Todos en algún momento de nuestras vidas atravesamos pérdidas que nos dejan con el corazón roto. Sin embargo, existe un tipo de pérdida del cual no se habla mucho y es el de los padres cuyos hijos, por decisión propia, se alejan emocionalmente o físicamente.
Aunque en esos casos no haya un funeral, el vacío se siente igual de real. Para muchos padres, es un duelo que permanece abierto por años, alimentado por la esperanza de una llamada, un mensaje o un inesperado reencuentro.
Con ese sentimiento en mente, la Santo de los Últimos Días, Aimee Benefield, compartió un poema profundamente personal en el que intenta poner en palabras el dolor de ver cómo una relación con un hijo parece «morir» mientras ambos se alejan.
A continuación presentamos una adaptación al español del poema de Amy que busca conservar la carga emocional de este dolor que muchos padres sienten.
Un tipo de «muerte» diferente

Inspirado en el poema de Aimee Benefield compartido en el portal de Called to Share.
«He perdido a seres queridos en las indeseadas garras de la muerte.
Eso ha dejado un profundo dolor en mi corazón, y durante muchos días y noches he llorado, anhelando un abrazo más, una conversación más, un “te quiero” más.
Pero, aunque ese sufrimiento es inmenso, palidece en comparación con otro tipo de muerte que he llegado a conocer.
La decisión de mi precioso hijo de alejarse y dejar morir nuestra relación.
Eso también llegó sin ser bienvenido y dejó un profundo dolor en mi corazón. Durante muchos días y noches he llorado, anhelando un abrazo más, una conversación más, un “te quiero” más.
Cuando un ser querido te es arrebatado por la muerte, aún conservas la esperanza de un feliz reencuentro. Esperas el día en que las puertas de la muerte se abran de par en par y las lágrimas de tristeza se conviertan en lágrimas de alegría.
El día en que, por fin, vuelvan a estar juntos para siempre y nunca más tengan que anhelar un abrazo más, una conversación más o un “te quiero” más.
Pero cuando tu precioso hijo decide dejar morir la relación que tiene contigo, es una clase diferente de muerte. Por decisión propia, deja tu corazón destrozado y adolorido, sin la promesa de un futuro reencuentro feliz.
Sin la esperanza de que las lágrimas de tristeza se conviertan en lágrimas de alegría. Sin la certeza de que esa separación tendrá un final. Sin la seguridad de que algún día recibirás ese abrazo más, esa conversación más o ese “te quiero” más.
Este dolor en mi corazón es más de lo que puedo soportar. Por eso, mi precioso hijo, confío en que tu amoroso Padre Celestial velará por ti dondequiera que vayas.
Y le entrego mi corazón roto y adolorido, permitiéndole sostenerme en Sus brazos hasta que tú vuelvas a estar en los míos. Y si ese tan anhelado día de reconciliación llega, verás que te he amado todo este tiempo.
Y si nunca regresas a los brazos de estos padres amorosos, aunque imperfectos, sé que estaré bien gracias a la gracia sanadora de Dios.
Pero quiero que sepas esto: jamás habrá otro TÚ que pueda ocupar el lugar tan especial que tienes en mi corazón. Así que vuelve a casa, mi precioso hijo; vuelve a mis brazos llenos de amor. Porque te he amado siempre y te amaré para siempre, pase lo que pase».
El duelo por un hijo que se aleja

Uno de los aspectos más difíciles del distanciamiento de padres e hijos es que este duelo rara vez encuentra comprensión social.
Desde fuera, muchos intentan rebajar el dolor con frases como «solo deja que el tiempo pase» o «sigue adelante y todo saldrá mejor», pero para un padre o una madre el vínculo con los hijos significa todo.
Las Escrituras muestran repetidamente que Dios mismo experimenta dolor cuando Sus hijos se alejan de Él. Uno de los ejemplos más impactantes de esto se comparte en una visión de Enoc, en la que el profeta contempla al Señor haciendo algo inesperado que no se menciona tanto en las Escrituras:
«Y aconteció que el Dios del cielo miró al resto del pueblo, y lloró, y Enoc dio testimonio de ello» (Moisés 7:28).
Ese pasaje nos muestra que el amor perfecto no elimina el sufrimiento cuando alguien elige apartarse. Esta perspectiva ofrece una idea poderosa: sentir tristeza por un hijo que se ha alejado es una manifestación natural del amor de un padre o madre.
Amar sin dejar de esperar

Para muchos padres que pasan por esa situación, la mayor prueba que atraviesan es pensar que todo está perdido y que no hay posibilidad de reconciliación. Sin embargo, ese es un vil pensamiento de Satanás para hacernos sentir que no hay marcha atrás.
Para aquellos padres que luchan con esos pensamientos anhelando una reconciliación con los hijos que se alejaron, puede que esta promesa del presidente Jeffrey R. Holland sea de gran ayuda:
«Testifico de la tranquilidad que les brindará al alma la reconciliación con Dios y con los demás si somos lo suficientemente mansos y valientes para procurarla».
El Salvador nunca deja de acompañar a Sus hijos en medio del dolor. Los padres adoloridos por el alejamiento de los hijos, pueden tener esperanza en una futura reconciliación si se esfuerzan con valentía por obtenerla.
Una reflexión para los padres que esperan

Si hoy vives el dolor de un hijo que se ha alejado, recuerda que el amor verdadero no siempre se mide por la cercanía física ni por la frecuencia del contacto.
A veces se manifiesta en la decisión silenciosa de seguir deseando el bien para el hijo que tomó otro camino. Y mientras llega el anhelado reencuentro, puedes elegir confiar en que Dios actúa donde nuestras fuerzas ya no alcanzan.
Puede que este momento sea tu tiempo para elegir seguir adelante con fe, permitiendo que el Señor sane las heridas mientras conservas la esperanza de que, algún día, un abrazo, una conversación o un sencillo «te quiero» vuelvan a ti. Y aun si esa reconciliación tarda o nunca llega, el amor genuino de un padre o una madre permanece como un testimonio de que algunos vínculos nunca dejan de existir en el corazón.
Fuente: Called to Share
