Lo siguiente es un extracto del libro “That We May Be One,” la perspectiva de un Santo de los Últimos Días gay sobre la fe y la familia por Tom Christofferson.

Quizás recuerdes la campaña de hace unos años que se llamaba It Gets Better (Mejorará). Después de una serie de suicidios de adolescentes gais, un grupo de personas en Los Ángeles se reunió para crear un video con personas famosas que les decían a los jóvenes que crecer siendo gay puede ser horrible, pero que en verdad todo mejora y que vale la pena vivir la vida. Para mí, la vida comenzó a mejorar cuando mi familia se mudó a Delta, Utah.  Todavía tuve un par de experiencias difíciles, pero recuerdo que los tres años que vivimos ahí, estuvieron llenos de diversión y felicidad.

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Mientras escribo esto, te imagino leyendo estas palabras. Si eres un adolescente gay o transgénero, por favor, créeme, en verdad todo mejorará. Encontrarás a aquellos que te aman y desean ser parte de tu vida. Nuestro Padre Celestial te conoce completamente, conoce todo de ti y te ama. Él se encuentra ansioso por ayudarte en tu camino.

Si bien podrías enfrentar problemas de acoso escolar. En general, tu generación es la más tolerante y de mentalidad abierta que hemos visto, con casi un sentido innato de imparcialidad e inclusión. Me preguntaba si es una coincidencia que esta generación surgiera en el tiempo en que el Señor necesita acelerar Su obra. Quizá, debido a que esta generación tiene particularmente una fuerte capacidad para amar de manera generosa a aquellos que no se parecen tanto a ellos, estas son las almas que el Señor preservó para romper las últimas barreras con el fin de predicar Su evangelio a todas las naciones.

Si eres padre de un LGBTQ que recientemente anunció su orientación sexual, también te aseguro que mejorará. Por favor, comienza con el conocimiento de que no existe nada vergonzoso en ser lesbiana, gay, bisexual, transgénero o queer [persona que no se identifica con los modelos de género binario hombre-mujer].  Nuestros líderes de La Iglesia han aclarado que no existe pecado en la atracción. Nada sobre tu hijo(a) lo(a) convierte en un(a) enemigo(a) de Dios.

La homosexualidad simplemente es un hecho en este mundo y es un suceso un poco más frecuente que tener ojos verdes o cabello rojo y un poco menos frecuente que ser surdo. No hay nada que esconder o de qué avergonzarse. Además,  la muy buena noticia es que nuestra sociedad llega a entenderlo rápidamente. Por favor, asegúrate de que tu hijo(a) entienda que, a pesar de que se tengan que tomar decisiones, no existe nada específicamente malo o vergonzoso sobre él o ella. Nada.

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Desearía que mi madre todavía estuviera aquí para compartir este mensaje.

Sin que yo me enterara, en una ocasión, en una reunión familiar, algunos de mis sobrinos adolescentes se enteraron de que pronto llegaría con mi pareja y comenzaron a burlarse de los gais que llegarían a la reunión justo cuando mi madre daba vuelta a la esquina. Mi madre tenía una estatura menor al promedio y era una persona bastante apacible. Sin embargo, en esa ocasión, mi hermano Wade fue testigo de su indignación justa y poderosa, que dejó a algunos de mis sobrinos temblando a su paso: “¡Nunca volverán a hablar así de mi hijo!”

También todo mejora para los padres. El impacto inicial del descubrimiento desaparece, la sensación de que el mundo está de cabeza disminuye con el tiempo, la comunicación se vuelve más fácil y progresar en la ambigüedad es una habilidad que se puede aprender y practicar.

Para los obispos y los líderes de los jóvenes que podrían estar leyendo esto, también les pido que ahora es el momento de acercarse a los jóvenes LGBTQ, no de alejarlos. Les aseguro que estos hombres y mujeres jóvenes, que se identifican a sí mismos como queer,  son dignos. Eso no significa que tengan relaciones sexuales o actúen de manera inapropiada.

Están aprendiendo de sí mismos e intentando vivir sinceramente en el mundo. Por favor, háganles saber que los aman, que desean ser parte de su proceso y un aliado en su vida diaria. Hagan incluso un esfuerzo mayor para incluirlos en las actividades, en los llamamientos del sacerdocio y en oportunidades para desarrollar su fortaleza espiritual. Su valiente sinceridad es un gran favor para ustedes en su mayordomía: de la misma manera en que no combinaríamos a los hombres y las mujeres jóvenes a la hora de dormir en los campamentos y excursiones, no pondríamos a todos los niños gais en la misma carpa.

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Lo mismo es verdad para los presidentes de misión: es de gran ayuda que los misioneros LGBT se autoidentifiquen en lugar de que se escondan, como se busca inspiración para asignar compañerismos. El punto es este: pasar tiempo con jóvenes heterosexuales toda su vida no vuelve heterosexuales a los jóvenes gais. Por supuesto, lo opuesto también es verdad: pasar tiempo con jóvenes gais no va a volver gais a los jóvenes heterosexuales. Lo que más necesitamos es centrarnos en que los jóvenes gais asistan a las actividades, sabiendo que son queridos y que no serán sometidos a crueldades e indiferencia.

Podría relatar historias desgarradoras sobre el impacto en las vidas de los jóvenes que fueron rechazados por sus amigos o líderes en La Iglesia. Esas cosas no deben suceder en La Iglesia de Jesucristo. Nos podríamos sentir incómodos o desinformados, pero esa no es excusa para no extender amor a todos aquellos en nuestra mayordomía.

El deseo de servir en una misión es tan apropiado y realista después de que tu hijo(a) anuncia su orientación sexual, como lo fue antes. En las generaciones pasadas, a menudo, los hombres y las mujeres no anunciaban su orientación sexual hasta que estaban en sus veinte años. Generalmente, debido a que lo anunciarían en una sociedad que los discriminaría y condenaría. El lado bueno de este tiempo fue que muchos sirvieron misiones y tuvieron experiencias que les enseñaron sobre la Expiación del Salvador. Podían distinguir las impresiones espirituales. Podían ver al Espíritu obrando en la vida de los demás. Además, podían trasladar esa madurez a su proceso de decisión.

Es maravilloso que exista mucha más actitud receptiva ahora que los jóvenes pueden pasar sinceramente por el proceso de aprender sobre sí mismos. Sin embargo, esto tuvo el efecto desafortunado de hacer que muchos decidan en sus años de preadolescencia o temprana adolescencia que no hay lugar para ellos en La Iglesia y que ahora, también, podrían ser abandonados.

Esto puede resultar en una escasa vida o base espiritual en un momento en que los jóvenes más lo necesitan. Muchos de nosotros somos testimonios vivos de que realmente hay un espacio en La Iglesia para las personas LGBTQ. Y, de manera más importante, existen oportunidades de madurar, crecer y reconfortarse en las cosas espirituales que están disponibles para todos, gais y heterosexuales, si se esfuerzan para acercarse a ellos y se les brinda apoyo en esta obra.

Artículo originalmente escrito por Tom Christofferson, extracto del libro “That We May Be One,” y publicado en ldsliving.com con el título “Gay Latter-day Saint Shares Heartfelt Message All Members Need to Read: “It Gets Better.”