Una pequeña casa en Salt Lake City, Utah, en marzo de 1925.
Ese fue el sencillo inicio, hace 100 años, de lo que se convertiría en una experiencia transformadora para cientos de generaciones futuras de misioneros Santos de los Últimos Días.
Aunque no contaban con las comodidades e instalaciones de nuestros días, el propósito era el mismo: fortalecer su testimonio de Jesucristo.
Origen: iluminarse unos a otros

No había instrucción en idiomas en este primer centro. Imagen: Deseret News Archive
Inspirados por la Escuela de los Profetas en la década de 1830, los misioneros se enseñaban unos a otros. Así, la llamada “Casa de la Misión de Salt Lake” comenzó a capacitar a unos 100 misioneros durante una semana.
¿Cuál era el itinerario de aquel primer centro de instrucción y luz?
De acuerdo con los archivos de la Iglesia, los nuevos misioneros ingresaban a la Casa de la Misión de Salt Lake los sábados por la mañana. Y, al igual que en nuestros días, recibían la visita de distintas Autoridades Generales.
Los domingos efectuaban una reunión sacramental de una hora, los lunes iban al templo para dos sesiones, que terminaban a las 4:15 p. m., y luego regresaban a la Casa de la Misión para continuar con su aprendizaje.

Ray Henry Zenger, un misionero, se prepara para partir hacia Brasil en 1936. Imagen: Church History Catalog
Gran parte del estudio de los misioneros en ese momento se centraba en aprender las lecciones misionales y los “rotafolios” con imágenes para complementar las lecciones.
Finalmente, los jueves salían y se dirigían al campo misional. Allí directamente aprendían el nuevo idioma.
Sin embargo, gracias a la diligente y exitosa labor de estos valientes élderes y hermanas, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días comenzó a crecer mundialmente.
Crecimiento: enseñanza de idiomas

Misioneros en la Casa de la Misión de Salt Lake en 1969. Imagen: Deseret News Archive
Y así también la capacitación misional. Fue entonces a fines de la década de 1950 que un desafío se convirtió en una inigualable oportunidad.
Las demoras en la obtención de visas para los misioneros que se dirigían a México dieron lugar a la idea de un centro de capacitación en idiomas.
De esta forma, en diciembre de 1961 se inauguró un programa de idiomas para misioneros en Brigham Young University (BYU), donde los misioneros aprendieron a hablar español y a compartir sus testimonios en una nueva lengua.
Su éxito —y la expansión de la obra misional por todo el mundo— permitió que, dos años después, la Primera Presidencia agregara también capacitación en portugués y alemán.
Así que tampoco se tardaría en ampliar para otros idiomas.

El presidente Kimball en la inauguración del nuevo centro de idiomas. Imagen: CCM de Provo
Para 1968, se iniciaron programas de capacitación en holandés, escandinavo, polinesio y lenguas orientales en Ricks College y el Church College de Hawaii.
Bautizado como “Centros de Aprendizaje de Idiomas”, en 1971, la Iglesia inició la construcción de un complejo propio para este programa. Inaugurado 5 años después, incluía 37 oficinas, 22 capillas, 290 aulas, 12 salas de observación y alojamiento para 2.974 misioneros.
Paralelamente, durante el mismo periodo, una antigua escuela primaria justo al norte del edificio de oficinas de la Iglesia en Salt Lake City fue elegida como la nueva Casa de la Misión de Salt Lake en 1971, debido a que la antigua no daba abasto a la masiva nueva generación de misioneros.
Expansión: centros internacionales

Misioneros entrando al CCM de México en 2013. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días
Tan grande fue el aumento de élderes y hermanas que, para 1977, se abrieron las primeras instalaciones internacionales de capacitación misionera en Sao Paulo, Brasil, y Hamilton, Nueva Zelanda.
Estos centros internacionales unificaban la formación en idiomas y doctrinal, así que la Iglesia, al año siguiente, también decidió que ambos programas en Estados Unidos se integren, lo que dio nacimiento al nombre de “Centro de Capacitación Misional” (CCM).
Así, después de más de 4 décadas, y con el crecimiento de la Iglesia a nivel internacional, se agregaron más idiomas al CCM de Provo y se han abierto más CCM en todo el mundo: un total de 11.
- CCM de Brasil en Sao Paulo.
- CCM de la República Democrática del Congo en Kinshasa.
- CCM de Inglaterra en Preston.
- CCM de Ghana en Accra.
- CCM de México en la Ciudad de México.
- CCM de Nueva Zelanda en Auckland.
- CCM de Perú en Lima.
- CCM de Filipinas en Manila.
- CCM de Provo, Utah.
- CCM de Sudáfrica en Johannesburgo.
- CCM de Tailandia en Bangkok.
Aunque la pandemia mundial de la COVID-19 obligó el cierre permanente de otros CCM en el mundo, esta fue también una oportunidad de innovación.

La tecnología expandió la formación misional. Créditos: Kristin Murphy, Deseret News
Así surgió la capacitación en línea, lo que permitió a los misioneros comenzar su preparación desde casa y compartir la experiencia con sus familias, fortaleciendo el hogar y reduciendo la nostalgia inicial de apartarse de sus seres queridos.
Aunque a lo largo de estos 100 años los CCM han atravesado una evolución notable respecto a aquella casita de Salt Lake City, su objetivo principal prevalece: enseñar a los misioneros a ser discípulos de Cristo, a sumergirse en la cultura de las personas a las que servirán y a predicar el evangelio en otro idioma.
Si eres un misionero retornado: ¡gracias! Gracias por tu sacrificio y dedicación para que la preparación misional que conocemos hoy cuente con estas comodidades en favor de la obra de salvación.
Y jamás olvides que, incluso con tu placa hoy guardada, siempre podrás compartir la luz del evangelio adonde vayas, tal como aprendiste en el CCM.
Fuente: Church News
Video relacionado
Watch on TikTok