Por Mark Albright

Mi nombre es Lara Weston. He vivido en el barrio de Sunnyside Idaho durante 6 años y medio. Estoy muy emocionada de hablar con ustedes.

En 1 de Juan capítulo 4 versículo 19 dice “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero”. Jesús siempre me ha amado. Él me amó cuando vivía con él en el cielo antes de que yo naciera. Él creó este mundo hermoso para mí. Jesús me amaba a mí tanto que me dio una familia maravillosa. Yo amo a Jesús y a nuestro Padre Celestial porque me dieron abuelos y una familia que se preocupa por mí. Incluso la mejor mamá y el mejor papá.

Estoy agradecida de que Jesús me amó tanto que Él me dejó venir a la tierra con un cuerpo que tiene síndrome de Down. Yo solía pensar que era malo tener síndrome de Down. Pensé que se había ido cuando tuve mi cirugía a corazón abierto cuando tenía 2 años de edad. Ahora sé que es una bendición. Yo sé que si hago todo lo que puedo, voy a vivir con Jesucristo de nuevo.

 

Jesús me ama y aun cuando hago algo mal, Él quiere que yo esté con Él.

 

Durante un tiempo, cuando yo vivía en Las Vegas, viví en una casa hogar. Algunas de las cosas que hice, no fueron correctas y dejé de ir a la iglesia. Entonces escuché la mala noticia, que mi abuelo Floyd Weston había muerto. Mi abuelo me amaba y antes de morir me llamó y me preguntó si yo creía en Dios. Le dije: “Sí”, pero eso no era cierto. Yo realmente ya no creía en Dios. Siempre me sentí mal que no le dije a mi abuelo la verdad. No quería herir sus sentimientos. Oré pero nunca tuve una respuesta acerca de que Dios era real. Así que dejé de orar porque si había un Dios, ¿por qué se llevó a mi abuelo Weston?

 

Luego, después de que él murió, soñé con mi abuelo y yo le dije la verdad. Luego me enteré de que nuestro Padre Celestial y Jesucristo eran reales. Mi abuelo me dijo en mi sueño, “Está bien Lara; Quiero que me des un regalo especial. Cada vez que cantes en voz alta, entonces podré oírte y voy a saber que estás pensando en mí”.

 

En esta vida todos pasamos por momentos difíciles. Mi padre Stephen Weston fue presidente de misión en Australia. Australia no quería yo vaya porque tenía síndrome de Down. Mucha gente oró para que pudiera conseguir mi visa para poder ir con mi familia a la misión. Incluso cuando llegamos al aeropuerto en Los Ángeles, yo todavía no tenía mi visa. Todos en mi familia tenían uno. Jesús sabía que tenía que estar con mi familia ya que sólo estaba en la escuela secundaria. Luego hubo un milagro. Una señora voló desde Salt Lake City y justo antes que subiéramos al avión en California le entregó a mi padre mi visa.

 

Mientras estaba en Australia yo estaba en la escuela secundaria. Algunos de los niños se burlaban de mí y le dije a mi mamá que no volvería a esa escuela. Un día élder Matsamora, que era el asistente de mi padre en la misión, me oyó llorar. Él era un misionero muy grande de Nueva Zelanda. Él le dijo a mi mamá que él y su compañero me llevarían a la escuela al día siguiente. Su compañero también era un hombre muy grande.

 

Al día siguiente, los dos élderes me llevaron a mi escuela y caminaron por el pasillo conmigo hasta mi clase. Les dijeron a los niños que me había estado molestando que yo era su amiga y que deberían ser amables conmigo. Después de eso las cosas mejoraron. Creo que Jesús envió ayudantes especiales para ayudarme a volver a la escuela y me sintiera mejor mientras yo estaba allí. Ellos no me molestaron de nuevo.

 

Cuando mis padres se mudaron a Idaho Falls, me gustaba aquí. Cuando decidieron irse a Utah no quería irme y dejar mi nueva vida. Le pregunté a la familia Blacker en este barrio para que sean mis padres adoptivos temporalmente y ellos me aman y cuidan de mí. Ellos me ayudaron a volver a la iglesia. Sé que Jesús me ama. Es tan perfecto para mí estar en dos grandes familias. Los amo tanto y ellos me aman y cuidan de mí.

 

Lo más importante que tenemos es el amor. Jesucristo nos ama primero y para siempre. Yo lo amo.

 

Link: http://ldsmag.com/down-syndrome-member-shares-her-testimony%e2%80%8f/