombres y mujeres a avanzar unidos hacia Cristo, apoyándose mutuamente en sus fortalezas y también en sus debilidades.

¿Cómo podemos prepararnos desde ahora?

cumplir 30 y estar soltero
Imagen: masfe.org

Esperar el matrimonio no significa permanecer pasivos.

Cada etapa de la vida ofrece oportunidades para convertirse en una mejor versión de uno mismo.

Los hombres pueden fortalecer su capacidad para comunicar sentimientos, escuchar con atención y servir con mayor sensibilidad.

Las mujeres también pueden procurar comprender mejor las experiencias y desafíos que viven los hombres, evitando que las decepciones del pasado cierren su corazón a nuevas oportunidades.

Y ambos pueden recordar que una relación saludable no consiste únicamente en preguntarse qué pueden recibir de la otra persona, sino también qué están dispuestos a ofrecer como discípulos de Jesucristo.

Prepararnos para el matrimonio 

Un matrimonio sano es posible si dejas atrás ciertas expectativas irreales. Imagen: masfe.org

El evangelio nunca ha enseñado que el matrimonio sea una competencia entre hombres y mujeres ni una meta que deba alcanzarse por miedo a quedarse atrás.

Más bien, invita a cada persona a convertirse en alguien capaz de amar, servir, perdonar y edificar a otra persona durante toda la vida.

El matrimonio eterno no se construye únicamente encontrando a la persona correcta; también requiere convertirse, con la ayuda del Señor, en la persona correcta.

Cuando hombres y mujeres permiten que Jesucristo transforme su corazón, aprenden a caminar juntos con humildad, respeto y fe.

Y es precisamente ahí donde nace un hogar capaz de perdurar no solo durante esta vida, sino también por toda la eternidad.

Fuente: LDS Daily 

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